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¡Anda! Así que puedo hacer refritos ¡y nadie se me abalanza ni me llama tio mierda! Pues os pongo más, que salen gratis. Tranquilos, que no abusaré de ello. Tienen mucho tiempo y no los he corregido. Si os parecen unas chorradas impresionantes disculpadme y esperad, que ya no pondré más refritos (a no ser que me lo pidáis, y entonces aprovecharé para colarlos sin inmutarme lo más mínimo). Pero para aquellos a los que pueda entretener, van unos pocos que releyéndolos me han gustado. Que los disfrutéis con salud. Para los que no lo queráis leer, em… bueno… em… pues que lo importante es tener salud.
Serial Killer
Por fin. Por fin lo había hecho, y no había sido tan dificil. Lo único que le sorprendió fue que el gatillo estaba mucho más duro de lo que había pensado. Tuvo suerte acercándose a la víctima por la espalda;hubiese sido ridículo que ese pobre viejo le hubiese visto apretar el gatillo, despues relajar el dedo, mirar el revolver, y volver a apretar de nuevo, ahora con dos dedos. Todo estaba saliendo según lo previsto.
La primera víctima, pensó Arnaldo con orgullo. Le miró ahí quieto, en el suelo, como si tratase de impedir que se le viniese el suelo encima.
Bien, no ha sido tan difícil, pero joder, los gatillos no son como en las películas. Allí parece que la misma fábrica hace los gatillos de revólveres, y de pistolas de agua.
Arnaldo se sentó, mirándole, y pensó en su brillante primer paso como asesino en serie. Que se prepare el mundo, pensaba. Pero ahora tenía que escribir la nota que encontrarían los policías. Ya se imaginaba con una sonrisa, como iban a pasársela unos a otros, diagnosticando que se trataba sin duda de un asesino implacable, eficiente, frío. Una nota concisa, inteligente, sagaz.
El papel en blanco. Lo tanteó un par de veces con las manos enguantadas. No se le ocurría nada.
“Ya sé-pensó-, les pondré Ahora empieza el juego cabrones, el infierno ha desatado a su bestia del infierno.. no joder no, eso es una mierda. Van a pensar que soy imbecil, por repetir la palabra”
Miró al cadaver para inspirarse. Sí, allí estaba quieto. Él había acabado con la vida de ese hombre, y… ni una sola buena idea venía a su cabeza.
Pensó que aún tenía tiempo, nadie le echaría de menos, había calculado cada detalle, y faltaban dos horas para que alguien comenzase a preguntarse dónde estaría el viejo. “Hola teniente, como vé… ” Pf, vaya mierda. No tenía ni idea de si teniente era menos que sargento, o capitán. Y si asi fuese, el hombre pensaría que era algo personal. No no, tiene que ocurrírseme algo mejor.
“Jajajajaja. Asustados ¿eh?” Pero que clase de mierda era esa!! El gilipollas que leyese esa carta habría visto cinco cadáveres antes de desayunar. Puf. Debería sonar como una bestia calculadora. “No me ha costado nada”.No no, parecería que está presumiendo de una redacción de colegio. “El muy cabrón está mejor muerto”. No, probablemente eso sonaría inmaduro. “Si quereis adivinar quien soy… teneis que…” No no no no mierda! Sonaría a cómic! “Los pájaros han volado, y la cabeza de éste hombre tambien”. Bah, eso no servía para nada.”Antes este hombre tenía una mata de pelo, y lo he dejado calvo” Joder. Estaba empezando a desvariar.
Quedaba cada vez menos tiempo. Pero como iba a irse sin siquiera dejar una nota; parecería un aficionado, y bueno, en realidad lo era, pero tenía serias aspiraciones.
“No era nada personal” Bah.”Querida policía: Mi próximo asesinato será peor”. No, no. Lo de “Querida..pfff. Y además no quedaba claro si se referia a peor por estar peor hecho.
Entonces Arnaldo se dió cuenta de que el haber violado el cadáver le daba a todos los casos un toque macabro. Se acercó al viejo, lo miró.
Aquel hombre no le gustaba nada, además tenía una ropa espantosa. Pero un asesino en serie tenía que hacer, lo que un asesino en serie tenía que hacer. Se pondría protección, eso sí. A saber si ese viejo le podía pegar ladillas o algo peor.
Alguien golpeó con los nudillos la puerta.
Arnaldo tuvo solo tiempo para garabatear una frase, y salir por la ventana tal como había previsto.”Se van a quedar helados”, pensaba mientras caminaba sin prisas para no despertar sospechas.
Cuando estaba llegando a su casa, el comisario recibió una llamada.
….
El comisario miraba a través de la cortina de plástico, los pálidos rostros de los demás policías. En menor o mayor medida, a todos les ponía nerviosos la enfermiza luz de los fluorescentes.
El teléfono sonó.
-¿Señor? Soy Martínez, estamos en el asesinato de carabanchel, y parece claramente un trece veintisiete.
-Espero que no sea un trece veintisiete, Martínez, porque no creo que nadie haya hecho publicidad de un partido político en pelotas. El asesinato es el catorce, y depende de cómo se haya producido , tiene distintos números.
-Sí sí, señor, es verdad, fue un lapsus. Quería decir que fue un… catorce emmm catorce veintisiete.
-¿¿Le electrocutaron los genitales hasta la muerte??
-Perdone, llevo poco tiempo en el cuerpo. Creo que era un catorce… catorce treinta.
-¿¿Le vistieron de mapache antes de matarle??Siempre los putos ecologístas.
-No señor, bueno, para que me entienda, le pegaron un tiro en la nuca. Junto a su cadaver hemos leído una nota señor.¿ Se la leo?
-Proceda.
-Em, la nota está muy mal escrita, supongo que será para despistar.
-Joder Martínez. Venga, proceda.
-Pues en la carta señor-Martínez carraspeó-, solo viene una sola frase: “Ahí lo dejo virgen” y debajo, una flecha señalaba en la dirección en la que estaba el cadaver.
-Querrá despistarnos haciéndose pasar por gilipollas.
-Si señor. Parece tratarse de un veintisiete cuarenta y cinco.
El comisario suspiró.
-Mire Martínez, solo para que aprenda, voy a ir a ese apartamento. Y como no vea un veintisiete cuarenta y cinco, es decir, un niño frotándose con alguna estatua del caudillo, lo va a pasar realmente mal.
El comisario colgó, y miró la luz fluorescente.
Era una ciudad difícil.
El mal día de Platón
Arian se acercó al despacho de su maestro, Platón. En él se adentró corriendo la cortina, y allí estaba el maestro, descansando. Era demasiado pronto, pero mejor acabar con el asunto cuanto antes.
-Buenos días, maestro. Que me desapunte, que me borre.
Platón se incorporó en la cama, contestó buenos días ( en perfecto griego clásico, claro ), y miró por la ventana. Despues miró a su pupilo, y pareció entender.
-Es por lo de ayer, ¿verdad?-dijo Platón mirando su bigote.
Platón pasaba horas y horas mirando su bigote, pero en esta ocasión había algo de tétrico en ello. Quizá las patillas. Le hizo un gesto a Arian, y este se sentó en el extremo opuesto de la cama, donde habían estado reposando los pies del maestro.
-Sí, maestro, lo de ayer fue lo último.
-Mira muchacho, quizá ayer me pillaste en un mal día, y yo te dije alguna cosa carente de sentido. No lo sé, estaba algo bebido.
Con los ojos quemados de lágrimas, el apuesto Arian le miró reflejando su rabia.
-¡Algo carente de sentido! Pues le voy a aclarar la memoria. Ayer usted estaba apoyado en la roca esa que usa para filosofar, y pensativo y tal. Yo me acerqué y le pregunté en perfecto griego clásico contemporaneo:”Maestro, si es verdad que los hombres tendemos al alma primitiva, es la vida una evolución contraria?”.
-Sí eso lo recuerdo-dijo Platón-. Pero mis recuerdos están borrosos, no recuerdo qué te contesté.
-Me dijo usted que me fuese a tocarle la polla al minotauro. Que ya tenía bastante con sus movidas mentales. Y le recuerdo que cuando lo hizo usted escupió un esputo verde al suelo, y mientras me enseñó sus genitales, maestro. ¡Sus genitales! Además grandilocuentemente. Pero lo peor es que me dijo usted que pensase en ello, y volvió a darse la vuelta.
Platón miró su bigote. Se palpó las patillas.
-Emmm. Seguro que en ello había algo de verdad. El infinito está contenido en mi esputo. Es la cumbre del azar de mi volada alma penitente la que me permitió con mi boca dar ese esputo al mundo. Sacar lo peor de mí en … consonancia con… pues vamos, que fue el universo el que esputó por mí.
-Entonces-preguntó Arian-¿El universo esputa?
-Más que las gallinas, hijo mío. Más que las gallinas.
Arian intento mirar su bigote tal como les había enseñado el maestro. Pensó en esa verdad.
Se alegraba de haber encontrado de nuevo su fe.
La marca
- Es una marca de nacimiento-dije.
Ella entonces perdió el interés y me dio la espalda en la cama, para intentar dormir, supongo.
-Vaya.
Solo dijo eso, y al rato pareció dormirse.
Yo me levanté e hice el desayuno, todo lo rápido y silencioso que pude ser. No quería estar allí cuando ella se despertase. Si le daba tiempo, podía pararse a pensar en mí.
Podría darse cuenta de que su marca de nacimiento y la mía eran idénticas. Podía empezar a hacer preguntas.
Así que me fui. Por fin la había conocido, y con eso me bastaba.
Sueño
David se despertó con su propio grito: “¡No!”.
No era un grito como el de las películas, no se movió violentamente, ni se zarandeó. Sólo se despertó gritando esa palabra, y con la vista fija tanteó con su torpe consciencia la oscuridad. Era su habitación. Recordó que estaba asustado, se alegraba de haberse despertado.
El hombre del sueño señalaba una celda en oscuridad, no se veía su contenido.
Intentó recordar más detalles, pero solo recordó con nitidez la pregunta a la que había respondido con sus cuerdas vocales.
“¿Quieres verlo?”

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