“El cianuro ¿solo o con leche?” es una obra de teatro de Millán Alonso. Tiene algunos momentos muy divertidos, y uno de ellos me tuvo riendo el otro día un buen rato.
Adela es una anciana en silla de ruedas. Ella y su hija Laura son dos viejas arpías avinagradas, aunque de sí mismas piensan que son pías y moralmente intachables. Marta es la chica de ciudad que ha ido a conocer con su novio a la familia de éste. Adela es la abuela de su novio, y por lo tanto, Laura, su tía.
El teatro no se ha hecho para ser leído, pero os servirá para haceros a la idea.
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ADELA
.—¡Nada de perdonar! ¡No hay que perdonar nunca! ¿Es que tu padre perdonó aquello?
LAURA
.—No hablemos de eso, madre.
ADELA
.—Y eso que sólo era un breve refrán castellano.
LAURA
.—¡Madre, no empecemos!
ADELA
.—Esta señorita tiene que saber lo del accidente… de aquel día. Había tormenta, una gran tormenta, como ahora.
LAURA
.—¡Diga que no! No la escuche. A todo el que viene se lo cuenta. ¡Ya estoy harta! Un día me abriré las venas.
MARTA
.—Bueno. Yo no tengo mucho interés. De manera que podemos jugar a las prendas. Es más entretenido.
ADELA
.—Él me lo decía siempre. ¡Era un canalla! Parece que le estoy viendo. Muy tranquilo, sin alterarse, con la voz monótona: “Adela, querida, no seas bicho, que un día te parto la columna vertebral”. Y me lo repetía una y otra vez al cabo del día: “Adela, querida, no seas bicho, que…”
LAURA
(Sollozando.)
—¡Ya está bien, madre! ¡Ya está bien!
ADELA
.—Y así siempre.
MARÍA
.—Y usted, ¿qué le decía?
ADELA
.—Nada. No le decía nada. A esa frase tan larga yo, en mi ingenuidad, le contestaba con un refrán castellano.
LAURA
.—¡Eso es! ¡Termina ya! ¡Que lo sepan todo! Cuando mi padre la amenazaba con partirla la columna vertebral, mi madre le decía: “¡Sí, sí! Perro ladrador, poco mordedor.” ¿Usted cree que eso se le puede decir a un marido?
MARTA
.—¡Ay, ay, ay! Que me estoy oliendo lo de la silla de ruedas.
LAURA
.—Un día, acababa mi madre de soltarle el dichoso refrán, cuando mi padre, muy tranquilo, como siempre, sin inmutarse, la cogió en brazos, la sacó a la escalera y, una vez allí…
ADELA
.—¡Cállate! ¡Cállate, te lo ordeno!
LAURA
.—…la tiró con todas sus fuerzas por el hueco. Como éste es un primer piso, tuvo que tirarla seis veces. Luego, mi padre abandonó esta casa para siempre.
ADELA
.—Cuando huía, el miserable aún pudo escuchar mi voz, desde el suelo, que le decía: “¡Que al que Dios se la dé San Pedro se la bendiga!”. (Llora). No lo olvidaré jamás.
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Si os ha gustado el extracto, aquí está la obra completa para leerla online.

2 comments
Comments feed for this article
10 Febrero 2009 a 12:50
musaranyas
Esta obra de teatro, la representaba mi madre!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
10 Febrero 2009 a 21:09
esrarodorarse
Anda, cómo mola. ¿Y qué papel hacía?