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¡Hola!
Mientras acabo una tontería que estoy escribiendo, y para no agobiarme pensando que mientras tanto muchos me mandaréis a la mierda, he decidido copiar y pegar aquí algunas tonterías que escribí hace tiempo. Si los grandes de Hollywood se permiten volver a vender historias como “El coche fantástico”, “Los Transformers” o “El exorcista: la edición del director”, ¿por qué no podría yo aprovecharme y poner directamente algo que ya escribí hace mucho para entreteneros ahora?
Para aquellos que hayan respondido a esa pregunta diciendo en voz alta “porque ellos se toman la molestia de mejorar aunque sea mínimamente el producto”, mi respuesta es una mirada de odio.
Allá van. No valdrán nada, pero a mí me hacían gracia. ¡Espero que os gusten!
Protocolo
El presidente estaba especialmente risueño ese día. El dictador rumano resultó ser encantador.
-¡Ah! Se me olvidaba-dijo el presidente risueño-. Como sabe uno de los terroristas que atentó contra su vida ha sido detenido en nuestro país. Para sellar nuestra nueva alianza, ¿quiere que le demos un castigo ejemplar?
La intérprete habló, y al acabar el dictador negó con la cabeza, sonriente, y dió otro sorbo a su té.
Se preguntó en silencio si era normal en aquel país, tal como le acababan de ofrecer, echarle dos hielos al té, en pleno invierno.
Los ojos
Leonardo quería aunque sólo fuese por un día romper la maldición, y salir con los ojos abiertos en una foto, la de su boda. Desde que el fotógrafo les apuntó con la cámara, Leonardo abrió los ojos, y tal como había ensayado no se permitió parpadear. Mantuvo la sonrisa, comenzaron a dolerle las mandíbulas y los ojos escocían como si fuesen de sal. Pero él aguantó orgulloso. Un poco más. Un poco más. De repente su cara parecía aterrorizada. Sus ojos desencajados.
Cuando por fín se iluminó el flash, le retrató en un grito, y la luz blanca rebotó contra sus ojos ya ciegos, malditos.
Tejer
-Porque no quiero ser libre, estúpida-dijo Beatriz.
Y volvió a sentarse, intentando sujetar las agujas de punto con mano temblorosa, fingiendo que podía ver a través de la balsa de lágrimas que parecían nacerla en la nuca.
Ester la abrazó y miró el reloj de pared.
Aún quedaba una hora antes de que llegase él.
La seta
La seta acababa de moverse. David el gnomo la miró y descartó enseguida por un levísimo ruido de pisadas que se tratase de un insecto. Se bajó de su zorro y fue hacia ella aminorando el paso, intentando hacer el menor ruido posible. Le hizo un gesto al zorro para que callase, y este bajó las orejas, obediente.
La hierba cercana a la seta se movió, evidentemente alguien acababa de salir de estampida. David el gnomo intentó seguirle corriendo, pero no pudo. En parte no quería alcanzar a aquello. Se contaban muchas historias últimamente sobre gnomos demasiado valientes. David giró sobre sus pasos y lentamente volvió hacia donde estaba, orientándose por el lomo a lo lejos de su zorro. Resoplando pensó que ya estaba mayor, y que había sido una imprudencia perseguir a fuese-lo-que-fuese.
Al pasar al lado de la seta una mancha le llamó la atención. En el tronco de la seta se hayaban escritas unas palabras. David no tenía ya buena vista, así que tuvo que acercarse un poco, y las letras se volvieron nítidas:”Los gnomos son gays”.
Entonces, resolpló como solo resopla un gnomo. Miró a su zorro y se subió poco a poco a su lomo. Miró al horizonte, hacia el lugar donde había huído el autor del mensaje.
-Vamos al pueblo-dijo David el gnomo, palmeando la cabeza del animal con los ojos entrecerrados-, tenemos trabajo que hacer. Esos hijos de puta de los pitufos, han ido demasiado lejos.
Y cabalgó y cabalgó, resoplando, como solo los gnomos resoplan.
La venganza estaba cerca.

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