El otro fui a ver a Elena, que estaba malita. Como estaba de aquella manera, le propuse leerle un cuento. Ella aceptó encantada y se hizo un ovillo. Cinco minutos más tarde le vi la cara de circunstancias y le dije:

- ¿Quieres que siga?

- Bueno… ¿no falta mucho, no?

Pues sí amigos, yo como un gilipollas estaba declamando un precioso cuento, y la aburrí un montón. Cuando aburres a alguien con fiebre que lleva todo el día sin ver a nadie, es el momento de replantearte si eres un puto coñazo. En mi caso, la respuesta corta a esa pregunta es “sí”, y la respuesta larga, “sí, y deja de pedir respuestas largas”.

Para que no me vuelva a pasar, estoy recopilando cuentos cortos. Hoy, buscando en una página llena de cuentos clásicos hindúes, he encontrado éste:

El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la Liberación y de aquellos que la alcanzan. Departieron durante horas. Por último, el discípulo le preguntó al maestro:

–¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?

El mentor tomó entre las suyas las manos del perplejo discípulo, y le explicó:

– Supón que tú estás durmiendo. Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas. Y la pregunta que yo te hago es: ¿Acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?