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Esta imágen os sonará:

Es el escritorio por defecto de Windows, y se la conoce como “bliss”. Se trata de una fotografía del este de Sonoma Valley, un valle plagado de viñedos en California.

La fotografía fue realizada por Charles O’rear, un fotógrafo americano que ha trabajado durante veinticinco años para National Geographic.

Actualmente, el mismo sitio tiene esta pinta:

Me he enterado hoy en este interesante artículo (en inglés) donde cuentan otras curiosidades:

Charles O’Rear solía pasar por esa colina casi cada día entre su hogar en Napa y su mujer, que vivía en Marin Country. Siempre llevaba una cámara. Un día (debía ser en Enero), hizo una parada en el trayecto(aunque era peligroso pararse en esa carretera): después de un mes de lluvias, había salido el sol y se veía una hierba preciosa. El tiempo en invierno puede cambiar drásticamente. Una pausa en la tormenta. Un cielo azul intenso con nubes de cúmulo. Tal vez más tarde aquél día llovió. El azul era un color importante de la marca ya por el noventa y cinco. Las nubes y el cielo eran un tema común en muchos aspectos de la identidad del producto…

Por lo peligroso de la carretera y desde dónde hizo la foto, no usó un trípode.

La mayor parte de la zona se usaba para las viñas, y lo mismo pasó con esta colina, pero a principios de los noventa un bicho infestó las viñas y las echó a perder. El viñedo entero tuvo que ser arrancado. Durante unos pocos años, tuvo que estar cubierto de hierba. El momento en que le compraron las imágenes al fotógrafo, ya habían vuelto a plantar viñas.

Es solo una lámpara, y estás enfermo si has creído ver otra cosa. ¡Gaznápiro!

Pienses lo que pienses sobre tu físico, probablemente la gente será más amable contigo si pasas tu vida intentando parecer un muñeco inexpresivo diseñado por una niña consentida, o un monstruo. Si no lo haces, la sociedad te dará tu castigo como bien les han aleccionado. Solo a veces se da la casualidad de que los primeros aúpan a los segundos, y está muy bien ver a los perdedores natos saludando desde arriba de la cadena alimenticia. Uno de estos casos es el de Robert Crumb.

Ayer descubrí por casualidad un documental de dos horas sobre Robert Crumb (el dibujante de cómics underground) producido por David Lynch, subtitulado en español.

Comencé a verlo sin especial interés, pero me he quedado embobado las dos horas que dura. Os puede interesar por conocerle como artista genial, como tipo prolífico y adelantado, o porque es un puto bicho raro maniático, tímido mórbido, y es sincero. También aparecen sus amigos y su hermano, y… es muy curioso oirles. Charles, el hermano narcisista homicida suicida, se pegó un tiro un año después de que hiciesen el documental.

El documental es muy interesante aunque solo fuese por enseñar con naturalidad y sinceridad un mapa de la mente humana. Un mapa retorcido y manchado de saliva.

Espero que os guste.

Aditya Romeo Dev es un culturista indio que pesa nueve kilos.

Aquí aparece con su entrenador, que dice de él: “es un obsesivo de las pesas”, aunque aclara: “Debido a su pequeño tamaño, no le asigné ejercicios duros. Pero Romeo entrena más o menos lo mismo que cualquier otra persona, y es mucho más decidido”. En la siguiente foto aparecen juntos, y si hacéis clic sobre ella iréis a la página he conocido su historia (aunque no tiene mucha información).

Según cuenta la propietaria de este video de youtube, al tener a su hija se quedó ciega de un ojo. Después de algún problema médico, tuvieron que quitárselo.

En este video, esta preciosa chica se quita y se pone el ojo de cristal con toda naturalidad. Curioso. Yo me acabo de enterar que no son esferas.

Los yamakasi son, resumiendo, los chavales que combinan acrobacias con entornos urbanos. Hay por lo visto diferencias entre los yamakasi y los parkour (completito el artículo de la wikipedia), pero en mi modesta opinión admito que a las 6 de la mañana sin haber dormido no me percato de ellas, y probablemente nunca lo voy a intentar.

Sea como sea os mando un video de practicantes del parkour (tentado he estado de escribir parkouristas y quedarme tan ancho) poniéndose el pantalon mediante acrobacias y saltos mortales. A mí que he estado a punto de perder la vida varias veces mientras me intentaba poner un calcetín de pie, estas cosas me impresionan.

Mikael Ekvall es un maratonista sueco de diecinueve años. Ahora es famoso en todo el mundo.

El bueno de Mikael Ekvall

El bueno de Mikael Ekvall

Se entrenó con constancia, durante meses, para participar en un maratón. A cinco kilómetros de la meta un problema se interpuso entre nuestro amigo y la victoria. Muchos con el mismo problema hubiesen abandonado, pero él siguió, luchando por su sueño. Decidió ignorar el problema, y consiguió su record personal en esa misma carrera.

¿Por qué nadie le abrazó a su llegada? ¿Por qué nadie le aplaudió el mérito deportivo?¿Por qué es famoso en todo el mundo ahora? Ya noto la enjundia en vuestro palpitar: algunos de vosotros, por naturaleza guarros, la habéis adivinado enseguida. Los que os aventuréis a ver la primera foto y la segunda del corredor de maratón sueco, quedáis advertidos de que no os va a gustar, y que seguramente vosotros tampoco le hubiéseis abrazado en la meta.

La noticia la vi en esta página.

Cuando era pequeño me apasionaba la película “Dentro del laberinto“. La he visto cientos de veces, e incluso ya hablé sobre uno de sus personajes denunciando lo que yo creo que es un plagio en un artículo de hace tiempo.

Tal como descubrí ya de mayor (cuando la gran Mayte me dejó la película en DVD) resulta que no era David Bowie quien hacía acrobacias con la bola de cristal. En el “Cómo se hizo” se podía ver cómo David no hacía más que ocultar su brazo derecho mientras la mano de un profesional ocupaba su lugar. El dueño de esa mano era Michael Moschen, un malabarista de quien podéis ver muchos videos en youtube. Era gracioso ver el documental del DVD porque el pobre hombre para ocultarse de la cámara tenía que poner posturas imposibles y no podía ver la bola que estaba manejando. Debido a esa dificultad, las bolas de cristal se le caían una y otra vez ante la mirada de aburrimiento del señor Bowie.

Entre los videos que he encontrado, el siguiente en el que realiza el mismo malabarismo que en la película, esta vez con una sola bola de cristal.

Me he tenido que pasar toda la noche despierto porque mi perrita tiene una noche muy rara. Es muy mayor; tiene más de catorce años. Por eso y como suele ser muy buena, no es habitual que se queje. Como ha estado muy rara e inquieta la he velado tranquilizándola.

Mientras tanto he descubierto navegando que entre las modificaciones corporales posibles, hay una que consiste en el tatuaje de la córnea. El procedimiento es más o menos el mismo que se usa para tatuar la piel.

No entiendo qué coño puede pasarle por la cabeza a una persona para querer tatuarse la bola del ojo con manchas azules, pero por si acaso queréis saber cómo es la cosa, aquí tenéis unas fotos de las que por supuesto no pongo ninguna muestra en EsrarodorarsE.

¡Hola chavalada!

El embotijamiento me cubre con sus alas de mosca gigantes y mojadas, como en una crisálida de nervios y piel a punto de romperse. Con leer la frase que acabo de escribir, os haréis a la idea de hasta que punto estoy agilipollado.

Acabo de llegar de Portugal donde he asistido a la boda de mi primo Bruno. Llevo seis horas sentado en una asiento supletorio, así que esperaré mejor momento para traeros morralla visual fresca y sabrosa. Os he echado de menos aunque solo hayan sido tres días.

Pronto las prometidas fotos.

¡Un abrazo fuerte a todos!

Me dan miedo los lagos. Por apacibles y limpios que parezcan, no puedo dejar de imaginar lo que se esconde debajo del agua.

Creo recordar que estábamos sentados Lidia y yo en la puerta del abogado, esperando a nuestros compañeros. Sea como fuere, en la conversación descubrimos que ambos tenemos algo en común. En una redacción del colegio comparamos a Dios con un oso hormiguero y a las personas con las hormigas.

Recuerdo la cara de mi profesora llamándome a la mesa y enseñándome la redacción tachada, decirme :”Que sea la última vez que comparas a Dios con un oso hormiguero”. Me encantó saber que a Lidia se le había ocurrido hacer esa comparación de niña también. “Yo lo hice como para poner de relieve la insignificancia de las hormigas y de nosotros” me dijo. Sonrío ahora al escribirlo y cuando lo oí, porque por fin alguien me entendía: yo había querido expresar exáctamente lo mismo.

Se lo conté y se rió o me lo contó y me reí. Sea como fuere, recuerdo perfectamente que insistí en darle un abrazo fuerte después de saberlo.

Me he acordado de todo esto al ver que hay un tipo en américa que tiene un oso hormiguero como mascota. Podéis ver la galería completa si hacéis clic en la foto:

Mirad esta foto. Los que quieran irse tranquilos a la cama, que dejen de leer (¡gracias por venir!). Los más valientes, que lean el texto de abajo.

Ya noto que algunos habéis enamorado. Esta linda chiquilla de aquí arriba es en realidad un chiquillo. Sí amigos, tiene cola. Empezó un tratamiento hormonal con doce años y ahora, que no tiene muchos más, ha firmado para una casa de discos. Esto quiere decir que vivimos en un mundo donde un niño de doce años puede meterse hormonas a porrillo para parecer una chica.

Cuantos más periódicos leo, cuanto más me informo, más ganas me dan de quedarme en una mecedora en casa con una escopeta apuntando a la puerta.

Si hacéis clic sobre la foto, iréis a la noticia del New York Times.

Un gráfico exacto y perfecto.

En color plata: “pastel que me he comido”.

En amarillo: “pastel que no me he comido”.

No sé cómo se puede presentar esto. Si sé que no hace falta. Alguien usa donuts como par para hamburguesas con queso y bacon. Inquietante.

En el New Yorker tienen un famoso chiste gráfico en cada edición. Una vez hicieron un concurso para, en una viñeta dada, ver quién era el que ponía el texto más gracioso. Ganó un tipo mandando el texto “Dios, qué gilipollas” (“Christ, what an asshole”).

Entonces se dieron cuenta de que ese texto valía para todas las viñetas que habían publicado. Podréis ver una buenísima recopilación que lo demuestra si hacéis clic sobre la imágen:

Ahora ya sabéis: probadlo en los chistes gráficos que os encontréis. ¡Funciona!

Jondee Berry era camarera en un “Hooters” americano. Su jefe por lo visto prometió regalar un “Toyota” al camarero que vendiese más cerveza. En cuanto esta señorita ganó la competición, se fue contentísima a recoger su premio.

Su jefe le esperaba sonriente mostrándole una caja que contenía un muñeco de La guerra de las galaxias. “Felicidades, aquí tienes tu premio”. No bromeaba. Toy-Yoda (muñeco Yoda) y Toyota (la marca de coches) se pronuncian en inglés prácticamente igual.

La camarera lo denunció. ¡Qué putada! Igual me descojoné al ver la foto del periódico.

Lo sé, lo sé. No estoy actualizando tanto como me gustaría. Estoy escribiendo pero para mí, y me estoy leyendo muchos libros pendientes. Por otra parte, mi padre se enteró hace poco de que estoy de vacaciones y pensó: “Hace 27 años tuve un hijo, y…¡coño! ahora ya debe servir de asistente personal”. Como se marea mucho al andar, le acompaño y le hago recados. Desde luego, un pringao de carrera soy.

Para que podáis pasar el tiempo hasta que vuelva vuestro Eduardín, hoy os traigo un juego estúpido y adictivo. Se llama “Adivina el Google“.

Cuando introducís una búsqueda en Google y hacéis clic sobre “imágenes”, os aparecen millones de fotos. El juego consiste en ver esas fotos y adivinar cuál fue la palabra que se introdujo. Está en inglés, eso sí, pero es muy curioso.

Aquí un pantallazo del juego:

Miro otra vez mis manos pero ya no hay sangre. Nadie puede mirar las tuberías. Solo tengo que quemar la toalla. El robot no sabría qué hacer con ella.

- Ya voy-respondo.

No tengo nada donde ocultar la toalla, así que la meto entre mi ropa interior y mis genitales. Ahora estarán rojos pero no puedo verlos.

Fuera, el robot sigue traduciendo los libros. Se ha atascado. Todos lo están pasando en grande. Todos menos Figueras, claro. Figueras está muerto y no quiero cerrarle los ojos.

Salgo, y desde la puerta les digo a todos que no entren. Se ríen y tardo en entender por qué.

- No es eso-sonrío y me sale fatal-. Es que he preparado algo.

- Tu robot es graciosísimo. ¡Quiero uno!-dice la gorda que ha traído la botella de vino más caro. No sé quién es. No me gusta. Ninguno de ellos me gusta, pero les necesito.

- Domiciliando el botarate ejecutable por mes definido-sigue el robot pasando el laser por la revista que le han dado. Creo que fue la gorda la que la trajo.

- ¡Basta, Cobe!

El robot se para, obediente.

- Pasa al baño y ejecuta el programa segundo que hemos ensayado. ¿Te acuerdas?

El robot me apunta con el laser. Tengo que acordarme de corregirlo más tarde; no me gusta que me mire a los ojos. Podría hacerme algo en la retina.

Todos miran en silencio cómo el robot pasa al servicio (con la luz apagada, como le enseñé).
La gorda me mira a mí. Quiere que sepa que está fascinada. Sonrío como puedo. Me doy la vuelta.
Ahora es cuando se demostrará si mi plan funciona o no.

En el baño empiezan a oirse las grabaciones de ventosidades. “¡Oh!-grita el robot con su tono aséptico-. No debería haber pedido los champiñones”. Después, otra ventosidad.

Todos ríen. La gorda ríe aplaudiendo. Yo no río. Estoy pendiente de si se oye algo más, o es como en los ensayos.

Ahora mismo el robot prototipo debería ocultar bajo la reproducción de las grabaciones de ventosidades el ruido que hará para despedazar el cadaver tal como le enseñé.

- ¡No he comido esto!¡Es lechuga!-dice desde el baño. Entre “esto” y “lechuga” he podido oir clarísimamente el cuchillo. Los demás siguen riendo y por eso no lo han oído. Pero se oye.

Me siento sobre el sofá e intento no concentrarme en el ruido. El robot sigue diciendo chascarrillos que a veces

¡CHOC!Zummm¡CHOC!

dejan silencios en los que se oye lo que no quiero que se oiga. Ahora yp debería estar saliendo por la puerta, pero me salto mi plan. Me va a dar un infarto si me voy ahora.

- Oye, Julio, ¿estás bien?- mi hermano ha dejado de reirse. Está pálido y me coge del hombro. No me gusta que haga eso.

- No me toques, por favor.

Retira la mano. El robot sigue en el baño reproduciendo grabaciones. Creo que esta está repetida.

- ¿Pero estás bien?

Sigo su mirada. Me acabo de dar cuenta de que me he sentado sobre la toalla que guardo en mi ropa interior. El sofá está tiñéndose de rojo lentamente, y mi bragueta parece el pañuelo de un matarife. Soy estúpido.
Silencio en el baño. ¿Ya han pasado cinco minutos?

- Sí, tío, estoy bien. Tranquilo, es una pequeña herida, pero muy escandalosa.

La gorda se pone la palma de la mano en el corazón.

- Debería verlo alguien.

- No quiero que lo vea nadie-respondo. Me he cortado sin más, pero estoy perfectamente.

Alguien va a buscarme una copa.

El robot sale del baño lentamente y me mira. Tal como convenimos, silba. Elegí Re menor, pero en realidad no tengo ni idea de cuál es la nota que acabo de oír.

- Bien, Cobe. Retírate y da un paseo.

El robot se despide de todos con una pequeña reverencia que le hace tambalearse (seguramente no calculé bien cuánto pesaría Figueras) pero se recupera y sonríe. “Buenas noches” dice, y sale por la puerta.

Todos sonríen un poco más relajados menos mi hermano que no deja de mirarme. Él es el único que no ve el cuero cabelludo que se le ha quedado al robot enganchado en el tobillo.

La gorda grita.

La odio.

¡Es jueves!

Como sé de buena tinta que a algunos de vosotros lo que os más os gusta del blog son las fotos ñoñas, os traigo una galería de fotos de animales que no viene a cuento.

Se la dedico a José Luis, quien me pincha continuamente por mi amor a los animales. ¡Hasta me enfrenta con un compañero cazador y con otro con vocación de torero! Ya hay que tener mala leche. Habrá buenas personas que cacen, digo yo. Soy un tipo bastante razonable en casi todo, pero qué queréis que os diga… si pienso en que alguien sale al campo para reventar a tiros la cabeza de seres como este…

… hace que quiera regalarle a cada conejito un rifle de asalto.

Tiene que haber un término medio entre un torero y alguien tan moñas como yo, pero para los que están en mi extremo, tenéis más partes de esa galería aquÍ:

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once.

Sé, José Luis, que cuando vuelva de vacaciones seguirás pinchándome con lo de los animales. Por ahora me conformo con saber que mientras veas estas galerías, yo estaré sobando como un ceporro. :P

Un abrazo.

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