Javier miró hacia abajo. El agua del mar era clara como la de la piscina, y no había animales. Movió sus pies notando cómo se enterraban poco a poco en la arena mojada.
Cuando miró hacia la playa la vio a ella. Esta vez era morena. Siempre era muy jóven y preciosa. Le estaban esperando. Ya habrían pasado seis meses ahí fuera.
Volvió caminando hacia la playa sin olas que le empujasen. Llegó a su lado y se sentó en el suelo todavía chorreando agua.
- Buenos días, Jorge.
- Buenos días…-dijo Jorge y decidió que tenía cara de llamarse Patricia- Buenos días Patricia. Ya han pasado seis meses, ¿verdad?
Ella asintió.
-En primer lugar, Jorge, necesitamos pasar por un trámite. Necesito que me respondas a un par de preguntas. ¿Sabes dónde estás?
- Sí. En mi cabeza.
Patricia sonrió y asintió.
- Sabes que nada de esto es real, ¿verdad Jorge?
- Sí.
- Necesito que me digas si sabes exáctamente qué es ésto y por qué estás aquí.
- Pues estoy aquí porque creéis que maté a una niña en un atraco y porque creéis que dormido no daré problemas.
- Esto no lo hacemos por que no nos des problemas, Jorge. Lo hacemos para que te tomes un tiempo de descanso antes de volver a la realidad, y porque aquí dentro el tiempo se te pasará más rápido. ¿Preferirías estar despierto?
Jorge miró a su alrededor.
- No, está bien-dijo después de un rato-. Se está bien aquí. Quizá si salgo me compraré
- Estoy segura de que estás muy bien. ¿Cómo es?
Jorge le miró a los ojos.
- Pues es una playa preciosa. ¿No lo ves?
Patricia negó con la cabeza.
- En realidad no, Jorge. Yo sólo puedo oir tu voz; el resto sólo lo ves tú.
- Vaya-dijo Jorge-. Yo pensé que lo hacíais con informática.
Patricia sonrió con dulzura.
- Lo que estás experimentando se parece mucho más a un sueño.
- Aham. Creo que vi una película sobre esto cuando era pequeño.
Patricia se quedó callada. Luego carraspeó.
- El motivo de mi visita es advertirte de que ahí fuera estamos teniendo algunas complicaciones contigo Jorge.
- ¿Por el tiro?
- Te acuerdas bien de eso, ¿verdad Jorge?
- Sí.
- Efectivamente, es por el tiro. Fue una herida grave y te dañó la espina dorsal. Los médicos están haciendo lo que pueden.
Patricia se calló y le miró. Parecía que le miraba, al menos.
Jorge respiró profundamente y se miró las piernas. Eran las que había tenido con veinte años cuando hacía atletismo. Eran perfectas.
- Vale. No me digas nada más, por favor.
- Estamos obligados por ley a comunicarte cosas como estas para que vayas pensando en ellas. Pronto te vamos a despertar, Jorge.
- Me parece bien-dijo Jorge-, pero no me digas más. Dejadme tranquilo, por favor. Salga como salga, me parecerá bien.
- Como tú quieras, Jorge. Tranquilo, todo va a salir bien.
Patricia alargó su mano y tocó el brazo de Jorge. La sensación era muy extraña. Su mano se veía seca y suave y el tacto era áspero y sudado. No era como las personas irreales de la playa. El único tacto real que había tenido en mucho tiempo no parecía real.
- Gracias Patricia. Estaré bien.
Patricia se levantó sonriendo.
- Disfruta de tu playa y descansa-dijo-. Ahora por favor, mira hacia el frente. Cuando vuelvas a mirarme ya no estaré. Adiós, Jorge.
- Adiós, Patricia.
Jorge miró hacia el arcón que siempre estaba lleno de tabaco y cogió un mechero que nunca fallaba. Encendió el cigarro y volvó a mirar el espacio vacío que había dejado Patricia.
Patricia le tenía lástima. La gente ahí fuera se la tenía.
Se tumbó en la arena y lloró lágrimas de verdad.

3 comments
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5 Octubre 2007 a 12:51
Arwen
Uf!!!! Me puedo imaginar mil cosas…pero él no muere al final. Es ella la que está muerta. En cambio él será un muerto en vida. Es la conclusión a la que he llegao.
7 Octubre 2007 a 16:52
María
Patricia debe ser una mujer sensual sin pretenderlo, por naturaleza. Una de esas mujeres a las que sin importar el sexo, hombres y mujeres no pueden evitar mirar, o más bien admirar. Seguramente tenga el cabello largo y ligeramente ondulado en las puntas. Los ojos, almendrados y profundos, con una profundidad a veces peligrosa…
8 Octubre 2007 a 17:59
esrarodorarse
¡Estás como una moto las dos!