Hoy he leído un curioso artículo en el NYTimes: un abogado ha recopialado las últimas frases que los condenados a muerte pronunciaron justo antes de su ejecución, cuando se les da la oportunidad de decir algo. No son grandilocuentes, y algunas son bastante absurdas.
En las películas el guionista habría roído un buen rato el boli para dar con las palabras justas. Los ajusticiados, sin embargo, no tienen ningún papel escrito. Lo que dicen lo hacen sabiendo que nunca más pronunciarán nada, que están corriendo los segundos del último minuto de su vida, y que, cuando éste acabe, sus seres queridos les verán morir desde el otro lado de un cristal. Debe ser difícil pensar con tanta adrenalina.
Me ha parecido curioso leer el artículo, y os lo traigo traducido:
“[Las últimas noticias sobre ejecuciones] me hicieron recordar un archivo sobre las últimas palabras de los prisioneros ejecutados que encontré en la web del Dpto. de Justicia Criminal de Texas mientras investigaba sobre libertades condicionales. La entrada más antigua del archivo es del 7 de diciembre de 1982; la más reciente se añadió después de que Stephen Moody fuese ejecutado el jueves por inyección letal como castigo por un asesinato.
Lo que sigue son las frases anotadas de las últimas frases de los presos en Texas. Las frases, pronunciadas antes miembros de su familia, familiares de las víctimas, amigos y prensa, se presentan en órden cronológico:
¿Adelante?
Nada que pueda decir puede cambiar el pasado.
Me he quedado sin voz.
Me gustaría decir adiós.
Mi corazón está haciendo ba bumb ba bump ba bump.
¿Está el micro encendido?
No tengo nada que decir. Simplemente siento lo que hice.
Estoy nervioso y me es difícil concentrarme. A veces no sabes qué decir.
Tío, hay un montón de gente ahí.
He venido aquí hoy a morir, no a hacer discursos.
¿Dónde está la madre del Sr. Marino? ¿Recibió mi carta?
Quiero preguntar si me perdonáis de corazón. No tenéis por qué.
Me gustaría poder morir más de una vez para decirlos cómo de arrepentido estoy.
¿Podrías decirle por favor a esa señorita de ahí…?¿puedo verla? No me está mirando. Quiero que entienda algo, no me guarde rencor. Quiero que lo entienda. Por favor, perdóneme.
No creo que el mundo sea un lugar más seguro sin mí.
Lo siento.
Quiero decirle a mi madre que la quiero. La he causado tanto dolor, y a mi familia y eso. Me duele el hecho de que a ellos les va a doler.
Me lo tomo como un hombre
Preparad las maletas y encended el motor. Me voy a casa.
Pueden ejecutarme pero no pueden castigarme, porque no pueden ejecutar a un hombre inocente.
No podría soportar la perpetua.
Dije que iba a contar un chiste. La muerte me ha liberado. Ese es el mayor chiste.
Para mi dulce Claudia: te quiero.
Cathi, sabes que nunca quise hacerte daño.
Te quiero, Irene.
Decidle a mi hijo que le quiero.
Decidle a todo el mundo que me harté de pollo y chuletas de cerdo.
Agradezco la hospitalidad que vosotros, chicos, me habéis mostrado, y el respeto, y la última cena estaba realmente buena.
La razón por la que tardaron tanto es porque no podían encontrar una vena.
Ya sabéis cuánto odio las agujas… decidle a los chicos del corredor de la muerte que no llevo pañales.
Señor, elevo tu nombre a las alturas.
De Alá venimos y a Alá debemos volver.
Para todos los encarcelados: mantened la cabeza alta.
El corredor de la muerte está lleno de corazones solitarios y mentes borradas.
Se cometen errores, pero con Dios todas las cosas son posibles.
Soy responsable de que hayan perdido a su madre, su padre y su abuela.
Nunca quise que se los arrebatasen. Perdonadme por lo que hice.
No puedo deshacerlo.
Señor Jesús perdona mis pecados. Por favor perdóname por los pecados que puedo recordar.
Toda mi vida he estado encerrado.
Dadme mis derechos. Dadme mis derechos. Dadme mis derechos. Devolvedme mi vida.
Estoy cansado.
Me merezco esto.
Una vida por una vida.
Es mi hora. Es mi hora.
Estoy preparado, guardia.”

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30 Septiembre 2009 a 14:13
El persianista
Recuerdo una historia que creo vi en un cómic, donde a los condenados a muerte que iban a fusilar, se les llevaba al paredón, sel es vendaban los ojos y cuando se oía “fuego”, los soldados disparaban balas de fogueo. El reo caía de rodillas por la tensión pero sabía que no le habían herido. Luego le quitaban la venda de los ojos y le explicaban que mejor que fusilarles les hacían ver lo cerca que habían estado de la muerte y así conseguían el arrepentimiento de muchos de los no fusilados, que era realmente lo que buscaba el sistema penitenciario. Después, les devolvían a su celda y les regalaban un habano para celebrar el resto de su nueva vida. Claro, el puro era explosivo y les reventaba la cabeza. En la última viñeta se veia como el cura le decía al alcaide de la prisión: “al menos, de esta forma, se han arrepentido de sus pecados y mueren más contentos”