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Hoy os voy a dar el tremendo regalo y descanso de callarme yo para darle la palabra a un maestro. Hoy os traigo una de mis poesías favoritas de uno de mis poetas favoritos. De hecho creo que fue el primer poema que me llamó la atención de niño, y que calló mis maldiciones contra los tercetos, sonetos y metáforas que me hacían analizar y que no significaban nada. Esta, descubrí, sí significaba algo: por primera vez (y todavía no sabía los cientos de veces más que me esperaban a la vuelta del reloj) me dí cuenta de que a veces esas inteligibles combinaciones crípticas de palabras rebuscadas, si uno se olvidaba de tener que contar sílabas, saltaban y le daban a uno un puñetazo en la tripa. Este poema puso nombre a los puntos cardinales que se me anudaban en la garganta al ver una corrida de toros.
Vaya, me alboroto diciendo tonterías igual que la gente que se pone de puntillas en las fotos si está al lado de alguien más alto; parece que no me doy cuenta de que antes de un poema del maestro Miguel Hernández, cualquier cosa que se ponga es (por candorosa y bien intencionada que intente ser) una memez.
LLAMO AL TORO DE ESPAÑA (Miguel Hernández)
Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.
Despiértate.
Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aún no te has despertado como despierta un toro
cuando se le acomete con traiciones lobunas.
Levántate.
Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.
Esgrímete.
Toro en la primavera más toro que otras veces,
en España más toro, toro, que en otras partes.
Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.
Desencadénate.
Desencadena el raudo corazón que te orienta
por las plazas de España, sobre su astral arena.
A desollarte vivo vienen lobos y águilas
que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.
Yérguete.
No te van a castrar: no dejarás que llegue
hasta tus atributos de varón abundante
esa mano felina que pretende arrancártelos
de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.
Víbrate.
No te van a absorber la sangre de riqueza,
no te arrebatarán los ojos minerales.
La piel donde recoge resplandor el lucero
no arrancarán del toro de torrencial mercurio.
Revuélvete.
Es como si quisieran arrancar la piel al sol,
al torrente la espuma con uña y picotazo.
No te van a castrar, poder tan masculino
que fecundas la piedra; no te van a castrar.
Truénate.
No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás
si no es para escarbar sangre y furia en la arena,
unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas
abalanzarse luego con decisión de rayo.
Abalánzate.
Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado,
y en el granito fiero paciste la fiereza:
revuélvete en el alma de todos los que han visto
la luz primera en esta península ultrajada.
Revuélvete.
Partido en dos pedazos, este toro de siglos,
este toro que dentro de nosotros habita:
partido en dos mitades, con una mataría
y con la otra mitad moriría luchando.
Atorbellínate.
De la airada cabeza que fortalece el mundo,
del cuello como un bloque de titanes en marcha,
brotará la victoria como un ancho bramido
que hará sangrar al mármol y sonar a la arena.
Sálvate.
Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate.
Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.
Atorbellínate, toro: revuélvete.
Sálvate, denso toro de emoción y de España.
Sálvate.
Para celebrar que ya han acabado las pruebas médicas y que no tenido problema con ninguna, os regalo este video. Tenéis que verlo.
¿Os ha molado? Bueno, ya sé que “molar” no es el verbo, pero si os ha estremecido y queréis estremeceros otra vez, aquí tenéis otra canción suya: “Cerveza cerveza”. La letra de esta canción que canta esta niña con nueve años dice “Cerveza,cerveza, quiero tomar cerveza (BIS) /porque ya bastante sufro en la vida / porque mi amorcito se ha marchado lejos”.
Maaaaadre mía. Maaaaaadre mía.
Tiene una página con más videos que si véis, ya os digo yo que os dejará catatónicos, pero os lo merecéis.
Los aprensivos y los sensibles, pasad de leer esta entrada. Es un puto coñazo cuando alguien te cuenta por qué está malo y lo que le han hecho, ya lo sé.
Hace tiempo escribí en ¡EsrarodorarsE! una carta de amor al omeprazol. Fue unl argo camino hasta esa carta. Llevo padeciendo de acidez desde hace tres o cuatro años. Cuando empezó era perfectamente normal; después de comerme cuatro whoppers, mi estómago se quejaba, y yo pensaba que era justo. Después la cosa fue empeorando y ya llegaba un momento en el que tenía que tomar almax para poder conciliar el sueño. Si no, al estar tumbado, el ácido de batería subía desde mi estómago hasta mi garganta, y me daban escalofríos. Es muy incómodo.
Después de mejoras y empeoramientos he llegado a un punto en que, depende de la racha, no puedo comerme unas verduritas y un poco de pollo cocido sin que parezca luego que estoy digiriendo la batería oxidada de un Simca 1200. Me preocupaba y fui al médico.
El especialista de digestivo piensa que puede ser una bacteria llamada “helicobacter pylori” que por lo visto tienen dos tercios de la población mundial. Para averiguar si era esta la causa de mis digestiones de boa que se ha comido a un misionero, me mandó unas pruebas. Hoy ha sido la primera.
Me han metido por la nariz un metro de tubo hasta el estómago. Para aminorar el cacharreo le ha puesto en la punta vaseilna. Cuando pasa por la garganta es una sensación rarísima. Me metían con una jeringuilla chorrazos de agua para que el tubo en mi garganta pasase hacia el esófago y no hacia los pulmones (esto lo supongo yo, cuidao). Después lo van sacando de centímetro en centímetro, y cada vez que sacan un poco hacen doble clic en el ordenador.
Curioso ha sido la manera tan cobarde que he tenido de renunciar a mi altura. Según la máquina o el metro, mido 1,83 o 1,82. Dejo bien claro que le saco dos o tres centímetros al uno ochenta, y aunque no me importe la altura de nadie, si generalizan con el “uno ochenta”, yo lo rectifico. En este caso, sin embargo, cuando la doctora estaba metiendo el tubo amarillo por mi nariz, me ha preguntado “¿Cuánto mides?” y sin pensar he respondido: Uno ochenta. Quizá un poco menos”. Nos ha jodido. Ella ha dicho: “quizá un poco más”. Qué listos son los hijos de puta. Me ha metido un tramo más de tubo después de eso, y ya está.
La siguiente prueba es mucho más incómoda y todavía estoy con ella. Tengo que llevar un tubito del tamaño del contenedor de la tinta de un boli bic que llega hasta la mitad del esófago, durante veinticuatro horas. Yo pensé que se trataría de algo menos cantoso, la verdad. Después de ver tantas películas de ciencia ficción, pensé que tendríamos una tecnología fenomenal que permitiese que el tubito fuese microscópico, y fuese graciosamente camuflado en mi nariz (en la que hay sitio para camuflar un Harrier, también es cierto). Mis esperanzas estético ficcionales se desvanecieron al ver el tubo amarillo con rayas azules y una especie de micrófono diminuto en el extremo. “Este tiene que ser sin vaselina, porque se fastidiaría el extremo, que es lo importante”. Guay.
Ahora tengo el tubo metido, y sale por mi nariz para llegar hasta mi oreja (todo ello con mucho esparadrapo) para acabar en una gameboy gigante que tengo atada como una riñonera al altura del esternon. Lo que se dice un cromo. Esta mañana iba con zapatillas, mi abrigo negro, el tubo, y fumando; ha sido interesante pararme para esperar el semáforo en verde y notar la mirada de la gente. Supongo que parece que estoy muy jodido. Todo el mundo me mira como si llevase un gato muerto en la cara. A mí me entra la risa.
Hablando de gatos: la mía, como previamente había reclamado mi tórax como tierra conquistada para el reino de España y para sus caprichos, se ha tomado fatal mi decisión caprichosa de ponerme electrodos saliendo de la nariz, y sobre todo está muy molesta con el cacharro que registra los electrodos. Llevo todo lo que va de día apartándola. Al rato se cansa, pero sé que está pensando “tarde o temprano te dormirás, y podré acabar con el invasor”. ¡Qué manía le ha entrado con sentarse encima de mi tripa!Antes me ha despertado en una operación militar consistente en subirse a mi costado para, aprovechando mi descuido, meterle un zarpazo fenomenal a la máquina. Yo me he despertado, me he acordado de toda su descendencia y ya no me he podido dormir de nuevo. Desde el incidente, la pobre ha renunciado más o menos a sus ataques, pero lleva todo el rato acostada a mi lado.
He tenido mucha suerte con la doctora: ha tenido la amabilidad de irme explicando qué era cada una de las cosas, lo que iba a sentir, ha sido sincera, y me iba tranquilizando y felicitándome por la relajación.
He tenido una conversación completamente absurda con la pobre mujer. En la habitación estaba puesta la radio, y durante el rato más incómodo (tienes que estar un minuto sin tragar, luego jeringuillazo de agua y vuelta a empezar), estaba sonando “She works hard for the money”. Yo estaba tan tranquilo que me he distraído recordando la de copas que habré tomado en el Fever con el persianista escuchando esa canción y he tragado sin pensar.
- Te he visto-me ha dicho ella.
- ¿El qué?
- Tragar.
- ¡Ah! Perdón. Me he distraído pensando en Donna Summer.
- Qué bueno.
- ¿Donna Summer? – he preguntado con alegría.
- No hombre. Que te distraigas. Eso quiere decir que la prueba no te está resultando dura.
- No, la verdad es que no. ¿A la gente le resulta dura?
- Es algo incómodo, y hay mucha gente que se pone muy nerviosa.
- Pues perdón por distraerme. Si tenemos que repetir la prueba, lo entiendo y me fastidio.
- No hace falta.
Dejo para vuestra reflexión el hecho de que todas mis frases las dije sin tragar saliva entre frase y frase. Tiene su mérito.
La doctora ha sido muy tajante diciéndome que no puedo estar siquiera en una habitación en la que hubiera móviles encendidos. “Interfieren con la señal y hacen que yo luego no pueda leer nada de aquí”. Me ha dicho que es inevitable recibir radiofrecuencias de muchos sitios, pero que si yo tenía WiFi en casa, la apagase. Llevo todo el día sin el móvil, y supongo que mucha gente me estará llamando para ver qué tal estoy. Si leéis esto, ya sabéis que bien.
El tubo al pasar por la garganta es un coñazo. Para que me entendáis, es como tener una espina de pescado detrás de la campanilla que no se va con migas de pan. ¿Queréis saber algo grotesco? Cuando como, tal como me advirtió la doctora, el tubo se va hacia abajo, y como lo tengo enganchado con esparadrapo en la nariz, se tensa como la caña de un pescador que acaba de tener suerte. Tengo que relajar la garganta para que vuelva todo a su ser y dar otro bocado de comida.
No había coincidido nunca en la puerta con mi vecina de enfrente. Parece una chica muy simpática, y su novio también. Hoy justo hemos coincidido. Habrá pensado que estoy en las últimas.
En fin, chavalada, que mañana me quitan esto y me hacen feliz. Mientras tanto he dudado sobre si poner un documental sobre el reflujo gastroesofágico. Finalmente mis caderas han dicho que no, y os traigo algo que mola bastante más. “She works hard for the money”, de Donna Summer:
En esta página podéis ver un montón de mapas de Europa de la época hechos por artistas gráficos. Muy curioso. Como muestra, este mismo (en tamaño original si hacéis clic sobre él):
Esperemos que a Hamilton le pase en el momento decisivo como al pobre hombre de este video:
¡Jur jur!
Me gustan los palíndromos. No puedo evitar leer cualquier cartel que encuentro al revés, o cualquier frase, e intentar combinarla en silencio hasta formar un palíndromo con sentido. Me pasa igual con las cifras; los teléfonos, las IPs, las edades… todo intento relacionarlo con el número trece.
¿No sabes lo que es un palíndromo? Un palíndromo es una frase o una palabra que se leen igual hacia atrás que hacia delante. Para ponerle nombre a mi blog, quería elegir uno super chorra, y a fe mía que lo conseguí. Aquí tenéis una lista y otra de las que destaco frases como la que he usado en el título de este post, además de:
¿Ligará Gil o no ligará Gil?
¿El bar o no? Hoy rey, ayer, yo, honorable.
Oír Aída en ópera, la lírica Cirila la repone a diario.
Sor Rebeca hace berros.
Se corta Sarita a tiras atroces.
Al amanecer asaré cena mala.
¡Eh! Corred, sometemos derroche.
¿Qué os parecen? Una chorrada impresionante, ¿verdad? Pues eso es buena señal; si no fuese así y os llamase la atención el fenómeno, os pasaría como a mí, que derrocho mis mejores y más sanas neuronas a combinar frases que como mucho, acaban sonando como las de arriba. Las neuronas de segunda clase las desperdicio intentando componer frases en las que estos palíndromos quepan sin rechinar demasiado.
Alguna vez consigo un palíndromo al vuelo, y puedo pensar en un contexto en el que quede bien. Si tengo a algún pobre incauto cerca, a veces, de puro entusiasmo, tengo la necesidad de compartirlo. Mientras estoy explicando el contexto y casi siempre antes de llegar a la frase final, mientras intento por ejemplo darle sentido a una frase como “Acaparé Venus y su nevera, Paca” miro sus ojos inexpresivos y adivino que los dos estamos pensando lo mismo: que alguien debería acabar con mi vida de un disparo.
La americana Wendy Brown ha sido acusada de robar la identidad de su hija para poder entrar en la universidad de Ashwaubenon y así poder entrar en el equipo de animadoras. Tiene 33 años y alega en su defensa que no está bien de la puta cabeza.
La querella penal señala que Brown admitió haber dicho a los directivos de la escuela que tenía 15 años, porque quería obtener su diploma del bachillerato y unirse al equipo de animadoras.
Supuestamente, Brown asistió a los entrenamientos de ese equipo, recibió un casillero y se presentó a una fiesta junto a una piscina en la casa del entrenador.
La querella añade que Brown tenía antecedentes de suplantación de identidad. Su hija, en tanto, vive en Nevada con su abuela.
Aquí la noticia en español, y aquí la foto (no os emocionéis, que no va vestida de animadora
)
He descubierto esta página donde recopilan las cien peores portadas de discos de la historia. Viendo la clasificación aclaro que no están todas las que son, ni son todas las que están. De momento me han hecho pensar que quizá tendrá razón H muda y tengamos que arrancar los años ochenta de los libros de historia, de nuestra memoria y de nuestros almanaques.
En el número 24 encontraréis a un español. El cantante Tino, de Parchis, con su “Por primera vez”, en cuya cubierta presume de muslazos, cara sensi y manita golosa.
Como curiosidad, en el número dos hay una portada que se censuró de “Virgin killer” de los Scorpions, en el que sale una niña censurada en pelotas con una luz que le sale de salva sea la parte.
Algunos comentarios (se ven a la derecha de las carátulas, furros) son muy buenos.
En honor al amigo Persianista, y por el calvario detectivesco que ha estado pasando (y que os anuncio que ya ha acabado), pongo aquí dos fotografías de los animales que tanto les gustan, y que están rulando hoy por la red: un tiburón triste y un tiburón contento.
Lo que voy a contar es una anécdota completamente cierta. Algunos ya la sabréis, porque me encanta contarla.
Estábamos en segundo de B.U.P. en La Salle de San Rafael. Yo estaba en la última fila, y a mi derecha se sentaba Adrián Pérez. Qué grande Adrián. Era un pieza de cuidado y yo no paraba de reirme con él.
Se le daba fatal el inglés, y a mí se me daba muy bien. Por eso cuando le preguntaban o había algún exámen, se preocupaba más por estar bien situado cerca de mí (o en un sitio donde no se le viese) que por intentar aprender nada del temario. No le culpo. Qué gran tipo.
La profesora se llamaba Toñi, creo, y era muy buena profesora. No sé qué tienen las profesoras de inglés, pero algunas, con el conocimiento del idioma, han adquirido maneras y costumbres inglesas. Este era el caso de esta encantadora señora. No olvidaré cómo me pasé toda la proyección de “My Fair Lady” mirándola a ella disfrutar.
Esa tarde estábamos estudiando el plural de palabras en inglés. La profesora, después de ir preguntando por la clase, miró a Adrián que estaba garabateando algo (seguramente el logo del Space of Sound que dibujaba compulsivamente).
- Adrián -susto de mi amigo-. Plural de “bacterium”.
Adrián disimuladamente se cogió el flequillo y me miró evidentemente para que le soplase la respuesta. Para darme el tiempo de hacerlo, repitió como pensando:
- Plural de “bacterium”. Pues…
Me miró abriendo los ojos. Yo estaba cansado de que siempre me preguntase a mí, y le dije lo primero que se me pasó por la cabeza. En esa época en la televisión daban “Matrimonio con hijos” pero en la versión posterior en la que había un peluche que se llamaba “Sr. Floppy”.
- Floper-le susurré.
- ¡Adrián!-gritó la profesora.
- Sí sí, un momento, creo que es…
Me miró como diciendo ¿”estás loco”?. Yo asentí: “fíate de mí, que es así, coño”. Él negó con la cabeza, pero yo me puse serio y repetí: “plural de bacterium: floper, coño”.
Cuando Adrián miró hacia delante dubitativo, se encontró de bruces a la profesora, que aunque era encantadora, le sentaba tan mal como a cualquier otro que no le hiciesen caso. Se puso serio, se sentó derecho en su silla y carraspeó.
- ¡Dime ahora mismo el plural de bacterium!
Adrián se secó el sudor, me miró (asentí tranquilo) y luego miró a la cara a la profesora pero sin mucho convencimiento por lo que iba a decir.
- Em… ¿Floper?
Los ojos de la profesora se abrieron de par en par.
- ¿Tú te crees que soy imbécil? ¿El plural de bacterium va a ser “floper”? ¿¿TE ESTÁS QUEDANDO CONMIGO??
A eso siguieron cinco minutos de ponerle verde y decirle lo mal que había ido siempre en inglés. Yo no sé muy bien qué le dijeron porque estaba más preocupado de no morirme intentando aguantar la risa. Finalmente no pude.
Adri era muy buen tipo, y lo más que hizo fue darme luego dos collejas y cagarse en mi padre, pero no estaba enfadado de verdad.
Pasan los años y todavía sonrío al recordarlo. Floper. Qué tío.
He encontrado uno de esos juegos chorra al que no puedo parar de jugar.
Como es habitual en este tipo de juegos, el funcionamiento es de lo más sencillo. ¿Se os da bien medir a ojo? Vamos a verlo.
El juego consiste en una serie de figuras geométricas que están incompletas. Hay que arrastrar el punto que aparece hasta un punto exacto según lo que se nos pida en cada prueba. Hay siete pruebas distintas que os traduzco, aunque estoy seguro de que no es necesario:
- Punto medio: Nos aparecen dos puntos y hay que colocar la cruz en el punto medio exacto entre los dos.
- Paralelogramo: Hay que colocar el punto para que, con las líneas que convergen hacia él, se forme un paralelogramo perfecto. Los paralelogramos son las figuras geométricas de cuatro lados, y de dos a dos son paralelos. Vamos, que un puto cuadrado o un puto rectángulo son paralelogramos, pero no un triángulo.
- Bisección del ángulo: hay que arrastrar la línea para dividir el ángulo en dos partes exáctamente iguales.
- Centro del triángulo: se puede formar un círculo perfecto que toque las tres caras de cualquier triángulo. ¿Dónde estaría el centro de ese círculo?
- Centro del círculo: adivinad.
- Ángulo Recto: hay que formar, arrastrando el segmento, un ángulo perfecto de noventa grados.
- Convergencia: encontrar el punto exacto donde convergen tres líneas.
Después de que soltéis el punto donde creéis que está, aparecerá marcado en verde el punto correcto y abajo la cantidad de unidades que distan desde lo que habéis puesto al punto correcto. Arriba a la derecha vuestras estadísticas y abajo las estadísticas de los últimos 10.000 juegos de la peña.
Ya sé que os da dolor de cabeza la trigonometría, y que solo visitáis mi blog para ver moñadas o bizarradas (hoy me ha enseñado Pilar que en la R.A.E. bizarro solo tiene las acepciones de espléndido, valiente, generoso y lúcido, y encima la cabrona tenía razón), y aunque explicado parezca dificil, en cuanto juguéis una ronda vereés que es más sencillo que el tetris.
Ya me diréis si os mola.
Hoy me he enterado en el trabajo de que Miguel de la Quadra salcedo fue ganó la medalla de oro de lanzamiento de jabalina, y que de hecho pulverizó el anterior record. Lo hizo lanzando la jabalina, en lugar de como se hacía hasta entonces, tirándola como los lanzadores de palanca vascos lanzan las palancas: rotando.
He investigado y efectivamente, en el artículo que le dedica la wikipedia leemos:
Batió la plusmarca mundial de jabalina con una técnica adaptada por Félix Euausquin de la del lanzamiento de barra vasca. Ante la peligrosidad que ofrecía esta técnica para lanzadores inexpertos, la IAAF se vio en la obligación de modificar el reglamento por dos veces, incluyendo en el reglamento que ni el lanzador ni la jabalina podían estar orientados en ningún momento del lanzamiento de espaldas a la zona de lanzamiento. Este récord no se homologó pese a ser la modificación posterior al lanzamiento.
Miguel de la Quadra en el encuentro digital de El Mundo, responde cuando le preguntan por esto:
6. Hola Miguel, he oído esta historia a retazos pero no acabo de enterarme bien de ella. ¿Podrías explicar cómo conseguiste batir el record del mundo en lanzamiento de jabalina, y por qué el COI (o quien fuera) no te homologó y no te dejó participar en los JJ.OO?
La injusticia se cometió al cambiar tres veces el reglamento internacional. Primero, se prohibieron las vueltas, después se obligó a que la punta de la jabalina estuviera mirando a la dirección del lanzamiento, pero estos cambios en los reglamentos nunca han sido retroactivos y en cambio sí lo fueron en nuestro caso. Con mi estilo superamos en más de 20 metros el récord del mundo que tenía el noruego Eric Danieldsen en 1956, en una distancia de 81,30 metros.
Os preguntaréis cómo coño lanzó la jabalina exáctamente. No he encontrado fotografías del estilo que usó, pero en esta página sobre deportes rurales vascos (cortar troncos, levantar piedras) tienen un apartado sobre el lanzamiento de palanca (palanka-jauriteka por lo visto) que lo explica:
Antes de lanzar la palanca, los/as tiradores/as la mojan con agua o aceite para que deslice mejor en la mano. Conocemos 7 formas de las que imperaron 3 como obligatorias:
1. Desde el pecho, se coloca el pie derecho tocando la raya, se sujeta la barra por el centro con la parte pesada de la barra hacia arriba y se extiende el brazo. Hecho el giro semicircular para el impulso, se lanza la barra, que deberá caer al suelo de punta y por el lado más grueso –
2. Girando, el/la lanzador/a se sitúa a unos metros de la raya y se acerca a la misma girando para coger impulso, cuando llega a la línea, lanza la barra –
3. Por debajo de las piernas, separadas las piernas, se balancea la palanca hasta coger impulso para lanzarla con fuerza.
Miguel de la Quadra también tiene varias plusmarcas mundiales en lanzamiento de martillo y otros deportes.
No sé si me imagino correctamente cómo se lanza la jabalina, pero sí sé que me encantaría ver la cara de los jueces, esperando ver un tiro como los otros doce mil que habrían visto antes, y contemplando como un tipo con bigote se ponía a dar vueltas con la jabalina a lanzarla como un puto pedrolo para pasar en más de veinte metros el record mundial.
Con dos cojones.
Casi siempre lo más divertido del blog son los comentarios. Estoy pendiente de los de la entrada anterior, y a vosotros os aconsejo que lo estéis también. ¿Lo notáis?
Bueno, vamos al tema. Hoy, no me preguntéis por qué, pero…
- ¿Por qué?
- Puta.
Perdonad la interrupción. Como decía: no me preguntéis por qué pero me he despertado con la canción Azzurro de Adriano Celentano en la cabeza. Muy probablemente será uno de esos fantasmas del sueño que sobreviven al despertador y que se nos enganchan al hipotálamo durante todo el día. Iba en el metro cantándola, y en cuanto he tenido un momento he buscado el video en youtube porque necesitaba escucharla:
No creo que se pueda molar más que Adriano Celentano. Me encanta la canción, pero encima poder ver esa camisa y esos bailarines haciendo un tren (y las vías). Creo que no podría molar como Adriano ni con superpoderes.
De pequeño me encantaba todo lo que veía de Adriano Celentano, pero llevaba veinte años sin acordarme siquiera de que existiese, excepto cuando escuchaba a los hinchas italianos de fútbol cantando esta misma canción.
He sentido curiosidad por saber qué decía la canción (no me preguntéis por qué)
(silencio)
He buscado en el google y enseguida he encontrado la letra en italiano y en español en una página que tiene cantidad de canciones traducidas.
Antes de daros el enlace os advierto que mi detector de páginas chungas dice que el sitio puede ser peligroso. Por si acaso, si no estáis bien protegidos, pasad al siguiente párrafo. La página se llama “Letras de canciones” y entre las que tiene, está la de Azzurro.
Por si no queréis entrar a esa página, hay otra (e incluso otra) que también tienen esas canciones horteras que tanto disfrutáis. Saber lo que dice la canción la cambia completamente. Muchas veces es para mal, claro, pero como dicen, aunque la curiosidad mató al gato, la satisfacción lo resucitó.
¡Ya estoy bueno! Sigo teniendo una tos que hace que mis vecinos quieran llamar al Samur social, pero estoy mucho mejor. Para celebrarlo sin hacer mucho esfuerzo mental (que siendo domingo no está la cosa para hacer alardes), después de todas las fotos que he visto este fin de semana, os mando una recopilación de las que se me han quedado en la retina.
Un grito de socorro:
Una imágen de pesadilla (yo juraría que he visto esto pero al contrario, aquella vez que en mi barrio una especie de zombies se adueñaron del tobogán):
Robert Pershing Wallow, el hombre más alto de quien tenemos noticia en la historia (llego a medir 2,72 m y a los diez años ya alcanzaba los dos metros):
Dedicado a El Persianista, gran entendedor (léase flipado) de los acuarios y los escualos (no, por favor, no hagáis chistes con “¿es cualo?” en vuestros comentarios, o tendré que echaros a una piscina con uno), esta galería de fotos de un tipo que ha comunicado dos acuarios con una autopista acuaríl por la que los pececillos pasean tranquilamente. Con dos avemarías y hacer doble clic sobre la imágen, veréis fotos de los paseantes.
Una pintura facial de un famoso cuadro. Sí, si no veis la cara sobre la que está pintado, fijaos bien, que la veréis:
Dedicada a José Luis (con ánimo de hacerle desistir de contarme historias horribles sobre los animales) esta imagen enternecedora de un chimpancé encariñado con un cachorro de tigre. Si hacéis clic sobre ella, veréis muchas más de la feliz pareja de amigos:
Y por último, y en este caso menos importante, el ganador a mi gusto del título gilipollas de Octubre: el niño surfista.
Perdonadme por mi ausencia estos días. Mi ordenador ha estado pachucho, y ahora lo estoy yo.
Mientras recopilo material fresco aprovecho para satisfacer la petición de Zarigüeya (lectora de este blog, así que os podéis hacer a la idea de la calaña a la que pertenece). Me pedía una zarigüeya para quitar el sabor acíbar de su boca al ver que en las galerías de fotos de animales sin venir a cuento, no había ningún ejemplar de este animal con quien identifiqué su carácter. Más o menos es asín.
Las zarigueyas son alimañas que Dios ha puesto en el mundo y hay que cuidarlas, pero me he vuelto loco hasta poder dar con una zarigüeya que no diese ganas de santiguarse o de poner cara de asco. He encontrado una verdadera monada de zarigüeyita.
Nos vemos pronto.
¡Un beso, Zarigüeya!









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