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Este es un cuento que escribí hace mucho tiempo. Estaba buscando libros en formato “txt” para ponerme en el móvil y lo he encontrado por casualidad. No sé por qué lo escribí como un poema, pero así es como nació, y ya es tarde para cambiarlo.
Lo traigo como lo encontré en la calle: no sé si os parecerá guapo, pero su padre le quiere igual:
“El náufrago”
El náufrago se sentó en su lecho de hojas
Verdes y gigantes lenguas.
El agua no era problema
Y la comida no se escondía tanto.
Por fin pudo abrir el libro crujiente
Que llevaba en la maleta rescatada.
Un diccionario de alemán.
Se acomodó y pasó la vista
Por palabras incómodas con consonantes
Que al leerlas sonaban como
Una cicatriz en hierro.
Pero poco a poco fue no ya entendiendo significados
Que esos poco importan en una isla desierta
Sino las conexiones entre palabras
Su parentesco definitivo
Su musicalidad desparejada
Cada palabra se conectaba con varias
Y éstas a su vez con otras que en sus matices
Remitían a la primera.
Meses pasó paseando entre ellas
Hasta que una noche de repente
El círculo se cerró
Una frase con estructura
Le cayó en los ojos como una lápida.
La frase no la sabremos
Pero sí que así fue como comenzó a pensar en alemán
Recitando a las caracolas sus ideas
En una viva lengua muerta.
Pasaron los años
Y ya pensaba en alemán
Cuando fue rescatado
Un barco de alemanes por fin le vió aletear
El náufrago abatido y casi viejo les abrazó
Y ellos conmovidos le cuidaron
Con sus primeras palabras
Recitó con su mejor acento sus agradecimientos
Y su buenaventura.
Los alemanes hablaron luego
“¿Qué fue lo que dijo al principio?”
“¿El viejo? Dijo que el pancreas es un músculo”
Nadie más le entendió nunca
Pero sus monóligos sonaron como una tradición olvidada
Como un ensalmo hasta la última palabra
Esta sí la acertó
“Adiós”
Piscina, playa. ¿Os han sorprendido las fotos?

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