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Hola amigos. Vengo consternao.
Cuando he salido del trabajo y me he metido en el metro me he quedado mirando un cartel de los de la nueva campaña de ahorro energético, me daban ganas de gastar mucho más de lo que gasto por joder al creativo que ha hecho esa mierda.
Seguro que los habéis visto. La foto es ésta (http://www.elreydelacreacion.com/images/galeria/s3.jpg) y a la derecha hay una fotografía de una fachada plagada de aires acondicionados. Arriba a la izquierda está escrito “El aire a tope” y continúa abajo “y tu tan fresquito” (sí, sin el acento en la u y sin puntos que valgan). A la derecha hay otra frase “24º la temperatura ideal”. No sé si esta última frase es literal porque no he encontrado en internet el cartel de marras.

Bien. Empecemos, que tiene tela. Pones un cartel de 3 x 2,5 m de una tipa que está con una cara de felicidad cojonuda enchufada al chorro de aire frío. Yo no entiendo de fotografía, pero por la calidad que tiene y cómo es, tiene toda la pinta de que la tipa es la novia o la hermana del cerebrín al que se le ocurrió la campaña.

Pero pasando de la calidad pésima de fotografía la redacción (ni el acento en la u ni el punto al final de las frases, y una gramática que da algo de escalofríos), está la frase del final. “Piensa en el futuro. Ahorra energía”. Me cago en la puta. ¿Hay alguien que cobra por poner eso? Quiero decir, que si en Word seleccionas “Nuevo-Campaña-Energía”, el clip te dice “Está usted concienciando a la gente? Le sugiero que ponga “Piensa en el futuro, ahorra energía”.

Que el anuncio me parece carente de calidad, originalidad y la más mínima picardía no es tan grave. Lo grave es que alguien pone una imagen gigante de una tipa enchufada al chorro de aire acondicionado en un andén de tren, con el calor, el sofoco, el aire muerto y con los rodalazos en la sobaca mora de ir andando por la calle… pues uno al leer “El aire a tope y tú tan fresquito” y ver a la chica, asiente y piensa “Joder, ahí le has dado”. Para vender aires acondicionados cojonudo. Para decirle a la gente que no los use… manda cojones. Y el retintín de la frasecilla suena a como cuando tu madre te dice “No te levantes eh? Yo aquí trabajando como una mula y tú ahí sentado tocándote los cojones”. “El aire a tope y tú tan fresco”. Ese retintín con esa frase y en el metro de Madrid, es como poner en el desierto a 50ºC una fotografía de una cocacola con pedacitos de hielo y gotas de condensación y escribir debajo “Te coges la cocacola fresquita y te la bebes de un trago”. Para luego añadir abajo “No bebas cosas frias de golpe, que te sentarán mal”.

Aparte de eso está lo de los grados. El instituto depende del medio ambiente. “24º la temperatura ideal” es una mierda de frase, amigos del ministerio. En todo caso añadan la C de centígrados, y si tienen que ponerlo con números en lugar de con letras para que sea más claro, escriban algo como “24 grados es la temperatura ideal”. Cojones.

Además, para qué coño ponen de ejemplo de derrochadora a la chica ésta, ¡si está la pobre pegada al aire para no desperdiciarlo! Poned una habitación vacía con unas plantas con hielo en las hojas, o yo que sé. Aparte de para que le luzca el pelo a la niña, no le veo el sentido tampoco.

Pues eso. Yo estaba concienciado con la causa, pero sólo por joder a la gente que me pide algo tan mal pedido, me dan ganas de poner el aire acondicionado y una linterna encendida dentro de la nevera para que estén todavía más fresquitos y bien iluminados los alimentos. ¡Hala!

Julio dejó la mochila en el suelo pero fuera del arcén. Respiró fuerte. Podía ver un buen tramo de carretera, y no veía ni oía que viniese nadie. Era el momento. Eso quería creer.

Se concentró en la piedra que había dejado el día anterior como marca. Sujetó el talismán que llevaba al cuello tal como le habían dicho y avanzó un paso más. Solo quedaban dos.

Cerca, al otro lado de la piedra, se podía ver el dorso del cartel que avisaba a los conductores de que estaban saliendo de la ciudad. Recordó las palabras que le dijo el viejo la última vez que vio el frontal del cartel. “Hasta que te mueras”.

No pensó en nada. Dió otro paso y agarró el talismán con más fuerza. La bruja le había dicho que era importante cruzar el umbral con un paso firme. Que el talismán no lo era todo.

Miró a su alrededor otra vez. Estaba en medio de la nada. Todo era polvo naranja, hierba quemada, piedras,
la piedra
asfalto y carretera.

Resopló por última vez y sin pensarlo empezó a rezar en voz baja. Quizá todo había acabado. Quizá podría volver a casa. La piedra estaba tan cerca que podría apartarla de una patada. Quizá no tuviese que volver a ver esa piedra ni ese cartel, o quizá no podría verlos nunca más. Levantó la pierna para dar una zancada. Julio tragó saliva que sabía a óxido.
Dió el último paso.

Lo primero era el ruido insoportable (“un chillido como metálico” era lo que le había dicho a la bruja, y ella había asentido). Julio intentó seguir rezando aunque ya no se oyese a sí mismo. Luego venía la ceguera. Luego la asfixia. Luego el calor pegajoso de su propia orina manchando el pantalón.

Julio soltó el talismán para taparse los oídos pero el ruido ya estaba dentro de su cabeza. La presión de los ojos crecía y la garganta se le cerró para no dejar pasar más que un hilo de aire que emitía un silbido que él ahora no podía oir.

Julio se tumbó y como pudo fue rodando sin saber muy bien si iba en la dirección correcta. Cuando llegó al umbral se desmayó.

Cuando se despertó estaba agotado. Desde donde estaba podría alcanzar la piedra con la mano, pero no quería hacerlo.

No podía.

Se puso de pie y miró la mancha que había dejado su orina en el suelo. Veinte centrímetros dentro de la ciudad prohibida.
Julio se puso de pie como pudo y se quitó el polvo a manotazos.

Se arrancó el talismán del cuello y lo tiró al otro lado. Eso tampoco servía.

La maldición era mucho más fuerte.

¡Anda! Así que puedo hacer refritos ¡y nadie se me abalanza ni me llama tio mierda! Pues os pongo más, que salen gratis. Tranquilos, que no abusaré de ello. Tienen mucho tiempo y no los he corregido. Si os parecen unas chorradas impresionantes disculpadme y esperad, que ya no pondré más refritos (a no ser que me lo pidáis, y entonces aprovecharé para colarlos sin inmutarme lo más mínimo). Pero para aquellos a los que pueda entretener, van unos pocos que releyéndolos me han gustado. Que los disfrutéis con salud. Para los que no lo queráis leer, em… bueno… em… pues que lo importante es tener salud.

Serial Killer

Por fin. Por fin lo había hecho, y no había sido tan dificil. Lo único que le sorprendió fue que el gatillo estaba mucho más duro de lo que había pensado. Tuvo suerte acercándose a la víctima por la espalda;hubiese sido ridículo que ese pobre viejo le hubiese visto apretar el gatillo, despues relajar el dedo, mirar el revolver, y volver a apretar de nuevo, ahora con dos dedos. Todo estaba saliendo según lo previsto.
La primera víctima, pensó Arnaldo con orgullo. Le miró ahí quieto, en el suelo, como si tratase de impedir que se le viniese el suelo encima.
Bien, no ha sido tan difícil, pero joder, los gatillos no son como en las películas. Allí parece que la misma fábrica hace los gatillos de revólveres, y de pistolas de agua.
Arnaldo se sentó, mirándole, y pensó en su brillante primer paso como asesino en serie. Que se prepare el mundo, pensaba. Pero ahora tenía que escribir la nota que encontrarían los policías. Ya se imaginaba con una sonrisa, como iban a pasársela unos a otros, diagnosticando que se trataba sin duda de un asesino implacable, eficiente, frío. Una nota concisa, inteligente, sagaz.
El papel en blanco. Lo tanteó un par de veces con las manos enguantadas. No se le ocurría nada.
“Ya sé-pensó-, les pondré Ahora empieza el juego cabrones, el infierno ha desatado a su bestia del infierno.. no joder no, eso es una mierda. Van a pensar que soy imbecil, por repetir la palabra”
Miró al cadaver para inspirarse. Sí, allí estaba quieto. Él había acabado con la vida de ese hombre, y… ni una sola buena idea venía a su cabeza.
Pensó que aún tenía tiempo, nadie le echaría de menos, había calculado cada detalle, y faltaban dos horas para que alguien comenzase a preguntarse dónde estaría el viejo. “Hola teniente, como vé… ” Pf, vaya mierda. No tenía ni idea de si teniente era menos que sargento, o capitán. Y si asi fuese, el hombre pensaría que era algo personal. No no, tiene que ocurrírseme algo mejor.
“Jajajajaja. Asustados ¿eh?” Pero que clase de mierda era esa!! El gilipollas que leyese esa carta habría visto cinco cadáveres antes de desayunar. Puf. Debería sonar como una bestia calculadora. “No me ha costado nada”.No no, parecería que está presumiendo de una redacción de colegio. “El muy cabrón está mejor muerto”. No, probablemente eso sonaría inmaduro. “Si quereis adivinar quien soy… teneis que…” No no no no mierda! Sonaría a cómic! “Los pájaros han volado, y la cabeza de éste hombre tambien”. Bah, eso no servía para nada.”Antes este hombre tenía una mata de pelo, y lo he dejado calvo” Joder. Estaba empezando a desvariar.
Quedaba cada vez menos tiempo. Pero como iba a irse sin siquiera dejar una nota; parecería un aficionado, y bueno, en realidad lo era, pero tenía serias aspiraciones.
“No era nada personal” Bah.”Querida policía: Mi próximo asesinato será peor”. No, no. Lo de “Querida..pfff. Y además no quedaba claro si se referia a peor por estar peor hecho.
Entonces Arnaldo se dió cuenta de que el haber violado el cadáver le daba a todos los casos un toque macabro. Se acercó al viejo, lo miró.
Aquel hombre no le gustaba nada, además tenía una ropa espantosa. Pero un asesino en serie tenía que hacer, lo que un asesino en serie tenía que hacer. Se pondría protección, eso sí. A saber si ese viejo le podía pegar ladillas o algo peor.
Alguien golpeó con los nudillos la puerta.
Arnaldo tuvo solo tiempo para garabatear una frase, y salir por la ventana tal como había previsto.”Se van a quedar helados”, pensaba mientras caminaba sin prisas para no despertar sospechas.
Cuando estaba llegando a su casa, el comisario recibió una llamada.

….
El comisario miraba a través de la cortina de plástico, los pálidos rostros de los demás policías. En menor o mayor medida, a todos les ponía nerviosos la enfermiza luz de los fluorescentes.
El teléfono sonó.
-¿Señor? Soy Martínez, estamos en el asesinato de carabanchel, y parece claramente un trece veintisiete.
-Espero que no sea un trece veintisiete, Martínez, porque no creo que nadie haya hecho publicidad de un partido político en pelotas. El asesinato es el catorce, y depende de cómo se haya producido , tiene distintos números.
-Sí sí, señor, es verdad, fue un lapsus. Quería decir que fue un… catorce emmm catorce veintisiete.
-¿¿Le electrocutaron los genitales hasta la muerte??
-Perdone, llevo poco tiempo en el cuerpo. Creo que era un catorce… catorce treinta.
-¿¿Le vistieron de mapache antes de matarle??Siempre los putos ecologístas.
-No señor, bueno, para que me entienda, le pegaron un tiro en la nuca. Junto a su cadaver hemos leído una nota señor.¿ Se la leo?
-Proceda.
-Em, la nota está muy mal escrita, supongo que será para despistar.
-Joder Martínez. Venga, proceda.
-Pues en la carta señor-Martínez carraspeó-, solo viene una sola frase: “Ahí lo dejo virgen” y debajo, una flecha señalaba en la dirección en la que estaba el cadaver.
-Querrá despistarnos haciéndose pasar por gilipollas.
-Si señor. Parece tratarse de un veintisiete cuarenta y cinco.
El comisario suspiró.
-Mire Martínez, solo para que aprenda, voy a ir a ese apartamento. Y como no vea un veintisiete cuarenta y cinco, es decir, un niño frotándose con alguna estatua del caudillo, lo va a pasar realmente mal.
El comisario colgó, y miró la luz fluorescente.
Era una ciudad difícil.

El mal día de Platón

Arian se acercó al despacho de su maestro, Platón. En él se adentró corriendo la cortina, y allí estaba el maestro, descansando. Era demasiado pronto, pero mejor acabar con el asunto cuanto antes.
-Buenos días, maestro. Que me desapunte, que me borre.
Platón se incorporó en la cama, contestó buenos días ( en perfecto griego clásico, claro ), y miró por la ventana. Despues miró a su pupilo, y pareció entender.
-Es por lo de ayer, ¿verdad?-dijo Platón mirando su bigote.
Platón pasaba horas y horas mirando su bigote, pero en esta ocasión había algo de tétrico en ello. Quizá las patillas. Le hizo un gesto a Arian, y este se sentó en el extremo opuesto de la cama, donde habían estado reposando los pies del maestro.
-Sí, maestro, lo de ayer fue lo último.
-Mira muchacho, quizá ayer me pillaste en un mal día, y yo te dije alguna cosa carente de sentido. No lo sé, estaba algo bebido.
Con los ojos quemados de lágrimas, el apuesto Arian le miró reflejando su rabia.
-¡Algo carente de sentido! Pues le voy a aclarar la memoria. Ayer usted estaba apoyado en la roca esa que usa para filosofar, y pensativo y tal. Yo me acerqué y le pregunté en perfecto griego clásico contemporaneo:”Maestro, si es verdad que los hombres tendemos al alma primitiva, es la vida una evolución contraria?”.
-Sí eso lo recuerdo-dijo Platón-. Pero mis recuerdos están borrosos, no recuerdo qué te contesté.
-Me dijo usted que me fuese a tocarle la polla al minotauro. Que ya tenía bastante con sus movidas mentales. Y le recuerdo que cuando lo hizo usted escupió un esputo verde al suelo, y mientras me enseñó sus genitales, maestro. ¡Sus genitales! Además grandilocuentemente. Pero lo peor es que me dijo usted que pensase en ello, y volvió a darse la vuelta.
Platón miró su bigote. Se palpó las patillas.
-Emmm. Seguro que en ello había algo de verdad. El infinito está contenido en mi esputo. Es la cumbre del azar de mi volada alma penitente la que me permitió con mi boca dar ese esputo al mundo. Sacar lo peor de mí en … consonancia con… pues vamos, que fue el universo el que esputó por mí.
-Entonces-preguntó Arian-¿El universo esputa?
-Más que las gallinas, hijo mío. Más que las gallinas.
Arian intento mirar su bigote tal como les había enseñado el maestro. Pensó en esa verdad.
Se alegraba de haber encontrado de nuevo su fe.

La marca

- Es una marca de nacimiento-dije.
Ella entonces perdió el interés y me dio la espalda en la cama, para intentar dormir, supongo.
-Vaya.
Solo dijo eso, y al rato pareció dormirse.
Yo me levanté e hice el desayuno, todo lo rápido y silencioso que pude ser. No quería estar allí cuando ella se despertase. Si le daba tiempo, podía pararse a pensar en mí.
Podría darse cuenta de que su marca de nacimiento y la mía eran idénticas. Podía empezar a hacer preguntas.
Así que me fui. Por fin la había conocido, y con eso me bastaba.

Sueño

David se despertó con su propio grito: “¡No!”.
No era un grito como el de las películas, no se movió violentamente, ni se zarandeó. Sólo se despertó gritando esa palabra, y con la vista fija tanteó con su torpe consciencia la oscuridad. Era su habitación. Recordó que estaba asustado, se alegraba de haberse despertado.
El hombre del sueño señalaba una celda en oscuridad, no se veía su contenido.
Intentó recordar más detalles, pero solo recordó con nitidez la pregunta a la que había respondido con sus cuerdas vocales.
“¿Quieres verlo?”

¡Hola!

Mientras acabo una tontería que estoy escribiendo, y para no agobiarme pensando que mientras tanto muchos me mandaréis a la mierda, he decidido copiar y pegar aquí algunas tonterías que escribí hace tiempo. Si los grandes de Hollywood se permiten volver a vender historias como “El coche fantástico”, “Los Transformers” o “El exorcista: la edición del director”, ¿por qué no podría yo aprovecharme y poner directamente algo que ya escribí hace mucho para entreteneros ahora?

Para aquellos que hayan respondido a esa pregunta diciendo en voz alta “porque ellos se toman la molestia de mejorar aunque sea mínimamente el producto”, mi respuesta es una mirada de odio.

Allá van. No valdrán nada, pero a mí me hacían gracia. ¡Espero que os gusten!

Protocolo

El presidente estaba especialmente risueño ese día. El dictador rumano resultó ser encantador.
-¡Ah! Se me olvidaba-dijo el presidente risueño-. Como sabe uno de los terroristas que atentó contra su vida ha sido detenido en nuestro país. Para sellar nuestra nueva alianza, ¿quiere que le demos un castigo ejemplar?
La intérprete habló, y al acabar el dictador negó con la cabeza, sonriente, y dió otro sorbo a su té.
Se preguntó en silencio si era normal en aquel país, tal como le acababan de ofrecer, echarle dos hielos al té, en pleno invierno.

Los ojos

Leonardo quería aunque sólo fuese por un día romper la maldición, y salir con los ojos abiertos en una foto, la de su boda. Desde que el fotógrafo les apuntó con la cámara, Leonardo abrió los ojos, y tal como había ensayado no se permitió parpadear. Mantuvo la sonrisa, comenzaron a dolerle las mandíbulas y los ojos escocían como si fuesen de sal. Pero él aguantó orgulloso. Un poco más. Un poco más. De repente su cara parecía aterrorizada. Sus ojos desencajados.

Cuando por fín se iluminó el flash, le retrató en un grito, y la luz blanca rebotó contra sus ojos ya ciegos, malditos. 

Tejer

-Porque no quiero ser libre, estúpida-dijo Beatriz.
Y volvió a sentarse, intentando sujetar las agujas de punto con mano temblorosa, fingiendo que podía ver a través de la balsa de lágrimas que parecían nacerla en la nuca.

Ester la abrazó y miró el reloj de pared.

Aún quedaba una hora antes de que llegase él.

La seta

La seta acababa de moverse. David el gnomo la miró y descartó enseguida por un levísimo ruido de pisadas que se tratase de un insecto. Se bajó de su zorro y fue hacia ella aminorando el paso, intentando hacer el menor ruido posible. Le hizo un gesto al zorro para que callase, y este bajó las orejas, obediente.
La hierba cercana a la seta se movió, evidentemente alguien acababa de salir de estampida. David el gnomo intentó seguirle corriendo, pero no pudo. En parte no quería alcanzar a aquello. Se contaban muchas historias últimamente sobre gnomos demasiado valientes. David giró sobre sus pasos y lentamente volvió hacia donde estaba, orientándose por el lomo a lo lejos de su zorro. Resoplando pensó que ya estaba mayor, y que había sido una imprudencia perseguir a fuese-lo-que-fuese.
Al pasar al lado de la seta una mancha le llamó la atención. En el tronco de la seta se hayaban escritas unas palabras. David no tenía ya buena vista, así que tuvo que acercarse un poco, y las letras se volvieron nítidas:”Los gnomos son gays”.
Entonces, resolpló como solo resopla un gnomo. Miró a su zorro y se subió poco a poco a su lomo. Miró al horizonte, hacia el lugar donde había huído el autor del mensaje.
-Vamos al pueblo-dijo David el gnomo, palmeando la cabeza del animal con los ojos entrecerrados-, tenemos trabajo que hacer. Esos hijos de puta de los pitufos, han ido demasiado lejos.
Y cabalgó y cabalgó, resoplando, como solo los gnomos resoplan.
La venganza estaba cerca.  

- La siguiente es ella, ¿verdad?- preguntó Fernando por el intercomunicador.

Al otro lado se oyó un crujido y luego la voz de la enfermera:

Si doctor. ¿La hago pasar ya?- Fernando pudo darse cuenta de que lo decía sonriendo. No le gustó que sonriese. Quizá se había dado cuenta ya.

- No. Yo la avisaré.

Fernando se levantó, bajó la persiana que quedaba a su espalda hasta la mitad, y luego la hizo coincidir con una muesca que había hecho en el marco de la ventana. Todavía entraba mucho sol, pero la habitación era grande y no estaba iluminada del todo.

Se levantó y fue hasta la estantería que quedaba a la espalda de la silla de los pacientes. La chincheta roja que había dejado como señal en la madera no coincidía con la separación entre la sombra y la luz que dejaba entrar la persiana. Claro, hoy era casi una hora más tarde.

Bajó de nuevo la persiana un par de centímetros. Se acercó de nuevo y comprobó que ahora sí, la luz acababa justo a la altura de la chincheta. Se acercó a la silla y la ajustó a las señales que había hecho en el suelo. Perfecto.

Se limpió las gafas, se aplastó un poco el pelo que todavía no había perdido y respiró hondo. Se sentó en su silla y comprobó por última vez que coincidían luz y señal.

- Hágala pasar- dijo por el intercomunicador.

La voz de la enfermera llamándola. Los pasos pequeños de ella. La puerta se abrió. Su olor otra vez.

- Hola doctor- dijo sonriendo mientras se acercaba a la silla.

Ella no tenía un pelo muy bonito, ni grandes pechos. Tenía los ojos pequeños encerrados en unas gafas espantosas que se apoyaban en unas orejas puntiagudas y una nariz algo aguileña. Tampoco tenía un cuerpo perfecto. Lo único que tenía bonita era la boca. Tenía una boca perfecta: carnosa, jugosa y brillante. Pero lo mejor era el pequeño lunar junto a la comisura del lado izquierdo.

- Siéntese, por favor- dijo Fernando mientras se preguntaba si por fin, hoy, los cálculos eran los correctos.

Ella se sentó. La sombra le tapaba hasta justo debajo de la nariz y hacía brillar los labios. La luz llegaba hasta el lugar exacto y era tan intensa que no dejaba ver más arriba.

-Aquí están las pruebas-dijo ella, y le acercó un sobre-. Por cierto, veo que todavía no le han arreglado la persiana.

Fernando sonrió nervioso y bajó la vista.

-No, todavía no.

Mientras abría el sobre, respiró profundamente. Su olor, otra vez.

Hoy sí, estaba preciosa.

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