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“Como todos los soñadores, confundo desencanto con verdad “. (Jean Paul Sartre)

Estoy preparando la casita para que esta noche celebremos aquí la cena de Nochebuena. No tenía excusa para seguir alargando el doloroso momento de borrar las pintadas que hicísteis en mi pared en mi cumpleaños. Entre frotis y frotis pañero-paredíl me he acordado de esa noche, y de vosotros pintando cada dibujo, pero tarde o temprano tenía que hacerlo.

Sólo quería aprovechar la página para desearos de corazón a todos que paséis una feliz noche entre vuestra gente, y pidais por las familias a las que estas fechas las sillas vacías les ponen tristes, y por lo que están solos, encarcelados o enfermos. Entre tanto lío de preparar la casa, la comida y los polvorones se nos puede olvidar lo importante que es poder reunirnos con los seres queridos, así que podéis aprovechar el único rato de tranquilidad para reflexionar: en el water.

Algunos de vosotros tenéis un familiar capullo que parece que está deseando joder la cena: por ellos irá mi brindis esta noche, pero lo tendré que anunciar en voz bajita, porque yo también tengo ese problema y los familiares capullos son muy suspicaces.

Un abrazo muy fuerte a todos.

El artista Dave Devries ha tomado dibujos de monstruos hechos por niños pequeños y los ha pintado de una manera profesional. En total son treinta y seis dibujos. Muy curioso:

Hoy he estado hablando con África sobre su perrete Argos. Por lo visto están buscándole una pareja, y como él se lo merece, están intentando buscar a una perrita de su mismo color para que los niños salgan igual o todavía más bonitos que él. Las que han visto hasta ahora eran un poco ceporrillas. Yo la entiendo y con toda probabilidad haría lo mismo, pero de camino al trabajo me he parado a pensar… ¡pobre hombre! Imagináos que vuestra madre se encargase de elegiros una pareja pensando en cómo saldrán vuestros hijos, y que os impidiese estar con ninguna otra persona. Apuesto a que el pobre Argos si pudiera elegir, le valdría con la caniche despeluchada y vieja que tiene una vecina (con que sea un poco cariñosa…) ¡Dadle una alegría a Argos! :)

Yo, claro, he hablado de la Gati. Y como llevaba varios días sin escribir, para compensar traigo este otro dibujo que he encontrado hoy. Real como la vida misma:

¡Qué bonito!

Ooooooooooooooooooh.

Lo curioso de la foto es que no está photoshopeada: esta chica se ha currado un disfraz superchulo de Mamá Noel, pero en blanco y negro. Si agrandáis la fotografía pinchando sobre ella (que na más que os gusta de pinchál y de pinchál) veréis como prueba que un poco de maquillaje se le ha desprendido del cuello dejando a la vista su color carne. Qué bonito era el color carne. ¿Vosotros usábais el “color carne” de pequeños? No se parecía mucho a la carne y el nombre era truculento (no era “color piel”), pero cualquiera os entendía si lo decíais. ¿Por qué llevo décadas sin referirme a ese color como “color carne”?¿Quién me enseñaría que está mal?

Anda que no tiene que molar ir paseando en blanco y negro en un mundo de colores como el nuestro. ¡Ole!

Un terrible mal asola las meninges de nuestra generación. Hoy la amenaza no es como antaño una guerra mundial, ni la peste, ni la hambruna: es el impulso incontrolable de todo el mundo de poner morritos al hacerse una puta foto.

¡Oh sí! Ahora estás requetesexy, pazguata.

Nadie sabe de dónde coño ha salido la costumbre de hacerse fotitos para el facebook poniendo morros y haciendo el símbolo de la victoria, pero sí tenemos la teoría de que el puto Mordor tiene algo que ver en la creación. Chonis y tontolpijos de todo el mundo se preparan para una foto ladeando la cabeza, poniendo boquita piñonera entre beso sexy y “pon-la-boca-así-como-si-fueras-a-beber”, y engarzando los dedos como raperos de tres al cuarto. Es una puta chorrada de pose, y el único motivo de que se extienda es la imitación. No, no mejora la percepción de que tenemos unos labios más carnosos. Para eso hay otras poses mucho mejores. Obsérvese lo que digo:

El apocalipsis va llegaaaar.

Esta pose oligofrénica se llama “cara de pato”, y en inglés “duck-face”. Antes era relativamente frecuente, pero ahora hay millones de personas que aparecen en TODAS las fotos con exáctamente la misma cara en el mismo ángulo que saben que les favorece.

Gente que no ha escuchado rap en su vida sienten en la fuerza prostática del universo que todo lo controla la insaciable ansia de poner los deditos haciendo una uve doble como si fuesen Tupac:

"Te guste o no te guste / te mole o no te mole / tus hijos estudiarán mis rimas en el cole" (Frank T)

Me gustaría deciros que yo soy inmune a estas patochadas. ¡No! ¡No lo soy! Lo reconozco, compañeros y amigos de EsrarodorarsE: yo también me he hecho fotos con esa pose de capullo. Os predica un converso. Sin ir más lejos el otro día estaba cenando con un grupo de gente entre los que se encontraba la gran Lidia. Era en el Maceiras y al lado de la puerta, así que los que conozcáis el sitio sabréis que la cena fue como Salvar al soldado Ryan pero picando pulpo. El caso es que Lidia se acercó a mí para que nos hiciésemos una foto juntos. ¿Qué cara puse yo? Sí, amigos. No estoy orgulloso de ello, pero puse la cara de pato tolay. Mi adrenalina me dice que también puse deditos en V, pero me gusta pensar que no fue así. En mi desagravio tengo que decir que le pedí a Lidia que repitiese la foto porque me di cuenta de que había salido con esa mierda de pose de alfeñique feisbuquero. La repetimos y ahora salí normal. Bueno, normal con una cara como la mía ya sabéis cómo es… pero por lo menos tuve la dignidad de repetir la foto.

"Biunvunudu a nustru mundu, UsrurudurursU!

Hay muchos sitios dedicados a recopilar pruebas de este mal acechante. Una de ellas es “Antiduckface.com“, donde podréis ver a muchahitas y muchachitos poniendo estas poses mientras hacéis exámen de conciencia. Aquí un purgatorio con ejemplos de gente que sale siempre con la misma cara en las fotos.

Os conmino, amigos míos, a que dejéis de poner esta carita. Con lo guapos que sois todos, siempre es muchísimo mejor que salgáis sonriendo. De verdad, dejad de hacer esa cara. No, no estoy llorando por eso, es que se me ha metido algo en el ojo. Por favor, pensad en lo que os he dicho la próxima vez que vayáis a salir en una foto de grupo: habrá gente que ponga esa carita para subirla junto con otras treinta iguales al Twitter o al puñetero Facebook. En esos momentos compadecedles, sonreid, y relajaos. Cuando te haces una foto con un capullo, pareces otro capullo. Si sonreis, el hechizo se rompe.

¡No pongáis cara de pato!

Ellas no leen EsrarodorarsE y arderán en el infierno.

Desde el primer viaje a la luna, los astronautas se dieron cuenta de un fenómeno extraño: con las ventanas completamente cerradas y cerrando los ojos, veían pequeños destellos de luz. Casi les pasó desapercibido pero por lo visto fue Buzz Aldrin el que comentó que le había pasado esto. Los otros tripulantes coincidían. A partir de entonces en todas las misiones espaciales, los astronautas pueden ver esas luces incluso cuando cierran los ojos.

No es muy romántica la explicación: lo que están viendo son pequeñas partículas radioactivas que atraviesan el universo a más de 30 millones de kilómetros por hora. Protones que perforan el párpado, pasan por el cristalino, y al atravesar la retina, ésta los confunde por un estímulo sensorial creando esos fogonazos que ven los astronautas.

Sí, es una putada. Una estadística enorme de astronautas ha sufrido con el tiempo las consecuencias de la exposición a este fenómeno, sufriendo de cataratas. Las llaman las cataratas espaciales.

Los científicos afirman que esas partículas proceden de una estrella que estaba a 8,500 años luz cuando explotó, y por lo visto la explosión de dicha estrella quedó registrada por los chinos sobre el año 185 d.C.

La noticia entera está aquí. Aprovecho para recomendaros la fuente de esta noticia,  el interesantísimo blog de curiosidades y noticias científicas Fogonazos.

Las paredes son naranja. Estoy en una fiesta. Todo el mundo está riéndose por algo gracioso que acabo de decir, pero no recuerdo qué es. A mí me gusta que se estén riendo. Suena una canción que me gusta, pero no reconozco. Tampoco reconozco muchas de las caras que veo. Veo a mi gata, y entonces me alegro de estar en casa.
Una de las caras que no reconozco se acerca con una copa. Está un poco borracho. Me dice algo sobre el colegio, y que seremos amigos para siempre. Yo le digo que me alegra muchísimo verle ahí. Él me señala con un gesto de cabeza a una chica que se contonea bebiendo de una copa. La chica me mira a mí. Me sonríe. La sonrío. Pienso en que hace mucho tiempo que la deseo, y que esa mirada que nadie ha visto y yo sí, deja ver que a ella también le pasa.

Alguien trastabillea bailando y está a punto de tirar mi televisión. Es una televisión enorme, y entonces me doy cuenta de que yo estoy detrás de unas butacas que he preparado. Y ahí está el clic. Algo es extraño e irreal. “Yo no tengo esa televisión” le digo a mi supuesto amigo de la infancia. Se ríe. Va vestido de naranja. Todos los demás también. Estoy en un sueño y lo sé. Sonrío.

He tenido muchos sueños lúcidos; los suficientes para saber que lo más normal es que me despierte a los pocos segundos. He hecho de todo en mi sueños, pero entonces se me ocurre un experimento. Me subo a la silla, nervioso.

- Escuchad – grito -.Esto es un sueño. Sois personajes de un sueño.

Muchos ríen, la chica que me miraba deseosa me está haciendo señas de que deje de decir tonterías y me escape con ella. Yo no la hago caso porque sé que no es real. La música ya no suena.

- Esta es mi casa. Creéis que estáis vivos, pero no sois nadie. ¡Mirad!

Voy hasta mi televisión atravesando la multitud todo lo rápido que puedo. Mi casa es más grande, e intento reconocer las caras que veo en el camino. De un puñetazo destrozo la pantalla. De hecho la atravieso.

- Mi brazo está bien – grito, y enseño el brazo intacto.

Luego voy a la ventana y de un cabezazo la rompo. Los cristales me caen en la cabeza, pero no me hacen nada. Todos están blancos. Empiezan a creérselo.

- No haría eso si esto no fuese un sueño. No tengo mucho tiempo, porque me voy a despertar, y entonces desapareceréis-mientras lo digo, ellos se miran, cuchichean. Alguien llora, creo que es la chica-. Me da igual si me creéis o no. Sólo os pido que os concentréis en el número trece. Todos sabéis que sois supersticioso, y el número trece se asocia a la superstición. Por favor – grito, aunque ahora todos guardan silencio- cuando os despertéis en vuestras casas, llamadme enseguida y decidme “trece”. Vosotros no sois reales, pero si sois vosotros mismos soñando, habremos demostrado algo muy importante – señalo a un compañero de trabajo, pero no recuerdo quién es. Juraría que era J.L.- Tú trabajas conmigo y nos veremos mañana. Dímelo. Apúntalo cuando despiertes y dímelo cuando me veas en el trabajo. Gritad “¡Trece!”.

Algunos gritan “Trece” conmigo. Luego van uniéndose voces. Todos acabamos gritando “Trece”. Las caras están angustiadas. La televisión ha vuelto a estar como nueva y aparece la imágen de una película, pero yo sé que el tiempo es valioso y sigo gritando el número.Todos lo hacen. Pierdo la consciencia y las imágenes se van por el desagüe. Me despierto con las voces todavía resonando en la memoria. Intento recordar quién era la chica. Sonrío al saberlo, pero lo olvido un momento después.

Esto me pasó hace casi un año y es una historia completamente real (bueno, un sueño completamente real que tuve). Aquél día, nadie me llamó para decirme nada que tuviese ni remota relación con el trece. Nada pasó extraordinario aquél día; quiero decir, aparte de ver las caras de personajes de un sueño que toman consciencia de que no existen más que en mi cabeza.

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