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Fernando Lázaro Carreter tiene un libro que os recomiendo a todos. Se llama "El dardo en la palabra" y es una recopilación de artículos que dedicaba el académico a consternarse con las aberraciones lingüísticas que leía y oía en la prensa. Es divertidísimo y además, se aprende. En uno de los artículos se lee una expresión que me encantó. Don Fernando tenía especial aversión a expresiones rimbombantes y vacías como "en base de", y cuenta como al ver en la televisión cómo lo usaba un presentador de telediario: " juro que tiré la zapatilla al televisor con intención de no darle".

Por alguna razón, me divierto muchísimo con los tratados sobre la buena ortografía, o la gramática, o el protocolo en hostelería. No me preguntéis por qué, pero me encanta aprender sobre protocolo y buenas maneras. El hecho de saber dónde colocar a dos reyes que viniesen de invitados, y a los nuestros como anfitriones en una mesa de seis personas (y cómo tienen que estar colocadas las sillas, y cómo hacer las presentaciones) no es muy útil para alguien que normalmente come whoppers sobre una mesa de kebab que rescató de la basura. De todas maneras, me encanta.

Toda esta introducción no sirve de mucho, pero hoy quiero arremeter contra un par de expresiones que me sacan de quicio: "más que" y "cuanto menos". No soy ningún entendido en lenguaje, y de hecho creo que cometo más errores por minuto que ninguno de mis amigos en lo que respecta a esta materia, pero como tengo un blog y me sale de las narices, voy a decir lo que pienso.

Continuamente leo la expresión "más que". "La película tiene un guión más que aceptable", "las previsiones del gobierno son más que optimistas", "este blog tiene entradas más que interesantes". A veces también usan "cuanto menos". "La película es cuanto menos, entretenida". En ambos casos lo que veo es un miedo atroz a no ser tomado en serio, porque no dicen absolutamente nada. Usar esas expresiones cruzar un puente de espaldas por si tenemos que salir huyendo de nuestras propias opiniones. La gente que lo usa (y yo lo habré usado millones de veces), sólo lo hace porque tiene miedo de decir cosas de las que luego no pueda desdecirse, con lo cuál eligen el limbo de lo tibio, de lo soso, de lo apátrida.

Si crees que la película tiene un guión maravilloso, ¡no lo insinúes!. Simplemente, dilo. Si crees que debes de quejarte sobre tu situación salarial, piensa en la diferencia entre "nuestras condiciones son cuanto menos, mejorables" y "nuestras condiciones son malas". Ambas cosas son lo mismo, sólo que la primera lo adorna con un optimismo y una cesión anunciada que se puede tomar como diplomacia pero que en realidad es cobardía pura y dura.

¿Por qué no dices que el café que te acaban de servir está "cuanto menos, caliente"?. Dices que está hirviendo, claro. Tampoco usas esa expresión para referirte a las tetas de la vecina, o a tu disco favorito. Sabes que no vas a desdecirte de esa opinión, y no te da miedo expresarla: por eso no tienes miedo de aguarla. ¡Pues atrévete también con lo demás! ¡Alza la voz! Deja el decir sin decir, el insinuar de manera firme, para aquellos que necesitan desesperadamente escribir como si tuviesen conocimiento de causa. Di lo que piensas, o cállate.

No sé qué os parece a vosotros, pero a mi esas dos expresiones me parecen cuanto menos, innecesarias.

Ayer viernes fue la fiesta de mi empresa. Supongo que la tuya también.

Mi empresa es tragsatec, y ayer cerraron para nosotros la sala Kapital. La verdad es que somos unos cuantos. La discoteca es grande y no sobraba espacio.

Nada más entrar me dieron una alegría enorme. Una señora me reconoció al entrar. Trabaja como yo en la Confederación Hidrográfica del Tajo. Es una señora majísima pero no he hablado mucho con ella. No voy a contar qué me dijo porque me lo impide la modestia, pero resumiendo, me dijo que le habían hablado muy bien de mi varias personas. Aquellos que acaben de pensar "ya, es modesto, pero la suelta igual el jodío" que se acuesten sin cenar. No hay sensación más bonita que saber que han hablado bien de ti a tus espaldas, ¿verdad?.

Nada más llegar estaba jodido. Todo estaba muy oscuro y yo en la oscuridad no veo bien. Tenía que estar continuamente dando toquecitos con el pie para conservar mis constantes vitales y no despeñarme en un escalón. Aparte de eso, nos colocamos donde me dijo Roberto. Me dibujó un mapa del sitio estratégico.Los camareros que llevaban la comida pasaban por ahí por cojones. De hecho Roberto al explicármelo se acordó de una película.

- ¿Te acuerdas de esa película en la que hay un tren que lleva la recaudación del metro?

Se refería a "Asalto al tren del dinero". Me hice cargo del hambre que había pasado el año anterior en el momento que me comparó nuestra posición para coger lo que trajesen los camareros con una emboscada. La verdad es que nos vino bien. Llegado un momento tenía un hambre feroz, y no era el único. Todos saltábamos sobre los camareros para ver qué podíamos coger. No cené demasiado, pero tampoco me quedé con hambre.

Al poco tiempo de llenarse la sala, cuando ya estábamos todos lo que éramos (aunque no éramos todos los que estábamos) una compañera mía se subió al podio. En realidad no es un podio, pero hacía las veces de tal. Yo la aplaudí y la dije tonterías y seguí bailando a mi bola. Cuando se bajó, pensé: "si ponen alguna canción que me guste, subo a bailarla me guste o no". Me daba mucha vergüenza porque no bailo muy bien; más que nada me dedico a hacer el coña. No creo que haga el ridículo, pero desde luego soy muy consciente de que no bailo bien.

Al cabo de un rato sonó una canción que me gustaba. Al principio pensé que era una chorrada subirme a que me viese todo el mundo, entre los cuales muchos me conocían. Luego pensé "¿cuántas veces vas a hacer de gogó en Kapital?", y entonces no me quedaron más cojones que subirme.

Madre mía cómo bailé. No me refiero a la calidad, sino a la cantidad. Al principio no quería subirme, y luego tenían que dispararme a las rodillas para que me bajara. Estuve bailando de manera exagerada, y sin importarme si era un tipo de música u otro. Me sé la letra de muchas canciones, y aproveché para hacer mis playbacks particulares. No sé cómo quedaría, ¡pero yo me lo pasé en grande!. Si normalmente hago el tonto, más lo hice subido a la vista de cientos de personas de mi empresa. Me alegro muchísimo de haberme atrevido.

Al rato tuve que bajarme. No por nada, sino porque empecé a ver a todo el mundo bebiendo copas, y las mías se iban a desperdiciar. Una la había regalado, pero tenía otra que me apetecía tomarme. Mientras lo hacía, una chica se me acercó. "Tienes que volver a subirte. Eres nuestro Dios" me dijo. A mí me hizo mucha gracia. Creo que dije "Gracias" y me quedé con las ganas de pedir un sacrificio. Una chica muy mona, pero no la había visto nunca.

Luego me volví a subir y bailé si cabe más exageradamente. Hacía tonterías para la gente y seguía pasándomelo en grande. Al rato una chica que trabaja en la Confederación también se subió. Irene se llama.

"Ya llevas tres horas subido, y aquí no está escrito tu nombre que yo sepa". Cabíamos los dos de sobra. De hecho cabían cuatro personas tranquilamente bailando, y pocos fueron los ratos que estuve solo arriba. Casi siempre éramos dos o tres personas. Sea como fuere, después de esto, se me cortó el rollo y me bajé. Ella siguió bailando arriba, y creo recordar que no lo hacía mal.

Un rato más tarde vino una chica que me había estado haciendo gestos cuando estaba bailando arriba. No penséis mal; me refiero a que me imitaba, o hacía bromas.

- ¡Hey! Me ha encantado cómo has bailado. Todo el mundo se reía !pero a mí me parecía genial!

Cuántas veces, amigos míos, nos dan más información de la que necesitamos. No me dió mucha vergüenza entonces, pero mucha menos ahora. Estoy contentísimo de haberlo hecho. Hasta hace no tanto tiempo no había manera de hacerme bailar, y poco tiempo antes tenía un complejo terrible que hacía que subirme a un sitio donde pudiera ser visto (no digo ya para bailar), conseguía que me quisiese morir de vergüenza.Hace tiempo que no es así, y me alegro mucho. Qué coño… si yo creo que algunos momentos bailé hasta bien.

Después de la fiesta estaba muy cansado. Todos habían bebido más que yo (arriba no me subía las copas porque es un peligro) y tenían muchas ganas de marcha. Yo no tantas. Roberto se retiró porque le dió un bajón, y yo seguí más que nada por inercia. Casi todos fueron al Brillante, y Maria José, El Persinaista y yo fuimos al Burguer. Se me había puesto entre ceja y ceja comerme un whopper. No soy muy caprichoso, pero estaba al lado y me apetecía mucho. Al final me pude comer sólo una hamburguesa, y el whopper se lo quedó MJ. "Dáselo a un indigente o algo que veas, que todavía está calentito". Ella a cambio me derramó el agua sobre las patatas fritas. Es una chica majísima y no me había dado cuenta.

Poco después tomamos una cerveza en estado semi catatónico. Ellos siguieron la fiesta, y yo hice mutis por el foro.

En general me lo pasé genial. Hay que lanzarse sin pensarlo. Yo conseguí superar un complejo tremendo con un pequeño truco. Pronto lo contaré aquí.

El lunes, las vergonzantes fotografías como testimonio.

Hace un par de meses me pasó una cosa realmente extraña. Era la primera vez en mi vida que me pasaba, y me asustó muchísimo. Oí una explosión con gritos que no había existido. Juro que lo que voy a contar aquí es rigurosamente cierto.

Estaba en la cama pensando en una historia y empecé a quedarme dormido. De repente me despertó un ruido gigantesco, que me sobresaltó. Es dificil explicar cómo era el ruido. Lo he descrito como una explosión, pero en realidad no sonó como una bomba. Supongo que he usado esa palabra porque el ruido fue intensísimo, pero tan corto, que parecía una explosión. Sin embargo lo que oí se parecía mucho a un coro de gritos desesperados. Sé que suena macabro, pero habéis oido ese recurso en el cine millones de veces. ¿Os acordáis cuando Beetlejuice dice que puede hacer muchos trucos? Se gira hacia el protagonista (nosotros vemos su cabeza por detrás). De su cabeza salen como disparadas unas víboras. Ahí se oía el ruido.

A uno le han pasado cosas lo suficientemente raras como para no darle mucha importancia a estas. De todas maneras, tenía curiosidad. En un rato libre, en el trabajo (no se lo digáis a nadie) me puse a mirar si a alguien más le había pasado eso. Resulta que encontré una descripción de lo que me había pasado. No solo eso, ¡sino que el tema es relativamente frecuente! Lo llaman "Síndrome de la cabeza explosiva". Cito el artículo en la wikipedia:

El síndrome de la cabeza explosiva (en inglés exploding head syndrome) es una rara condición médica que fue registrada por primera vez por un médico británico en 1988 y por la cual el padeciente siente ocasionalmente un sonido extremadamente fuerte, generalmente descrito como un estallido o estruendo, como si procediera de su propia cabeza. A pesar de ser percibido como un sonido tremendamente potente, muy rara vez es acompañado por dolor. Los ataques parecen incrementarse y decrecer en frecuencia con el tiempo: varios ataques pueden ocurrirse en espacio de pocos días seguidos por meses de receso. Los padecientes a menudo sienten una sensación de terror y ansiedad después de un ataque, acompañado por un elevado ritmo cardíaco. Los ataques también son acompañados en ocasiones por flashes luminosos o dificultad para respirar.

El artículo entero, aquí.

Curioso, curioso.

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