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Hace mucho tiempo que vengo fijándome en las ruedas del metro. Desde la primera vez que me fijé en ellas me han recordado a un personaje.

El otro día decidí traéroslas para ver si tengo razón o no con el parecido. La gente me miró como si fuese un oligofrénico cuando me puse de cuclillas a hacer fotos a las ruedas, pero si me importase que la gente me respetase, no tendría un blog.

La foto que saqué es ésta:

Ruedas del vagón de metro de la línea 6.

Ruedas del vagón de metro de la línea 6.

¿Esas ruedas no os recuerdan nada? A mí me recordaron a una vieja tortuga a punto de estornudar. Se llamaba Morla y salía aconsejando a Atreyu en “La historia interminable” (aunque ole sus caparazones con los consejos que le daba). Estaba constipada y estornudaba todo el rato:

La tortuga de la rueda tiene los ojos entrecerrados y la boca abierta para estornudar, pero no he encontrado ninguna foto de la tortuga con la misma posición. Aquellos que no seáis unos niñatos o unos carrocillas, recordaréis la escena y me daréis la razón ¡al menos por una vez! :)

A partir de ahora cuando miréis las ruedas, veréis como yo, a Morla, la tortuga.

Dave Carrol es compositor. En uno de los viajes de la gira de su grupo tomó un vuelo con la compañía United Airlines. Cuando estaban dentro del avión pudo ver cómo los empleados del equipaje se pasaban su guitarra, dejando que se cayese. La guitarra era una Taylor de 3.500 dólares, y tal como confirmó al llegar al destino, la guitarra estaba destrozada.

El pobre hombre se puso a quejarse a United Airlines de que le habían roto la guitarra por un trato negligente del equipaje. Estuvo nueve meses peleando para que le compensasen la rotura de su adorada guitarrilla. Cualquiera que haya tenido que hablar con telefónica 5 minutos sabe lo que se siente reclamando a una empresa grande, así que hacéos cargo de cómo tiene que ser exigir tus derechos durante nueve meses sin que nadie te haga el menor caso.

Dave cogió entonces su nueva guitarra y compuso una canción contando la experiencia: “United Airlines rompió mi guitarra”. En poco tiempo pasó a ser uno de los videos más vistos del youtube. Al momento de escribir esta entrada, sólo el video original ha sido visto más de seis millones de veces, con la publicidad nefasta para la compañía que supone. No sé vosotros, pero yo le daría un abrazo a este pobre hombre cuando se me cansasen las manos de aplaudir.

Yo os dejo el video subtitulado en español por lainformacion.com:

Antes de nada quiero advertiros de que no queréis seguir leyendo ni ver la foto si sois menores de edad o sensibles a la inquietud. Me refiero a Nuria y Natalia. ¡De nada!

Esta foto tiene un truco:

Esos ojos...

Podéis hacer clic sobre ella para ir a la página donde la explican. El texto cuenta el truco, y yo os lo desvelaré ahora: la niña está muerta.

Como sabéis por culturilla general (esto es, porque lo dicen en una peli) las fotografías eran carillas. La gente en la época victoriana tenía la costumbre de hacérselas a los muertos para conservar un recuerdo de ellos. El hecho es conocido, y de hecho en Google aparecen cientos de imágenes.

Esta foto fue tomada en 1888, y muestra a la niña con sus padres, que tenían (supongo yo) la buena intención de guardar un recuerdo y hacerse la foto que no pudieron hacerse cuando vivía. Si os fijáis bien, se ve que las piernas de la niña cuelgan frente al artilugio que la sujetaba. El autordel artículo cuenta, por deducción lógica, que como pasa con estos casos, la ropa está abierta por detrás y deja oculto a la fotografía el armazón que la sujeta en esa posición, y del cuál saldrían los alambres que manteían los brazos de esa manera.

Las pupilas son pintura sobre los párpados cerrados de la niña.

En el colegio nos dejaron bien claro que si metemos en un recipiente agua con gravilla de distintos tamaños y lo agitamos, poco a poco se irán estratificando, quedando por debajo las partículas más pesadas, y por encima las más ligeras. ¿Os acordáis? Veo al niño-moco levantando la mano, pero le vamos a ignorar: daré por hecho que esto lo sabéis.

El hecho es que esto es algo bien sabido incluso entre los alumnos de la logse, pero lo que no es tan conocido es el efecto “Nuez de Brasil”. También se llama el efecto “Muesli”, y el nombre tiene sentido.

Ya en 1939 alguien se dio cuenta de que la teoría estaba muy bien, que era una cosa esplendorosa, pero que cuando abría un paquete de cereales que se habría llevado sabe Dios cuántos cebollazos en el transporte, resulta que los trozos más grandes y pesados estaban arriba. Esto se repite siempre, y podéis comprobarlo abriendo una caja de cereales nueva. Como sé que sois unos huevones y que no vais a levantaros para comprobar esta tontería, aquí os pongo un video donde este señor pone los cereales, la agitación, las entradas y el ímpetu que no queréis opner vosotros:

Esto tiene una explicación que a mí no me entra porque me se pone un muro en la cabeza, pero que viene muy bien explicadita.

Por otra parte, ¡un gato con una hoja de lechuga!

El teniente Andrew Schmidt volvía a casa después de haber estado cinco meses en la guerra de Afganistán. Su perrita le había estado echando mucho de menos, y su mujer grabó el momento en el que por primera vez en tanto tiempo, se reencontraban. El video es antiguo, pero ahora es cuando está haciéndose famoso. La noticia en inglés, aquí.

Por lo visto todo el mundo sabía ésto, pero yo me acabo de enterar hoy, y por casualidad. Por si acaso estáis como yo, aquí lo traigo.

Margarita Carmen era la hija de Eduardo Cansino, un bailarín natural de Castilleja de la Cuesta (Sevilla) que emigró a Estados Unidos. Desde pequeñita su padre le enseñó a bailar, y esa era su vocación y meta. Aquí, de jóven, vestida de sevillana (con castañuelas incluidas) para uno de los espectáculos:

Con los años se convirtió en una adolescente preciosa con una clarísima vocación y pasión por el baile.

Años más tarde, esa flamenca americana usó un diminutivo de su nombre y el apellido de su madre. La ofrecieron algunos papeles en el cine (aunque ella tenía claro que su carrera iba a ser el baile). La habéis visto en unas cuántas películas, porque la niña es Rita Hayworth:

Aquí, en una famosa escena de Gilda cantando “Put the blame on mame”:

Aquí tenéis la letra original y traducida. Aquí tenéis un porrón de galerías de este pedazo de mujer, para que podáis ver que hasta entrada en años seguía siendo preciosa.

La letra, después del video. La letra traducida por un servidor de ustedes, al final. La canción es una versión de una que cantaba Etta James de otra manera. Yo prefiero ésta. La razón es que si alguien me cantase esta canción como Etta James, pensaría que después del discurso va a abollarme la cabeza a hostias con la caja de bombones que le regalé. Si me lo cantasen con la voz de la cantante de Chicken Shack, pensaría que al final de la canción tendría que consolarla todo el camino hasta casa. En fin:

Letra original:

Something told me it was over
when I saw you and her talking,
Something deep down in my soul said, “Cry Girl”,
when I saw you and that girl, walking out.
I would rather, I would rather go blind boy,
Than to see you, walk away from me child, and all.
Ooooo So you see, I love you so much
That I don’t want to watch you leave me baby,
Most of all, I just don’t, I just don’t want to be free no

I was just, I was just, I was just sitting here thinking
Of your kisses and your warm embrace, yeah,
When the reflection in the glass that I held to my lips now baby,
Revealed the tears that was on my face, yeah.
And baby, baby, I would rather be blind boy
Than to see you walk away, see you walk away from me, yeah
Baby, baby, baby, I’d rather be blind now

Letra traducida de I’d rather go blind:

Algo me dijo que se había acabado
cuando te vi hablando con ella.
Algo en lo profundo de mi alma me dijo “Llora, chica”
Cuando te vi a ti y a esa chica paseando.
Preferiría quedarme, preferiría quedarme ciega chico
A verte alejarte de mí, niño.
Así que ya ves, te quiero tanto
que no quiero ver cómo me dejas, cariño
Más que nada, no quiero ser libre.

Solo estaba, solo estaba, solo estaba sentada aquí pensando
en tus besos y tu cálido abrazo
cuando el reflejo en el vaso que me acercaba a los labios
revelaron las lágrimas de mi cara.

Y cariño, cariño, preferiría quedarme ciega
a verte alejarte de mí.
Cariño, cariño, cariño, preferiría quedarme ciega…

La siguiente es una fotografía del interesante artista americano Charlie White:

Clic en la fotillo para agrandarla:

Podéis ver también esta foto inquietante del mismo artista. Merece la pena repasar su trabajo.

hola todos.

Ya estoy en casa de tanto de palabras al programa del cielo sea penado en el artículo anterior. Me parte el ojete yo sólo leyendo las tonterías que el programa cerceta burgalesa.

Para aprobar el programa Boyer y Carlos un cuento que me vaya inventando. No levanté la vista para ver lo que éxito del programa, sino que me concentran en el cuento.

el señor propensas y era un grillo muy simpático: tenía tres hijos y 14 quísticas, y todo el mundo de que en el parque una vez una cigarra fue a verle para pedirle un favor: “señor propensas y, soy una cigarra gorda y quiero aprender adelgazar. ¿Qué me recomienda de arqueada?”. Es ellos lo que sí dejó de beber whisky por un momento, si a tus olas antenitas, y por fin dijo muy serio: “lo mejor sin duda es que deje de comer lo que quiere, la cigarras, que no lo sea aunque sea un grillo”. La cigarra entonces agradecida, cambió su vida para siempre y dedicó lo que le queda de vida a ayudar a un caracol tuerto muy viejecito. De esa manera-decía del guión estaba intentando devolverle al mundo la felicidad que le había dado aquella tarde el señor López. Punto

fin

os ha gustado cuento, ¿verdad? No sé de dónde se ha sacado lo del señor López, así que me alegra no estar escribiendo una carta de amor

con qué cosas más tontas me entretengo.

Hoy no tengo teclado por razones que no vienen al caso. Me gustaría decir que es porque le he acertado con él en la chepa al niño del tercero que está aprendiendo a tocar “noche de paz” con flauta dulce, pero no. Tengo tan buena puntería como él oído musical.

El caso es que como no tengo teclado he intentado apretarme los telendengues mientras me concentro en las palabras que quiero que se plasmen en la pantalla. Por lo visto la cosa de la teoría de cuerdas la he entendido mal, porque no sale ninguna palabra de las que pienso en el monitor. Intrigado sobre qué puedo estar haciendo mal llamé a Eduardo Punset, y él mismo muy amablemente me mandó a cascarla.

Ya veis qué vida esta la de un bloguero sin teclado, que es como la de un peluquero sin tijeras o la de un zapador sin la mierda que sea que llevan los zapadores.

Ahora estoy escribiendo desde el trabajo, pero sin faltar al sagrado deber, claro que no. Coincide que lo estoy escribiendo muy muy rápido, y mientras resuelvo incidencias con la otra mano / extremidades / teoría de cuerdas. Es por ello, oye, que puedo explayarme un poco más. No os voy a explicar cómo estoy resolviendo incidencias al mismo tiempo que escribo, pero por si os enteráis os diré que mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero.

A lo que iba, amigos: hay en el mercado un software que se llama Dragon Naturally Speaking, y que sirve para pasar dictados a texto. Uséase, que uno está en su sofá con un micrófono con las manos en la nuca, y mientras va dictando en voz alta las tonteridas que se le ocurren, y así, como si fuese por arte de magia o gracias al Truth Metter Vap, aparecen en la pantalla.

Si uno entrena al programa lo suficiente (leyendo al micrófono una serie de textos que el programa tiene), lo hace bastante bien. Es mucho más rápido que escribir, y tiene un amplio vocabulario que se puede ir ampliando a antojo. Lo que le quita un poco el atractivo es que tienes que dictarle con una voz robótica, monotono, sin ruidos, y vocalizando mucho. Yo intento vocalizar, bien lo sabe Dios, pero si me descuido acabo sonando como Poli Díaz imitando a un teleñeco. Por eso , y porque el programa no es perfecto, se equivoca y transcribe mal las palabras. Es preferible hacer el dictado del tirón y luego ir corrigiendo (se puede hacer sin teclado también).

Haré la prueba, aprovechando la circunstancia de mi “atecladez” de dictarle al programa un post para vosotros. Lo dejaré tal cuál, y así lo subiré a la página. ¿Por qué? me preguntáis. Pues porque si os mola, conseguiréis el programa de manera completamente legal, lo instalaréis, y lo usaréis: sólo entonces os preguntaré para enterarme si soy el único gilipollas que no sabe qué hacer con las manos mientras escribe sin utilizarlas.

Esta tarde, los resultados de la analítica.

Hoy os traigo cuatro fotos sin ninguna relación más alla de ser molonas las cuatro:

Sombras:

Un disfraz de cómic (haced clic para ver más fotos del disfraz, furros):

Un niño gordo fotochopeao:

Un bichejo camuflado (haced clic otra vez para ver más fotos en las que se ve mejor al bichejo):

¿Dónde vais a encontrar fantasmas, niños gordos, lagartos y mujeres disfrazadas? Efectivamente, en la capilla del Zoo en la misa que hacen la noche de Halloween (y a la que los empleados pueden trar a sus familias), pero además de eso… ¿dónde? ¿DÓNDE? Pues claro, hijos. En el único blog en cuyas imágenes (robadas de otros sitios todas ellas, por supuesto)  la ñoñería se abraza con la insensatez haciéndole guiños a la esquizofrenia sexy, de tal manera que os deja con el culo torcido, sin un mal comentario que se os ocurra.

Como veo que entráis pero que os cuesta escribir, y como buen tipo que soy, decido directamente recurrir al chantaje: si nadie escribe ningún comentario en esta entrada, la siguiente foto revelará un secreto vergonzante que destrozará para siempre la imágen de alguien que conozco personalmente.

Avisados quedáis: el que no se ha escondío, tiempo ha tenío.

El otro fui a ver a Elena, que estaba malita. Como estaba de aquella manera, le propuse leerle un cuento. Ella aceptó encantada y se hizo un ovillo. Cinco minutos más tarde le vi la cara de circunstancias y le dije:

- ¿Quieres que siga?

- Bueno… ¿no falta mucho, no?

Pues sí amigos, yo como un gilipollas estaba declamando un precioso cuento, y la aburrí un montón. Cuando aburres a alguien con fiebre que lleva todo el día sin ver a nadie, es el momento de replantearte si eres un puto coñazo. En mi caso, la respuesta corta a esa pregunta es “sí”, y la respuesta larga, “sí, y deja de pedir respuestas largas”.

Para que no me vuelva a pasar, estoy recopilando cuentos cortos. Hoy, buscando en una página llena de cuentos clásicos hindúes, he encontrado éste:

El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la Liberación y de aquellos que la alcanzan. Departieron durante horas. Por último, el discípulo le preguntó al maestro:

–¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?

El mentor tomó entre las suyas las manos del perplejo discípulo, y le explicó:

– Supón que tú estás durmiendo. Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas. Y la pregunta que yo te hago es: ¿Acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?

Perdonad que no haya escrito esta semana: Elena tiene un problemilla y estamos intentando ver cómo lo solucionamos juntos.

Hoy he encontrado esta foto de una despedida en una página rusa. Podéis hacer clic para agrandarla:

A partir de mañana se habrá solucionado el problema y podré venir con más movidas.

¡Da svidania!

Cuando era un niño mi padre me tenía prohibido acercarme a la colección de discos. Mi abuela le había estropeado unos cuantos, y siempre aprovechaba cuando estaba oyendo uno para hacer un listado de fastidios con sus discos.

Yo le tenía mucho miedo a mi padre de niño, así que solía respetar estos caprichos. Sin embargo no recuerdo cómo ni por qué, un día que estaba solo, decidí que si solo era un disco, nadie se enteraría. Intentando decidir qué disco iba a ser el que iba a coger, me latía rápido el corazón; tanto que casi no prestaba atención a las portadas. Había muchos discos ahí que había escuchado al ponerlos mi padre, pero una canción entre todas ellas resonaba en mi cabeza. Yo no podía decidir qué disco poner cuando mi padre pinchaba, claro, pero cuando le tocaba el turno al disco azul, sentía un hormigueo de promesas en la tripa. El disco era Breakfast in America de Supertramp, y la canción se llamaba igual.

Como si estuviese sujetando una hostia, cogí el disco como me enseñó mi tío, con todo el cuidado del mundo. Vi las marcas brillantes en el plástico negro: todo estaba en órden, y el órden era precioso. Lo puse en la pletina y le pasé un limpiador verde que tenía una esponjita de tela. Después de todo el ritual, puse la aguja con cuidado y me eché hacia atrás hasta quedar en medio del salón.

Las primeras notas de la canción me abrieron la cabeza; yo la había elegido, y yo la iba a bailar. Por lo visto “bailar” significaba para mí entonces imitar a los músicos que tocaban la canción. Sí, bailaba aún peor. Pero eso no importaba: estaba sonando un disco, lo había puesto yo, y lo había puesto para mí. El que se supusiese que yo no podía hacer eso sólo lo hacía más dulce. Durante el resto de mi infancia puse ese disco una y otra vez, y pasó a ser mi canción favorita durante toda mi infancia. Creo que eso la convierte en seria candidata a canción favorita de mi vida.

Siempre que me preguntaban cuál era mi canción favorita yo decía que era Breakfast in America, de Supertramp. Ningún niño la conocía, y por supuesto eso me gustaba aún más.

Nunca descubrieron el crimen, pero yo sigo recordando mi felicidad pequeña como yo de grande, y cómo me sentía tocando la trompeta (yo creía que era una trompeta la del solo, pero no me di cuenta de mi error hasta más tarde) bailando solo en mi casa, escuchando sin hartarme una canción cientos de veces, pensando en las chicas que me gustaban, y en cómo yo era un tipo maravilloso y lo que pasaría si yo les gustase también.

Me va a gustar volver a escuchar esta canción otra vez. Espero que a vosotros os apetezca también.

Damas y caballeros, directamente desde mi salón,  Supertramp:

Hubo un hombre que a los treinta y siete años recibió una llamada de un periodista. El periodista le advertía de que acababa de hacer un descubrimiento asombroso sobre él. La mujer que el hombre conocía como su hermana, era en realidad su madre, y la que conocía como madre, su abuela.

Al principio no dió crédito, pero después averiguó que el rumor era completamente cierto. En una entrevista más tarde dijo que se encontró en estado de shock.

Lo que había pasado era que su “hermana” June le había tenido con diecisiete años fuera del matrimonio. Acordaron entre las dos hacer una farsa para que la niña no tuviese problemas, y esa farsa era el cambio de papeles, que tanto la madre real como la abuela real mantuvieron hasta sus muertes.

Lo más curioso es que conocéis a este personaje perfectamente. Yo sé que os jode leeros el texto para tener que enteraros, pero más me joden a mí las avispas, y cuando las tengo cerca me quedo quietecito y me aguanto.

La persona a la que le ocurrió esto no es otro que:

¡Sí! Jack Nicholson se enteró de esto mientras estaba promocionando “Chinatown”.

Aparece en su biografía, habla de ello en esta entrevista para Rolling Stone, y en este artículo en español.

Guinefort era el perro de un caballero francés en el siglo siguiente al doce.

Un día, el caballero salió dejando a Guinefort y a su hijo (todavía un bebé) en casa solos. Al volver, vió que el salón estaba revuelto, la cuna volcada y vacía, y el perro tenía la boca llena de sangre. El caballeró aterrorizado por pensar que su perro había matado al niño, cogió en el momento una espada y mató a Guinefort con ella. Antes siquiera de que pudiese a ponerse a buscar al niño, éste lloró. Le encontraron en un rincón, perfectamente a salvo, junto a los restos de una vibora que el bueno de Guinefort había matado a dentelladas para proteger al niño.

El caballero comprendió su tremendo error, y podéis imaginar cómo se sentía al darse cuenta de que había matado al perro que había salvado a su hijo de la muerte. Por eso mandó enterrar con honores a Guinefort, y mandó contruir un pequeño altar con piedras dedicado a su figura. Otras fuentes afirman que en realidad el caballero, avergonzado, tiró el cadaver a cualquier parte, y fueron los campesinos que conocieron la historia quienes construyeron el altar.

Sea como fuere, la historia corrió como la pólvora, y la gente comenzó a venerarle como un santo protector de los niños, San Guinefort, y se le atribuyeron numerosos milagros. Su culto persistió hasta 1930, pero por supuesto la iglesia dejó claro que no era un santo, puesto que los perros, por maravillosos que sean, no pueden serlo. En algunos sitios este argumento lo usan para atacar a la iglesia católica, lo creáis o no.

Santo o no, fue un buen perro:

La historia la tenéis en español en éste artículo por ejemplo, y en inglés en la Wikipedia.

Aprovecho la ocasión para recomendaros el blog de mi amiga Natalia, “La pezuña es bella“, en la que podéis ver una chica que no solo está apasionada por sus perros, sino que los saca a concursos y competiciones llevándoselo todo. Es pequeña, pero ya es una enciclopedia andante sobre los perros, está haciéndose ya un nimbre en el mundillo de los concursos caninos, y entre ella y Nuria constituyen las mejores dueñas que un bicho de cuatro patas puede tener. Eso sí, como os podéis imaginar, la niña da miedo, aunque en el mejor de los sentidos.

Si no sabéis cómo va esto de los concursos caninos, vais a aprenderlo en el blog.

¡Guau!

Mi amiga Natalia estuvo obsesionada de pequeña con la imágen de la bruja mala de Blancanieves, en la forma que toma cuando va a regalarle la manzana, en sus ojos. No sólo le daba miedo pensar en ellos; apuesto que cuando algo crujía justo detrás de una pared, la imágen de la mueca de la vieja le venía a la mente. Para superarlo le sugirieron que vendría bien que los dibujase. Ella pasa por el blog de vez en cuando y si le apetece, nos contará si funcionó o no.

El caso es que me acordé de ella porque mi prima Patricia está obsesionada con la misma bruja. Tiene dos años, y desde que vió la película, sin venir a cuento nos advierte que nosotros somos buenos, pero que la bruja es mala. Hizo con mis tíos una ruta por castillos de Francia y Suiza, y supongo que por entretenerla le hicieron ver que eran castillos de cuento. Supongo también que le impresionaron mucho. Deberíais ver la cara que pone cuando habla de la bruja mala. Ella es adorable,y es riquísimo que le tenga miedo a algo tan inocente como un dibujo animado de cuento antiguo. Sin embargo hay una frase que dice “no te rías del llanto de un niño, porque todos los dolores son iguales”. Con el miedo pasa lo mismo.

El caso es que yo recuerdo la obsesión terrorífica que, cuando era niño, me venía a visitar de noche cuando cerraba los ojos. Por más adorable que sea ver a un niño asustado de un personaje inocuo y malo-sin-ser-malo, no hay que olvidar que un niño no tiene ninguna conciencia sobre qué es o no peligroso de verdad, y que entre tantos algodones y colores pastel que nos hacían tragar, los retazos de la maldad de algunos personajes, su instinto asesino, nos impresionaban mucho más. Creo que es por eso que nos dan miedo los niños, las ancianas, los payasos y las monjas.

Yo tengo mi propio combustible para pesadillas. Es el personaje de “el cazaniños” (childcatcher) de Chitty Chitty Bang Bang.

Mis padres cogieron para mí esa película cuando yo era niño. Lo recuerdo como si lo estuviese viendo ahora. Yo estaba en medio de ellos dos, disfrutando como un enano (porque además sale Dick Van Dyke, que por alguna razón me caía genial). La historia era de una familia que reconstruye un coche destartalado y consiguen que sea mágico y les lleve a islas perdidas. En el viaje llegan a un sitio donde están prohibidos los niños. El rey se entera de que hay niños, y para matarlos llaman al cazaniños:

El cazaniños se baja de una carroza negra y dice “Huele a niño”. Mi padre mi miró cuando el personaje dijo esa frase, y se daría cuenta de que yo más o menos tenía esta cara:

Yo estaba completamente aterrorizado, y él se rió. Me dijo algo así como que “no pasaba nada” y que “era sólo un actor, una película”. Yo le dije que vale. Mi padre entonces comenzó a rebobinar la cinta; yo le pedí que no la pusiese. Mi madre le hizo ver a mi padre que yo estaba acojonado y agarrado a ella como si me fuese a caer al vacío, y que no era buena idea dejarme ver otra vez  a aquél hombre. Mi padre actuó como cualquier padre responsable y compasivo: poniéndome la misma escena cuatro veces mientras se partía el ojete comprobando que cada vez me asustaba más hasta que acabé llorando.

Durante mucho tiempo ese hombre personalizó todo lo que me aterrorizaba del mundo. Bueno, tenía unas cuantas papeletas, y lo puedo demostrar:  él es un asesino de niños, y en esta escena, para hacerles salir del escondite les promete chucherías, chocolate, helados… Sus ojos sin embargo dejaban claro que el tipo es un psicópata. Observad la cara que pone al 1:55 min. del video, cuando piensa “por fin les encontré”:

Antes de acabar debo advertir que el argumento lo recuerdo así, pero no estoy seguro de cuál es. ¿Adivináis por qué? Pues sí: no he querido volver a ver nunca esta película.

No hablé con nadie sobre el tema, y acabé superándolo sin hablar nunca de este personaje. Años más tarde me hizo gracia darme cuenta de que no era el único que se había fijado en él: Marilyn Manson sacó un disco con la frase “Huele a niño” y un vestuario que hacía  clara referencia al cazaniños:

¿A vosotros qué personaje os provocaba un terror irracional?

Pronto escribiré lo que me parece que hayan elegido a Rio de Janeiro para las olimpiadas.Os adelanto que mi nota sobre la decisión es “puta mierda”.

Por lo visto hay mucha gente que comparte mi opinión. Uno de ellos se ha currado este cartel.

En él se lee “Bring cash” (trae metálico):

La chica que se hacía llamar “Co|DNeSS” y que ya hace mucho tiempo que no pasa por aquí, me enseñó esta canción. Nada más oirla le dije que era una puta mierda. Luego me di cuenta de que la canción se me había alojado en la cabeza y ya no podía hacer nada, así que empecé a escucharla una y otra vez. Pronto tuve que reconocer que, aunque no entendiese por qué, la canción me gusta mucho. ¡Hasta pedí consejo a mis amigos para ver qué opinaban de la canción!

Vosotros me diréis qué os parece:

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