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Hoy al ir a cruzar el paso de cebra para llegar a la Confederación (mi trabajo) he visto que en el otro extremo había dos chicas increíbles a las que hacían fotos. Las chicas eran perfectas. Tenían cara de ser de Europa del este, y por no tener defectos seguramente no tenían ni ombligo. Rubias, altas, 19 años…
Un tipo calvo con mochila les hacía fotos con una cámara profesional y les daba indicaciones mientras el semáforo seguía rojo. Ellas ponían pose sexy pero no hacía falta. Seguramente estuviesen de lo más sexy hasta limpiándose las orejas. Una de ellas estaba de pie, y la otra sentada sobre el asfalto, a centímetros de donde pasaban los coches. Como este paso de cebra estaba al lado de un colegio, también había un grupo de cuatro niñas maquineras mirándolas raro, y como doce chavales completamente embobados. A su lado, tres o cuatro señores ya metidos en los cuarenta.
El semáforo iba a ponerse en verde. "Tírala del pelo" dijo el fotógrafo. Nosotros empezamos a cruzar. La rubia que estaba de pie le tiró el pelo a la otra. "¡Ay!" se quejó, y puso la cara que ponen las niñas cuando las peinan y tienen nudos en el pelo. Yo sonreí viendo la expresión, que me pareció muy infantil (y muy rica, claro).
"Un poco más fuerte" dijo el fotógrafo con un ojo cerrado, disparando con la cámara. Yo ya no miré atrás.
Al pasar al lado de uno de los hombres que había ahí, oí como decía "tírala más fuerte joder, hazla daño" mientras la miraba enseñando los dientes como si viese un combate de boxeo. Al pasar junto a un grupo de chavales pude oir claramente que alguien decía medio babeando "clávala el tacón en el ojo". Se oían otros comentarios parecidos. Ninguno era de broma ni nadie se rió. Esto fue lo que oí mientras le daba la espalda a dos rubias perfectas con cara de niña.
Me alejé del semáforo a paso rápido hacia el trabajo.
Mientras subía por la cuesta, sentí unas ganas locas de llamar a todas las mujeres que conocía para decirle que las quería mucho.
El portero y el médico discutían en el umbral del portal, y ninguno de los dos saludó al vecino mudo cuando se paró a oir de lo que hablaban.
- Claro que sí tenía una-decía el médico ya calentándose-. Quería hacerse un palacio en esa zona, y no quería ser impopular derribando las casas de los pobres. Pero esto que le digo está demostradísimo…
- Que no, doctor-decía el portero-. Demostradísimo está que Nerón no provocó ningún incendio, y que de hecho se portó muy bien con los que habían perdido las casas. Hágame caso. Por las películas y todo eso, se cree que fue él el culpable, pero el personaje real era muy distinto a cómo nos lo cuentan.Está usted equivocado.
El mudo sonrió con satisfacción. Siempre le había gustado la historia, y no tenía muchas oportunidades de oir conversaciones sobre historia, más allá de la historia política que le aburría tanto.
- ¡Y dale perico al torno! A ver si te crees, Manuel, que yo me hago componendas a partir de ver las tonterías de las películas. Yo he leído mucho y sé de lo que hablo.
- ¡Y yo también!- dijo el portero.
- Bueno, ya lo veo…
El portero enrojeció de ira.
- ¿Qué pasa? ¿Que por ser portero tengo necesariamente que ser un inculto? Yo tengo muchas horas para leer, y las aprovecho bien. Y usted es un orgulloso.
- ¡Orgulloso yo! El portero me llama orgulloso. Ahora mismo voy a buscar un libro para que tengas que tragarte tus palabras. Esto me pasa por discutir con un portero. Orgulloso dice.
- ¡Pues sí! – dijo el portero y miró al mudo-. Tú lo estás oyendo Enrique.Coño, a ti te gusta también la historia. ¿Le puedes decir a este señor quién tiene razón?
El mudo pensó un rato, se encogió de hombros con humildad señaló el cartel de "Se vende" que había sobre los tres.
- Madre mía Enrique. Ya te he dicho lo del piso, que no lo quieren alquilar. Bah, da igual-dijo el portero y volvió a mirar al médico-. A lo que íbamos, que me juego una cena con usted donde quiera.
El médico sonrió y le tendió la mano al portero, que la estrechó rápidamente con firmeza. Ambos se despidieron, y el médico al irse dejó oir un "lecciones de historia de un portero tengo que aceptar… estamos todos locos".
- Una cenita gratis que me va a pagar el listo-dijo el portero y se encaminó a contarle todo al camarero del bar de enfrente con las cañas que hiciesen falta.
El mudo le vió cruzar la calle. ¿Cómo no se dió cuenta de que le estaba dando la razón? Miró de nuevo el cartel. "Razón portería". "Pues estaba bien claro" hubiese gritado de haber podido.
Sacudió la cabeza y entró en el portal.
Hoy han llegado las niñas a mi casa. Por niñas me refiero a mis perras, y por casa me refiero a lo que algunos conocéis con paredes.
Tengo el ensayo dentro de poco, y he estado intentando concentrarme en el papel, en aprenderme y repasar las cosas en las que flojeaba. Me ha llamado mi madre y me ha dicho que mi padre tenía una crisis de ansiedad por las perras, que están en celo. "Lo siento pero te las llevo ya". Vale.
Mis perras han llegado como siempre. Tirando de la correa, locas por venir a saludarme, y mirando a todos lados. Estaban buscando al enemigo: mi gata.
Ya han venido muchas veces, y no se tocan excesivamente los cojones, pero los primeros días son difíciles. Mis perras no están nada tranquilas (han hecho el recorrido del sofá a la cama unas 400 veces en 5 minutos), y mi gata las observa como si fuesen presas. Mientras escribía esto, mi gata le ha dado un zarpazo a la perra en el hocico hasta que la he gritado. Por alguna razón mi gata es muy agresiva con las perras, y da algo de penilla ver a una de ellas, la más vieja, que tiene el único interés de olerla, mientras la gata toma cualquier acercamiento como un desafío.
Cuando mi gata pega a mi perra vieja, normalmente suelta cuatro o cinco zarpazos rápidos (aunque hay que decir en su descargo que antes lo advierte con un bufido). Mi perra vieja los recibe y la pobre no sabe muy bien qué hacer. Normalmente se queda mirando unos segundos, y si me ve a mí me mira a mí con cara de ir a decir "Uy,¿ y ahora qué tengo que hacer yo?". La perra jóven es más jodida. No muerde, pero mete unas broncas de impresión defendiendo a la vieja. También es muy buena y pacífica, pero le consterna por lo visto la actitud de la Gati.
Me quedan unos cuantos días de miradas desafiantes y de estar pendientes de ellas. Me quedan muchos más de convivir con ellas, que no es fácil. Yo las quiero mucho, pero entre la tensión de la gata acechante y que la perra vieja a veces necesita ayuda para moverse… Es cojonudo. Yo las dejo que se suban para dormir a los pies de mi cama. Me digáis lo que me digáis, no tengo corazón para saber que están fuera de casa, solas, y luego por tener un dueño ceporro, después de dos palmaditas en la cabeza le ven desaparecer en la cama toda la noche. Mi perra vieja es como las novias adolescentes. ¿Sabéis, amigos masculinos, esas chorradas que nos piden hacer las chicas sólo por probar si las haríamos? Seguro que sí. Mi perra es más o menos igual. Puede estar ladrando durante un cuarto de hora pidiendo subir a la cama, uno se despierta y sube el calefactor, luego ve que está duro y se ha equivocado, vuelve a bajarlo, sube ahora a la perra con cuidadín, y la perra… mira así un poco y se vuelve a bajar a beber agua. A los cinco minutos vuelve a llamar al ascensor humano.
Ahora está ya muy viejecita, casi no ve y tiene bultos que el veterinario nos aconseja no operar ("total, no va a durar mucho, y aunque la operemos seguramente salgan otros… ahórrenla el mal rato"). La otra es viejecilla también, pero es una de esas abuelas que son un nervio.
Madre mía. Mientras escribía esto, también ha pasado algo. Mi perra ha ido al cajón de la gata, se ha abierto de patitas y ha dejado ahí su grafiti particular. Mi gata ahora la mira con odio. Mi perra ha seguido paseando con su paso butifarrero.
Fijáos bien, amigos míos, ¡que os lo estoy transmitiendo en directo! Ya sé que no os interesa mucho, pero como a mí sí, pues lo pongo.
El resto del día ha sido una verdadera mierda. He tenido muchísimo trabajo, y las espectativas son de que los nubarrones sean lluvia.
Ya casi llego tarde al ensayo. Voy para allá, y ya os contaré pronto. Hasta entonces, un abrazo fuerte y una patada en los cojones.
El dos mil ocho ya ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Estos días desde que empezó el año he estado haciendo un análisis de lo que ha sido el dos mil siete. Me he sorprendido al darme cuenta de que en general, y si me centro en lo que me ha pasado a mí, ha sido un buen año.
Ya he vuelto de hacer la lista de pros y contras. Para confeccionarla he gastado setecientos sesenta bolígrafos bic, dos aspersores de pintura roja, cincuenta y una gomas de borrar (que no borraban la tinta de los bic, pero me servían para un masticado desestresante), ocho paquetes de folios de quinientas hojas a los que he llamado "Pedro", y un cerebro estandar de bajo consumo y bajo rendimiento.
Estoy ensayando una obra de teatro con un grupo que se llama Caribú. La obra es "Los árboles mueren de pie". Yo hago de Mauricio. La directora se llama Rebeca. El otro día Rebeca le contaba a una de las actrices:
- ¿Sabes por qué le escogimos a él? Porque en el email que mandó, el asunto era "Mamá, quiero ser artista / ¡Ay mamá! Protagonista…".
Como tienen la dirección del blog, no podría decir lo que me parecen sin que pareciese que estoy haciéndoles la pelota, y/o sin sentirme culpable por no hacerles la pelota. Más adelante os contaré con detalle ¡cuando pueda pagarme a un abogado!
No soy buen actor, pero intento hacerlo lo mejor que puedo. Soy un poco gañancete así que me esfuerzo por que no pierdan la paciencia conmigo. En todo caso y salga como salga, me lo estoy pasando bien y me apetecía mucho hacerlo. Ya os diré cuando estrenemos la obra, pero por lo que me ha dicho será en Marzo.
Un abrazo a todos. Bienvenidos de nuevo.

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