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Cuando era niño descubrí un secreto. Me pidieron que no lo revelara, pero voy a hacerlo ahora.
Mi cuarto estaba pintado de gotelé. No nos gustaba el gotelé, pero la casa era alquilada y no podíamos cambiarlo. Había muchas cosas de esa casa que no me gustaban, y que tuve que mirar durante quince años.
Yo siempre dormía pegado a la pared, mirándola. De entre manchas de pintura que parecen al azar, o desde la veta del mármol, o de las manchas de humedad, algunas veces se dejan descubrir caras, o escenarios, o gestos. Yo, que lo sabía como todos los niños lo saben, miraba las diminutas montañas hasta que, sin saber de dónde, lo que antes no tenía sentido, mostraba clarisimamente a un indio subido en un caballo con su hacha de guerra en alto. A veces la primera figura tarda en dejarse ver, pero después aparecen todas.
Más abajo, un carromato huía del indio, y a la vez la capota del carromato era la falda de una señorita gorda y delicada que sujetaba un paraguas absurdamente alto (¿o era un globo?¿por qué habría de sujetar un globo?). Aparecían piratas, vaqueros, y niños, muchos niños como yo.
Lo comentaba con los demás niños, pero ellos sólo podían ver los suyos, y eran incapaces de ver los míos.
- ¿No ves los ojos y la nariz?-le preguntaba yo a Carlos señalando una cara evidente.
Él se esforzaba y entrecerraba los ojos.
- No sé, no me parece una cara. Más bien parece la bota de un vaquero. ¿Lo ves? Aquí está la espuela.
Parte de la gracia era que las figuras no se podían compartir casi nunca. Cada uno veía las suyas, e intentar que otro niño viese las mías, era como enseñarle a silbar o a levantar la ceja si no podía hacerlo.
Enseguida los mayores me explicaron el fenómeno: en realidad es la imaginación de uno, que quiere ver lo que piensa y lo que siente. No hay tales dibujos, entonces. Resultaba que yo, por lo visto, tenía una imaginación tremenda. Entonces me reafirmé en mi opinión sobre el gotelé: si la pared hubiese estado lisa, también hubiera visto lo mismo con valles e imperfecciones en la pintura.
Yo era feliz pensando que todas esas cosas tan bonitas, no eran sino mérito mío y de mi imaginación. Me gustaba creerme creativo y sutil. Por lo visto, ese don ayudaba mucho a llevar la soledad, y era muy importante para ser un artista, que era lo que yo quería ser. Pero resultó que el mérito no era mío.
Un día, intentando cambiar la rueda a los patines, un tornillo se cayó y fue botando hasta la esquina a los pies de mi cama. Al ir a cogerlo no me costó nada ver algo en la pared. Eran unas letras, y no se mostraban difusas o desdibujadas como las figuras. En esta ocasión, no hacía falta fijarse mucho para poder leer perfectamente:
“Verhagen, 1983. C92784”
Aprovechando mi segunda vocación (en caso de que fallara el asunto de ser artista), la de detective, no me costó nada enterarme de que nadie había vivido ahí con ese nombre, y los pintores eran de Jaén y vivían en el centro de Madrid. Habían trabajado para la casera en muchas otras casas, así que se acordaba de la dirección y me la dió.
Cuando fui a verles había un hombre gordo con barba de tres días y el bigote de muchos más. Parecía triste, y supongo que le fastidiaba dejar de escribir en el ordenador para atender a un niño, por buen detective que este fuese.
- Vivo en una casa que pintaron. En Gaztambide.
- Pintamos muchas casas-me dijo.
- Es que en la mía hay algo pintado y no sé qué es.
- Mira niño-dijo, y se pasó la mano por la cara-, si hay algún problema con la pintura hablas con tu casera y le preguntas. Tengo mucho trabajo
El hombre parecía fastidiado, y desanimado yo, pensé en largarme. Enseguida pensé que eso diría muy poco de mi determinación con la profesión que había escogido (como segunda opción, pero aún así era importante). Además me soprendió que el hombre diese por sentado que nuestra casa era alquilada, cuando yo no se lo había dicho.Por lo tanto, insistí.
- No hay ningún problema. Es que estaba escrito esto, y supongo que lo habrán escrito ustedes- dije, y le alargué el papel en el que había escrito el texto de la esquina.
El hombre lo miró. Si no contase con mi sagacidad, no me habría dado cuenta de que al leerlo se le dilataron las pupilas. Por aquél entonces, una micra de diámetro en una pupila era suficiente para que supiese que estaba en el buen camino. No sé cuándo perdí esa facultad.
El hombre me devolvió el papel.
- No tengo ni idea de qué es. Lo habrá puesto algún vecinito tuyo.
- No tengo ningún vecino que se llame así.
El hombre se me quedó mirando fijamente. Se inclinó para coger un paquete de cigarrillos y pude ver que su papada era enorme. Aproveché lo que tardó en encenderlo para mirar la tienda. Todo tenía polvo menos una foto de un señor sonriente en blanco y una flor junto a ella.
Él seguía mirándome sin decir nada. Estaba pensando. Decidiendo. Estas son cosas que un detective puede reconocer. Yo estaba nervioso. Sin duda ese nombre significaba algo para él.
- Verás, chaval-me dijo después de echar el humo por la nariz-. Mi hermano era el que hacía esos trabajos. No sé por qué lo puso. ¿Dónde vives?
Le dije la dirección. Sacó una libreta llena de notas que sobresalían como lonchas de jamón york en un bocadillo. La abrió y buscó en ella. Los papeles se le caían, y tenía que volver a colocarlos. Al rato encontró mi dirección.
- Sí, ya lo veo. La hizo mi hermano. Era un artista mi hermano.
Entonces un teléfono sonó, lejos, tras una puerta. Con fastidio, el hombre soltó la libreta y fue a atenderlo.
Yo, claro, fui a por la libreta. Ahí estaba mi dirección y el mismo nombre: “Verhagen, C92784”. Seguí hojeando la libreta, y al final vi una lista interminable de números como el mío. ¡Casi me da un infarto! Oía al hombre responder al teléfono, y podía saber que estaba lejos. Lo suficiente para que me diese tiempo a fingir que no había tocado la libreta antes de que llegase.
Busqué por la C, y ahí estaba el número. Se me pusieron los ojos como platos al leer:
“C92784- Aventuras (Lejano oeste)”.
El gordo colgó, y por los nervios dejé caer la libreta al suelo desperdigando los papeles. Tuve miedo y me fui de ahí corriendo”.
Después comenzó la labor de investigación en la biblioteca. Tardé mucho tiempo en dar con algo que me diese una buena pista.
Descubrí que Peter Venhagen había sido un psicólogo holandés que escribió muchos libros sobre el inconsciente. No tenía por qué ser él, claro, pero cuando seguí la pista un poco más, vi que Verhagen, además de escribir sesudos libros, se dedicó a la pintura y ganó varios premios. No había foto de ninguno de ellos en las enciclopedias, pero por lo que decían en ellas, sus cuadros tenían fama de contener imágenes ocultas. Supe entonces que era el hombre que buscaba.
Me desilusionó un poco pensar que no era tan imaginativo como pensaba, pero me alegró saber que ya que no tenía imaginación para ser escritor, iba a ser detective, cosa que como estaba demostrando, no se me daba mal.
Intenté hablar con pintores sobre el asunto, pero nadie quería hablar del tema. En muchos de ellos noté el cambio de gesto sutil. Ellos también sabían de quién hablaba.
Después de visitar muchos, muchos pintores, un informante que me hizo jurar que nunca revelaría su identidad ni el secreto, me contó la verdad sobre el asunto. Un secreto entre muchos gremios que nadie se ha atrevido a desvelar. Yo rompo ahora el juramento revelándolo, pero no pienso romper el que me obliga a no decir su nombre.
Lo cierto es que aunque nos lo oculten soltándonos la mentira de que uno proyecta lo que tiene en la cabeza, hay mucha gente que vive de diseñar, pintar o esculpir dibujos ocultos. En todo el mundo hay artistas y catálogos personalizables. Si uno tiene ciertos conocidos, al encargar un suelo de mármol, por ejemplo, puede elegir qué temática quieren en el veteado blanco sobre negro que han elegido. Los viajeros distraídos de, digamos, una estación de tren, por supuesto no se pararán a verlo ni se darán cuenta nunca, pero si se tomasen el tiempo de observar tranquilamente el suelo invocando a las criaturas, poco a poco verían formarse maquinas antiguas, mujeres sujetando pañuelos, y enormes chimeneas soltando vapor. Es un mensaje sutil, destinado irremediablemente a ser ignorado, pero que es una delicia para los que sabemos pararnos a mirar. Los encargados de hacer la obra lo negarán siempre, pero podéis hacerme caso.
Me he dado cuenta de que tuve suerte con la firma que dejaron los pintores en mi pared; es muy raro que la firma se vea tan claramente. Para unos ojos entrenados como los míos es posible verlas todas, pero normalmente la firma está desdibujada, y tras dos o tres dibujos sin forma que distraen la atención.
Desde que se me reveló esto y en todo lo que me quedaba de infancia, siempre aproveché para hacerme el distraído y en secreto, admirar las obras ocultas. Con el tiempo aprendí a reconocer a los autores, las escuelas, y hasta me sabía de memoria muchos números de referencia de colecciones. También en esto hay estilos, corrientes, modas… Por ejemplo, en los suelos de los hospitales de Madrid es muy frecuente ver el C74355 de Vermont. Ahora que lo sabéis, fijaos y en poco tiempo podréis reconocer el trazo que dibuja en las baldosas jeringuillas, camas, ancianos e instrumental médico.
El caso es que hacía mucho que no pensaba en el tema. Al no poder compartirlo con nadie, y haberme recorrido ya todos los edificios con obras ocultas de Madrid que conozco, casi nunca me acordaba de seguir buscando. El otro día encontré una por casualidad, y ha sido lo que me ha traído todo esto a la memoria.
Quiero pensar que el responsable de la obra que vi el otro día (y que ahora os contaré por si podéis pasaros a verla) no lo hizo con mala fe, sino por desconocimiento. De una manera o de otra, eligió muy mal.
Hace un par de semanas en el aeropuerto de Lutton, esperaba a que comenzase el embarque. Mirando mi cordón desatado, y casi sin darme cuenta, vi un dibujo. Era el de un chico gritando, desesperado. Cuando me fijé bien, todo el suelo estaba lleno de gente desencajada, deforme, tapándose los ojos, pidiendo auxilio. Junto a una maceta había también varios demonios riendo, una casa en llamas con alguien dentro que se abrazaba las rodillas y un curioso diseño de un niño que a su vez, miraba una baldosa asustado.
He de reconocer que aunque el tema me pareciese de lo más desacertad, los dibujos eran perfectos: era evidente que venían de la mano de un verdadero genio.
Paseando como sin rumbo, aproveché que todavía no había cola para irme a la esquina. Había una papelera, que retiré como sin querer, mientras fingía dejar mi bolsa en el suelo. No me hizo falta mirar mucho para confirmar mis sospechas. El autor era de nuevo Verhagen, con la colección H94284 (“Angustia”). Nadie más se daba cuenta de que yo acababa de reconocer a un viejo amigo. Me apunté el número de colección en el móvil para buscarla después, coloqué la papelera en su sitio, y me acerqué enseguida a la puerta por la que un poco más tarde pasaríamos en fila.
Ahora que sabéis el secreto, espero que disfrutéis de un hobby que hasta ahora, nadie ajeno al gremio que no fuese yo, conocía. Espero también que si descubrís alguna obra que merezca la pena, la pongáis en esta entrada del blog para que los demás podamos ir a disfrutarla. Si tenéis dudas sobre colecciones, autores o corrientes, estaré encantado de ayudaros con lo que he aprendido en este tiempo.
De nuevo estoy retomando esa costumbre. De hecho me estoy planteando muy seriamente ahorrar un poco de dinero, y darme un lujo: el de encargar la colección “Esperanza” de Alessandro Zenawi para la pared de mi habitación. Es caro, pero merece la pena.
Para celebrar la vuelta, os traigo sin ningún motivo aparente un tema que siempre me da subidón. Laura, de Scissors Sisters.
Que la disfrutéis.
Poema del maestro Bukowski:
Bien, así es la cosa
a veces cuando todo parece ir de mal
en peor
cuando todo conspira
y corroe
y las horas, días, semanas
años
parecen desperdiciados-
tendido sobre mi cama
en la oscuridad
mirando hacia el techo
concibo lo que muchos considerarán un
detestable pensamiento:
aún es agradable ser Bukowski.
Hola a todos.
He ido este fin de semana a Londres, y Merce me ha dejado.
Yo estaba muy enamorado de Merce. La quiero muchísimo, y me llevo un montón de preciosos recuerdos que me van a acompañar siempre. Le deseo de corazón lo mejor que pueda sucederle. Por una serie de decisiones y circunstancias que nos atañen a ella y a mí, creo que es mucho mejor que haya pasado ahora que más tarde. Me da mucha rabia, eso sí, que muchos de vosotros os hayáis perdido el conocerla.
De momento y hasta nueva alegría, no tengo ningunas ganas de escribir más aquí. Ahora me toca pasar un proceso de desganas que ya había olvidado, pero que tendrá enseguida un final feliz. Si se me pasa pronto, como espero y deseo, aquí vendré a daros la buena nueva.
Hasta entonces, os mando a todos un abrazo muy fuerte.
PD: El mismo día se me murió Benedetti. Qué puta vida.
Sí, es de Benedetti. Sí, ya sé que los textos los pasáis rápidamente con pereza y buscáis fotografías, que valen más que mil palabras. Tenéis todo el derecho de ignorarlo y evitaros así vosotros y yo el mal rato de que me hagáis saber que no lo queríais. Podéis saltaros el poema con la cara de asco que se reserva para dedicar a la gente que se atreve a reirse en el metro. No hace falta que digáis “No, gracias”. Os aconsejo fingir que hoy aquí no había nada que ver. Circulen.
Para los que no se lo quieran perder: ¡mirad lo que he encontrado!
Enamorarse y no
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva
enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo.
Siempre me gustó Mauro Entrialgo, y tiene un blog que os recomiendo encarecidamente. Se llama “Plétora de piñatas“, y esto no lo pone, pero es una frase que decían en “Los tres amigos”, una película que me encantaba de pequeño. No se me ha olvidado la frase y por lo visto, a él tampoco.
Entre tantas viñetas geniales, está la siguiente:
¡Joder, qué buena es ésta también!¡Y otra! ¡Otra más! ¡Chin pún!Joder, otra buenísima.Tenéis para hartaros.
Cómo os cuido, y sin llevarme un duro, me cago en la puta…
[ACTUALIZACIÓN] Esta me ha decidido a enviar cartas compulsivamente pidiendo que le pongan a Mauro una estatua en un parque que sea florido.
Debido a que se han quejado de el alto nivel de azúcar que rebosa el blog, y aunque hoy no estoy especialmente ñoño, me veo obligado a cumplir mi amenaza y subirlo todavía más. ¿Qué mejor para eso que gatitos envueltos en mantitas?
Y aún hay más: dos perritos jugando adorablemente.
¡Ea! ¡Dos tacitas del caldo que no queríais, y otra de regalo! La frase que iba a poner acompañando esta última foto, la omito por pura caridad cristiana, para que el castigo no sea demasiado cruel y tengáis sobredosis de caramelín. Pero vamos, ya conocéis el paño, así que os la imagináis.
Bueno, de hecho tenía desde hace mucho tiempo, pero pasé completamente de abrirlo siquiera para echar a las polillas. Ya me he pasado y no ha quedado ni una.
Para los que no lo sepan, me llamo Eduardo Martínez Miranda. Desde el trabajo no puedo verlo, pero me pasaré de vez en cuando.
¡A mimir!
En el colegio, un día de clase aburrido me contaron una historia sobre una pareja feliz. Cuando llegaron a la parte del besito, en lugar de mencionarlo, me enseñaron en la calculadora escrito “ELBESO”. Será porque era muy pequeñito, pero la cosa me sorprendió un montón. Luego al darle la vuelta a la calculadora vi que no era otra cosa que los números 053873 lo que al darle la vuelta formaba esa frase tan chorra. Enseguida la pareja feliz siguió y ¿quién apareció a los nueve meses de la boda? 383873, pero leído al revés.
Para cuando tengáis una calculadora y ningunas ganas de usarla para nada útil, tenéis una recopilación de palabras que se pueden crear de este modo en esta página.
Impresionante colección de fotografías celebérrimas, míticas. En inglés además está la explicación de cada una en su contexto, y el enlace del artículo de la Wikipedia sobre la fotografía.
Las fotos de las burlas a la primera estudiante negra en Estados Unidos, el entierro del niño desconocido, la playa de Omaha en el desembarco de Normandía, la bandera soviética ondeando en el Reichstag, el hombre frente a los tanques en Tiananmen, el hongo nuclear de Nagasaki, y por supuesto, el buitre esperando al niño desnutrido:
La galería completa podéis verla aquí. Os la recomiendo encarecidamente. Eso sí, quizá para ver estas cosas habrá que esperar a que deje de ser lunes por la mañana.
Esta canción me la descubrió H (muda) hace mucho tiempo. Siempre me ha encantado.
Para el día de hoy es perfecta. Es triste, esperanzadora y tranquila. Para bien o para mal, es como estoy ahora.
¡Buen finde!















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