Hace tiempo os hablé de una página para chuparse los dedos. El artículo se llamaba “Cosas que vosotros no sabéis y yo sí porque soy más guay II: La fiera literaria“.

Si no habéis probado ir a esa página y beberos todas las críticas, no sé a qué esperáis.

En “Cuadernos críticos” (otra página de críticas acompasadas, en este caso firmadas por Clandestino Menéndez, que es otro tipo cojonudo) he leído la que corresponde a la última novela de Dan Brown “El símbolo perdido”. Ahí he llegado a este párrafo, que me dan ganas de enmarcar:

“Ignora el hombre que, mediante ese truco, Mal´akh acaba de introducir en el edificio “un poderoso objeto”, “Un regalo para el único hombre en la Tierra que me puede ayudar a obtener lo que busco”, concluye en plan misterioso.

Este recurso a la última frase enigmática del malvado donde se deja entrever que está tramando algo fatal ya la ha usado Brown lo menos cuatro veces en lo que llevamos de novela. Me parece a mí una técnica algo burda, algo así como si para crear misterio otro novelista hiciera a su malvado ir mascullando a cada poco: “¡la que estoy preparando!, ¡la que voy a liar!, se va a armar gorda!” Parecido a los feriantes que a voz en grito intentar atraer gente a su tómbola: ¡Siempre toca, siempre toca, un pito o una pelota!

¡Pero qué hacéis en mi blog todavía! ¡Id corriendo a leer más!

De pequeño me encantaba disfrazarme. ¿Y a vosotros?

Se acerca el carnaval y ya he pensado mi disfraz. Creo que va a ser barato y genial, pero eso lo juzgaréis cuando ponga las fotos.

He encontrado una página en la que hay fotos antiguas de niños disfrazados de superhéroes. ¿Hay algo más bonito que ver a un niño orgulloso con su disfraz? ¡NO! Ni siquiera un erizo masticando una zanahoria.

La página se llama “Growing Up Heroes”, y podéis entrar haciendo clic en esta foto de ejemplo.

Lo siento mucho: he vuelto otra vez. Ya podré escribir como antes: diariamente, con el gusto que me caracteriza, y vestido con mi pijama de Spiderman.

Ya que habéis sido buenos en mi ausencia y no habéis aprovechado para dejarme todo esto lleno de orín, pintadas de quién quiere a quién, y colillas a medio aplastar, os recompensaré con las tres virtudes que me caracterizan porque no tengo más: cariño, humildad, y mi pijama de Spiderman.

Para los que os gustan las fotos, hoy os traigo el resumen de mi vida laboral, un psiquiátrico abandonado, una foto de empresa de la época a la que pertenezco mentalmente por derecho, una casa de sueño, dónde me veo yo dentro de cuarenta años, y un tipo que muestra su antirrobo.

Para los que os gusten los vídeos, éste que es cojonudo y me ha mandado mi chica:

Para quien le gusten los enlaces: una maravillosa página encargada de reunir fotos de papás de vacaciones.

Y para los que disfruten con la lectura, algo que escribió Antonio Machado:

La mano del piadoso nos quita siempre honor;
mas nunca ofende al damos su mano el lidiador.
Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;
escudo, espada y maza llevar bajo la frente
porque el valor honrado de todas armas viste:
no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.
Que la piqueta arruine, y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,
y que el buril burile, y que el cincel cincele,
la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste

Galería de la fabricación tradicional de chocolate en la fábrica de Mast Brothers en Nueva york:

Y otra sobre el oro:

Buenas. Ya habréis visto que no me prodigo mucho últimamente. Así va a ser durante al menos, una semana más. Tengo cosas que me quitan tiempo de recolectar las deliciosas chorradas que os traigo.

Así que ya sabéis: si tengo tiempo subiré algún post, pero si no, no es encabritéis. ¡Luego os enveneno la mente el doble y ya está!

Un abrazote.

¡Feliz año a todos!

A estas alturas del año confío en que hayáis tenido una feliz sacada y metida de año, y os hayan traído muchas cosas los reyes.

Quería aprovechar el primer post del año para hablar de mi perrita China. Como el resto de mis perros, era una “pinscher enana”.

Como podéis ver, la foto de arriba no corresponde a mi perrita, sino a un macho casi igual de guapo que ella, que tampoco es mío. He preferido no ponerme a buscar fotos de mi China porque eso me pondría muy triste: ella murió el último día del 2009.

Cuando las perritas de mis padres tienen el celo, como también tienen dos machotes, me bajan aquí a las damas para separarlas de la lujuria. Coincide que en mi casa también está la ya famosa Gati Patati. Las perras son madre e hija, y la madre es una butifarra de 15 años con muchos achaques. Los perros tienen el celo hasta el final, no tienen la menopausia. La madre cuando sale a la calle se presenta a todos los perrillos, pero estos ya no la miran ni por curiosidad científica; es viejecita, gorda, y tiene la lengua colgando a un lado siempre. Qué pena ver a esa viejecita en flor mientras observa cómo bambolea el culillo de un precioso schnauzer alejándose. Cuando era jóven le salían novios. Ahora ya no la salen ni curiosos. Por alguna razón, la China no buscaba sexo perruno ni cuando estaba en celo. ¡Por cierto! Fíjate qué bien le vendría a la viejecita un meneíto con el apuesto Argos.

El caso es que la madre (Romi se llama) es gilipollas. Cuando estaban en mi casa, la gata, cual macarra de Fuenlabrada, se aprovechaba de que las perritas también eran pequeñas, y esperaba a coger a la viejecilla sola para salirle al paso, bufarla y enseñarle los dientes. Mi perra, muy gallarda, se quedaba mirando a la gata como la vaca que mira al tren. Viendo que su estrategia de acojone no surtía efecto, la gata de natural cariñoso se lanzaba a la acción, y le metía cuatro o cinco collejas relámpago a la perra. Ésta con su cara de sorprendida se quedaba en el mismo sitio, y me miraba como preguntando “no me estoy enterando. ¿Qué se supone que tengo que hacer?”. Normalmente la gata se quedaba mirándola con la zarpa preparada, y la vieja daba media vuelta. A menos que la China se diese cuenta.

La china siempre ha sido la protectora de todos, y tenía los ovarios muy bien puestos. Por eso cuando atacaban a su madre ella iba al rescate, y le metía unos ladridos a la Gata que la acojonaban y le dejaban el paso libre a la vieja. Siempre era así: en la calle y donde fuese, protegía a su mamá (que de jóven ya era boba del todo) y a los suyos.

Hace tiempo mis padres se compraron unas tortugas. No galápagos, cuidao; hermosas tortugas de tierra. Las tortugas necesitan que les dé cierta cantidad de sol en verano para producir una vitamina (o no sé cuálo) porque si no, se mueren. Además también les gusta andar, claro, así que mis padres en verano las llevaban a el patio de una casa que tienen para que se diesen sus voltios de paseo y les diese el solecito. Un día, cuando ya empezó el frío, me contó mi madre que les daba pena que tuviesen que estar en el terrario al ser invierno, así que las dejaron en el suelo de casa. Me contó también que los animales no les hacían nada: las habían dado dos olisqueadas por cumplir el parte y ya no las habían molestado más. ¡Qué bien que pudiesen pasear tranquilamente! Principalmente a una de las tortugas (“Paquito”) le encantaba pasear y subirse a sitios a los que una tortuga del Señor no debería intentar subirse.

A los pocos días me contó que la China llevaba noches sin dormir: se dedicaba durante todo el día a acompañar a la tortuga por la casa. Mi madre me contó que cuando la tortuga iba a meterse por un sitio peligroso, la perra se ponía delante y le ladraba flojito. La tortuga pasaba de su culo y seguía su aventura hasta que, como era de esperar, volcaba y se quedaba bocaarriba. Entonces la China iba a mi madre y se ponía a llorar. Luego la llevaba hasta la tortuga tumbada sobre su caparazón, y se callaba cuando mi madre la ponía otra vez en posición de seguir haciendo el montañero. La primera vez a mi madre la sorprendió, pero luego tuvo que repetir un montón de veces la operación: la perrita estaba tan preocupada de que la tortuga volcase o se quedase atascada que no dormía por seguirla y protegerla.

Se puso enferma por primera vez en su vida a finales del 2009. Nos dijeron que no había nada que hacer, salvo alimentarla, cuidarla, y esperar a que la enfermedad le provocase dolores. Después de unas cuántas noches sin dormir de mi madre, mi perrita empeoró mucho el 31 de diciembre de 2009. Esa mañana tuvimos que ir mi madre y yo al veterinario de urgencias mientras escuchábamos su respiración difícil y sus ojos de terror. Estuvimos todo el rato con ella mientras la ponían oxígeno, y luego le daban las dos inyecciones que acabarían con su vida. No dejamos de hacerla mimos, decirle cosas bonitas y darle besos hasta que dejó de respirar.

Esto se dice muy fácil y ocupa sólo un párrafo, pero si os gustan los animales os podéis imaginar que la cosa no fue tan fácil ni tan aséptica como describirla. Los detalles os los podréis imaginar. Para los que sí lo sepáis os diré que, excepto en esas últimas semanas, la perra vivió feliz y como una reina toda su vida en una familia que la quería mucho y la va a querer siempre.

El 2009 ha sido muy raro y se ha despedido con un machetazo, pero algo me dice que el 2010 va a ser cojonudo.

Bienvenidos de nuevo a todos.

“Como todos los soñadores, confundo desencanto con verdad “. (Jean Paul Sartre)

Estoy preparando la casita para que esta noche celebremos aquí la cena de Nochebuena. No tenía excusa para seguir alargando el doloroso momento de borrar las pintadas que hicísteis en mi pared en mi cumpleaños. Entre frotis y frotis pañero-paredíl me he acordado de esa noche, y de vosotros pintando cada dibujo, pero tarde o temprano tenía que hacerlo.

Sólo quería aprovechar la página para desearos de corazón a todos que paséis una feliz noche entre vuestra gente, y pidais por las familias a las que estas fechas las sillas vacías les ponen tristes, y por lo que están solos, encarcelados o enfermos. Entre tanto lío de preparar la casa, la comida y los polvorones se nos puede olvidar lo importante que es poder reunirnos con los seres queridos, así que podéis aprovechar el único rato de tranquilidad para reflexionar: en el water.

Algunos de vosotros tenéis un familiar capullo que parece que está deseando joder la cena: por ellos irá mi brindis esta noche, pero lo tendré que anunciar en voz bajita, porque yo también tengo ese problema y los familiares capullos son muy suspicaces.

Un abrazo muy fuerte a todos.

El artista Dave Devries ha tomado dibujos de monstruos hechos por niños pequeños y los ha pintado de una manera profesional. En total son treinta y seis dibujos. Muy curioso:

Hoy he estado hablando con África sobre su perrete Argos. Por lo visto están buscándole una pareja, y como él se lo merece, están intentando buscar a una perrita de su mismo color para que los niños salgan igual o todavía más bonitos que él. Las que han visto hasta ahora eran un poco ceporrillas. Yo la entiendo y con toda probabilidad haría lo mismo, pero de camino al trabajo me he parado a pensar… ¡pobre hombre! Imagináos que vuestra madre se encargase de elegiros una pareja pensando en cómo saldrán vuestros hijos, y que os impidiese estar con ninguna otra persona. Apuesto a que el pobre Argos si pudiera elegir, le valdría con la caniche despeluchada y vieja que tiene una vecina (con que sea un poco cariñosa…) ¡Dadle una alegría a Argos! :)

Yo, claro, he hablado de la Gati. Y como llevaba varios días sin escribir, para compensar traigo este otro dibujo que he encontrado hoy. Real como la vida misma:

¡Qué bonito!

Ooooooooooooooooooh.

Lo curioso de la foto es que no está photoshopeada: esta chica se ha currado un disfraz superchulo de Mamá Noel, pero en blanco y negro. Si agrandáis la fotografía pinchando sobre ella (que na más que os gusta de pinchál y de pinchál) veréis como prueba que un poco de maquillaje se le ha desprendido del cuello dejando a la vista su color carne. Qué bonito era el color carne. ¿Vosotros usábais el “color carne” de pequeños? No se parecía mucho a la carne y el nombre era truculento (no era “color piel”), pero cualquiera os entendía si lo decíais. ¿Por qué llevo décadas sin referirme a ese color como “color carne”?¿Quién me enseñaría que está mal?

Anda que no tiene que molar ir paseando en blanco y negro en un mundo de colores como el nuestro. ¡Ole!

Un terrible mal asola las meninges de nuestra generación. Hoy la amenaza no es como antaño una guerra mundial, ni la peste, ni la hambruna: es el impulso incontrolable de todo el mundo de poner morritos al hacerse una puta foto.

¡Oh sí! Ahora estás requetesexy, pazguata.

Nadie sabe de dónde coño ha salido la costumbre de hacerse fotitos para el facebook poniendo morros y haciendo el símbolo de la victoria, pero sí tenemos la teoría de que el puto Mordor tiene algo que ver en la creación. Chonis y tontolpijos de todo el mundo se preparan para una foto ladeando la cabeza, poniendo boquita piñonera entre beso sexy y “pon-la-boca-así-como-si-fueras-a-beber”, y engarzando los dedos como raperos de tres al cuarto. Es una puta chorrada de pose, y el único motivo de que se extienda es la imitación. No, no mejora la percepción de que tenemos unos labios más carnosos. Para eso hay otras poses mucho mejores. Obsérvese lo que digo:

El apocalipsis va llegaaaar.

Esta pose oligofrénica se llama “cara de pato”, y en inglés “duck-face”. Antes era relativamente frecuente, pero ahora hay millones de personas que aparecen en TODAS las fotos con exáctamente la misma cara en el mismo ángulo que saben que les favorece. Por ejemplo, ésta chica.

Gente que no ha escuchado rap en su vida sienten en la fuerza prostática del universo que todo lo controla la insaciable ansia de poner los deditos haciendo una uve doble como si fuesen Tupac:

"Te guste o no te guste / te mole o no te mole / tus hijos estudiarán mis rimas en el cole" (Frank T)

Me gustaría deciros que yo soy inmune a estas patochadas. ¡No! ¡No lo soy! Lo reconozco, compañeros y amigos de EsrarodorarsE: yo también me he hecho fotos con esa pose de capullo. Os predica un converso. Sin ir más lejos el otro día estaba cenando con un grupo de gente entre los que se encontraba la gran Lidia. Era en el Maceiras y al lado de la puerta, así que los que conozcáis el sitio sabréis que la cena fue como Salvar al soldado Ryan pero picando pulpo. El caso es que Lidia se acercó a mí para que nos hiciésemos una foto juntos. ¿Qué cara puse yo? Sí, amigos. No estoy orgulloso de ello, pero puse la cara de pato tolay. Mi adrenalina me dice que también puse deditos en V, pero me gusta pensar que no fue así. En mi desagravio tengo que decir que le pedí a Lidia que repitiese la foto porque me di cuenta de que había salido con esa mierda de pose de alfeñique feisbuquero. La repetimos y ahora salí normal. Bueno, normal con una cara como la mía ya sabéis cómo es… pero por lo menos tuve la dignidad de repetir la foto.

"Bienvenudu a nuestru mundu, UsrurudurursU"

Hay muchos sitios dedicados a recopilar pruebas de este mal acechante. Una de ellas es “Antiduckface.com“, donde podréis ver a muchahitas y muchachitos poniendo estas poses mientras hacéis exámen de conciencia.

Os conmino, amigos míos, a que dejéis de poner esta carita. Con lo guapos que sois todos, siempre es muchísimo mejor que salgáis sonriendo. De verdad, dejad de hacer esa cara. No, no estoy llorando por eso, es que se me ha metido algo en el ojo. Por favor, pensad en lo que os he dicho la próxima vez que vayáis a salir en una foto de grupo: habrá gente que ponga esa carita para subirla junto con otras treinta iguales al Twitter o al puñetero Facebook. En esos momentos compadecedles, sonreid, y relajaos. Cuando te haces una foto con un capullo, pareces otro capullo. Si sonreis, el hechizo se rompe.

¡No pongáis cara de pato!

Ellas no leen EsrarodorarsE y arderán en el infierno.

Desde el primer viaje a la luna, los astronautas se dieron cuenta de un fenómeno extraño: con las ventanas completamente cerradas y cerrando los ojos, veían pequeños destellos de luz. Casi les pasó desapercibido pero por lo visto fue Buzz Aldrin el que comentó que le había pasado esto. Los otros tripulantes coincidían. A partir de entonces en todas las misiones espaciales, los astronautas pueden ver esas luces incluso cuando cierran los ojos.

No es muy romántica la explicación: lo que están viendo son pequeñas partículas radioactivas que atraviesan el universo a más de 30 millones de kilómetros por hora. Protones que perforan el párpado, pasan por el cristalino, y al atravesar la retina, ésta los confunde por un estímulo sensorial creando esos fogonazos que ven los astronautas.

Sí, es una putada. Una estadística enorme de astronautas ha sufrido con el tiempo las consecuencias de la exposición a este fenómeno, sufriendo de cataratas. Las llaman las cataratas espaciales.

Los científicos afirman que esas partículas proceden de una estrella que estaba a 8,500 años luz cuando explotó, y por lo visto la explosión de dicha estrella quedó registrada por los chinos sobre el año 185 d.C.

La noticia entera está aquí. Aprovecho para recomendaros la fuente de esta noticia,  el interesantísimo blog de curiosidades y noticias científicas Fogonazos.

Las paredes son naranja. Estoy en una fiesta. Todo el mundo está riéndose por algo gracioso que acabo de decir, pero no recuerdo qué es. A mí me gusta que se estén riendo. Suena una canción que me gusta, pero no reconozco. Tampoco reconozco muchas de las caras que veo. Veo a mi gata, y entonces me alegro de estar en casa.
Una de las caras que no reconozco se acerca con una copa. Está un poco borracho. Me dice algo sobre el colegio, y que seremos amigos para siempre. Yo le digo que me alegra muchísimo verle ahí. Él me señala con un gesto de cabeza a una chica que se contonea bebiendo de una copa. La chica me mira a mí. Me sonríe. La sonrío. Pienso en que hace mucho tiempo que la deseo, y que esa mirada que nadie ha visto y yo sí, deja ver que a ella también le pasa.

Alguien trastabillea bailando y está a punto de tirar mi televisión. Es una televisión enorme, y entonces me doy cuenta de que yo estoy detrás de unas butacas que he preparado. Y ahí está el clic. Algo es extraño e irreal. “Yo no tengo esa televisión” le digo a mi supuesto amigo de la infancia. Se ríe. Va vestido de naranja. Todos los demás también. Estoy en un sueño y lo sé. Sonrío.

He tenido muchos sueños lúcidos; los suficientes para saber que lo más normal es que me despierte a los pocos segundos. He hecho de todo en mi sueños, pero entonces se me ocurre un experimento. Me subo a la silla, nervioso.

- Escuchad – grito -.Esto es un sueño. Sois personajes de un sueño.

Muchos ríen, la chica que me miraba deseosa me está haciendo señas de que deje de decir tonterías y me escape con ella. Yo no la hago caso porque sé que no es real. La música ya no suena.

- Esta es mi casa. Creéis que estáis vivos, pero no sois nadie. ¡Mirad!

Voy hasta mi televisión atravesando la multitud todo lo rápido que puedo. Mi casa es más grande, e intento reconocer las caras que veo en el camino. De un puñetazo destrozo la pantalla. De hecho la atravieso.

- Mi brazo está bien – grito, y enseño el brazo intacto.

Luego voy a la ventana y de un cabezazo la rompo. Los cristales me caen en la cabeza, pero no me hacen nada. Todos están blancos. Empiezan a creérselo.

- No haría eso si esto no fuese un sueño. No tengo mucho tiempo, porque me voy a despertar, y entonces desapareceréis-mientras lo digo, ellos se miran, cuchichean. Alguien llora, creo que es la chica-. Me da igual si me creéis o no. Sólo os pido que os concentréis en el número trece. Todos sabéis que sois supersticioso, y el número trece se asocia a la superstición. Por favor – grito, aunque ahora todos guardan silencio- cuando os despertéis en vuestras casas, llamadme enseguida y decidme “trece”. Vosotros no sois reales, pero si sois vosotros mismos soñando, habremos demostrado algo muy importante – señalo a un compañero de trabajo, pero no recuerdo quién es. Juraría que era J.L.- Tú trabajas conmigo y nos veremos mañana. Dímelo. Apúntalo cuando despiertes y dímelo cuando me veas en el trabajo. Gritad “¡Trece!”.

Algunos gritan “Trece” conmigo. Luego van uniéndose voces. Todos acabamos gritando “Trece”. Las caras están angustiadas. La televisión ha vuelto a estar como nueva y aparece la imágen de una película, pero yo sé que el tiempo es valioso y sigo gritando el número.Todos lo hacen. Pierdo la consciencia y las imágenes se van por el desagüe. Me despierto con las voces todavía resonando en la memoria. Intento recordar quién era la chica. Sonrío al saberlo, pero lo olvido un momento después.

Esto me pasó hace casi un año y es una historia completamente real (bueno, un sueño completamente real que tuve). Aquél día, nadie me llamó para decirme nada que tuviese ni remota relación con el trece. Nada pasó extraordinario aquél día; quiero decir, aparte de ver las caras de personajes de un sueño que toman consciencia de que no existen más que en mi cabeza.

Hace mucho tiempo que vengo fijándome en las ruedas del metro. Desde la primera vez que me fijé en ellas me han recordado a un personaje.

El otro día decidí traéroslas para ver si tengo razón o no con el parecido. La gente me miró como si fuese un oligofrénico cuando me puse de cuclillas a hacer fotos a las ruedas, pero si me importase que la gente me respetase, no tendría un blog.

La foto que saqué es ésta:

Ruedas del vagón de metro de la línea 6.

Ruedas del vagón de metro de la línea 6.

¿Esas ruedas no os recuerdan nada? A mí me recordaron a una vieja tortuga a punto de estornudar. Se llamaba Morla y salía aconsejando a Atreyu en “La historia interminable” (aunque ole sus caparazones con los consejos que le daba). Estaba constipada y estornudaba todo el rato:

La tortuga de la rueda tiene los ojos entrecerrados y la boca abierta para estornudar, pero no he encontrado ninguna foto de la tortuga con la misma posición. Aquellos que no seáis unos niñatos o unos carrocillas, recordaréis la escena y me daréis la razón ¡al menos por una vez! :)

A partir de ahora cuando miréis las ruedas, veréis como yo, a Morla, la tortuga.

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