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La siguiente es una fotografía del interesante artista americano Charlie White:
Clic en la fotillo para agrandarla:
Podéis ver también esta foto inquietante del mismo artista. Merece la pena repasar su trabajo.
hola todos.
Ya estoy en casa de tanto de palabras al programa del cielo sea penado en el artículo anterior. Me parte el ojete yo sólo leyendo las tonterías que el programa cerceta burgalesa.
Para aprobar el programa Boyer y Carlos un cuento que me vaya inventando. No levanté la vista para ver lo que éxito del programa, sino que me concentran en el cuento.
el señor propensas y era un grillo muy simpático: tenía tres hijos y 14 quísticas, y todo el mundo de que en el parque una vez una cigarra fue a verle para pedirle un favor: “señor propensas y, soy una cigarra gorda y quiero aprender adelgazar. ¿Qué me recomienda de arqueada?”. Es ellos lo que sí dejó de beber whisky por un momento, si a tus olas antenitas, y por fin dijo muy serio: “lo mejor sin duda es que deje de comer lo que quiere, la cigarras, que no lo sea aunque sea un grillo”. La cigarra entonces agradecida, cambió su vida para siempre y dedicó lo que le queda de vida a ayudar a un caracol tuerto muy viejecito. De esa manera-decía del guión estaba intentando devolverle al mundo la felicidad que le había dado aquella tarde el señor López. Punto
fin
os ha gustado cuento, ¿verdad? No sé de dónde se ha sacado lo del señor López, así que me alegra no estar escribiendo una carta de amor
con qué cosas más tontas me entretengo.
Hoy no tengo teclado por razones que no vienen al caso. Me gustaría decir que es porque le he acertado con él en la chepa al niño del tercero que está aprendiendo a tocar “noche de paz” con flauta dulce, pero no. Tengo tan buena puntería como él oído musical.
El caso es que como no tengo teclado he intentado apretarme los telendengues mientras me concentro en las palabras que quiero que se plasmen en la pantalla. Por lo visto la cosa de la teoría de cuerdas la he entendido mal, porque no sale ninguna palabra de las que pienso en el monitor. Intrigado sobre qué puedo estar haciendo mal llamé a Eduardo Punset, y él mismo muy amablemente me mandó a cascarla.
Ya veis qué vida esta la de un bloguero sin teclado, que es como la de un peluquero sin tijeras o la de un zapador sin la mierda que sea que llevan los zapadores.
Ahora estoy escribiendo desde el trabajo, pero sin faltar al sagrado deber, claro que no. Coincide que lo estoy escribiendo muy muy rápido, y mientras resuelvo incidencias con la otra mano / extremidades / teoría de cuerdas. Es por ello, oye, que puedo explayarme un poco más. No os voy a explicar cómo estoy resolviendo incidencias al mismo tiempo que escribo, pero por si os enteráis os diré que mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero.
A lo que iba, amigos: hay en el mercado un software que se llama Dragon Naturally Speaking, y que sirve para pasar dictados a texto. Uséase, que uno está en su sofá con un micrófono con las manos en la nuca, y mientras va dictando en voz alta las tonteridas que se le ocurren, y así, como si fuese por arte de magia o gracias al Truth Metter Vap, aparecen en la pantalla.
Si uno entrena al programa lo suficiente (leyendo al micrófono una serie de textos que el programa tiene), lo hace bastante bien. Es mucho más rápido que escribir, y tiene un amplio vocabulario que se puede ir ampliando a antojo. Lo que le quita un poco el atractivo es que tienes que dictarle con una voz robótica, monotono, sin ruidos, y vocalizando mucho. Yo intento vocalizar, bien lo sabe Dios, pero si me descuido acabo sonando como Poli Díaz imitando a un teleñeco. Por eso , y porque el programa no es perfecto, se equivoca y transcribe mal las palabras. Es preferible hacer el dictado del tirón y luego ir corrigiendo (se puede hacer sin teclado también).
Haré la prueba, aprovechando la circunstancia de mi “atecladez” de dictarle al programa un post para vosotros. Lo dejaré tal cuál, y así lo subiré a la página. ¿Por qué? me preguntáis. Pues porque si os mola, conseguiréis el programa de manera completamente legal, lo instalaréis, y lo usaréis: sólo entonces os preguntaré para enterarme si soy el único gilipollas que no sabe qué hacer con las manos mientras escribe sin utilizarlas.
Esta tarde, los resultados de la analítica.
Hoy os traigo cuatro fotos sin ninguna relación más alla de ser molonas las cuatro:
Sombras:
Un disfraz de cómic (haced clic para ver más fotos del disfraz, furros):
Un niño gordo fotochopeao:
Un bichejo camuflado (haced clic otra vez para ver más fotos en las que se ve mejor al bichejo):
¿Dónde vais a encontrar fantasmas, niños gordos, lagartos y mujeres disfrazadas? Efectivamente, en la capilla del Zoo en la misa que hacen la noche de Halloween (y a la que los empleados pueden trar a sus familias), pero además de eso… ¿dónde? ¿DÓNDE? Pues claro, hijos. En el único blog en cuyas imágenes (robadas de otros sitios todas ellas, por supuesto) la ñoñería se abraza con la insensatez haciéndole guiños a la esquizofrenia sexy, de tal manera que os deja con el culo torcido, sin un mal comentario que se os ocurra.
Como veo que entráis pero que os cuesta escribir, y como buen tipo que soy, decido directamente recurrir al chantaje: si nadie escribe ningún comentario en esta entrada, la siguiente foto revelará un secreto vergonzante que destrozará para siempre la imágen de alguien que conozco personalmente.
Avisados quedáis: el que no se ha escondío, tiempo ha tenío.
El otro fui a ver a Elena, que estaba malita. Como estaba de aquella manera, le propuse leerle un cuento. Ella aceptó encantada y se hizo un ovillo. Cinco minutos más tarde le vi la cara de circunstancias y le dije:
- ¿Quieres que siga?
- Bueno… ¿no falta mucho, no?
Pues sí amigos, yo como un gilipollas estaba declamando un precioso cuento, y la aburrí un montón. Cuando aburres a alguien con fiebre que lleva todo el día sin ver a nadie, es el momento de replantearte si eres un puto coñazo. En mi caso, la respuesta corta a esa pregunta es “sí”, y la respuesta larga, “sí, y deja de pedir respuestas largas”.
Para que no me vuelva a pasar, estoy recopilando cuentos cortos. Hoy, buscando en una página llena de cuentos clásicos hindúes, he encontrado éste:
El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la Liberación y de aquellos que la alcanzan. Departieron durante horas. Por último, el discípulo le preguntó al maestro:
–¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?
El mentor tomó entre las suyas las manos del perplejo discípulo, y le explicó:
– Supón que tú estás durmiendo. Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas. Y la pregunta que yo te hago es: ¿Acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?
Perdonad que no haya escrito esta semana: Elena tiene un problemilla y estamos intentando ver cómo lo solucionamos juntos.
Hoy he encontrado esta foto de una despedida en una página rusa. Podéis hacer clic para agrandarla:
A partir de mañana se habrá solucionado el problema y podré venir con más movidas.
¡Da svidania!
Cuando era un niño mi padre me tenía prohibido acercarme a la colección de discos. Mi abuela le había estropeado unos cuantos, y siempre aprovechaba cuando estaba oyendo uno para hacer un listado de fastidios con sus discos.
Yo le tenía mucho miedo a mi padre de niño, así que solía respetar estos caprichos. Sin embargo no recuerdo cómo ni por qué, un día que estaba solo, decidí que si solo era un disco, nadie se enteraría. Intentando decidir qué disco iba a ser el que iba a coger, me latía rápido el corazón; tanto que casi no prestaba atención a las portadas. Había muchos discos ahí que había escuchado al ponerlos mi padre, pero una canción entre todas ellas resonaba en mi cabeza. Yo no podía decidir qué disco poner cuando mi padre pinchaba, claro, pero cuando le tocaba el turno al disco azul, sentía un hormigueo de promesas en la tripa. El disco era Breakfast in America de Supertramp, y la canción se llamaba igual.
Como si estuviese sujetando una hostia, cogí el disco como me enseñó mi tío, con todo el cuidado del mundo. Vi las marcas brillantes en el plástico negro: todo estaba en órden, y el órden era precioso. Lo puse en la pletina y le pasé un limpiador verde que tenía una esponjita de tela. Después de todo el ritual, puse la aguja con cuidado y me eché hacia atrás hasta quedar en medio del salón.
Las primeras notas de la canción me abrieron la cabeza; yo la había elegido, y yo la iba a bailar. Por lo visto “bailar” significaba para mí entonces imitar a los músicos que tocaban la canción. Sí, bailaba aún peor. Pero eso no importaba: estaba sonando un disco, lo había puesto yo, y lo había puesto para mí. El que se supusiese que yo no podía hacer eso sólo lo hacía más dulce. Durante el resto de mi infancia puse ese disco una y otra vez, y pasó a ser mi canción favorita durante toda mi infancia. Creo que eso la convierte en seria candidata a canción favorita de mi vida.
Siempre que me preguntaban cuál era mi canción favorita yo decía que era Breakfast in America, de Supertramp. Ningún niño la conocía, y por supuesto eso me gustaba aún más.
Nunca descubrieron el crimen, pero yo sigo recordando mi felicidad pequeña como yo de grande, y cómo me sentía tocando la trompeta (yo creía que era una trompeta la del solo, pero no me di cuenta de mi error hasta más tarde) bailando solo en mi casa, escuchando sin hartarme una canción cientos de veces, pensando en las chicas que me gustaban, y en cómo yo era un tipo maravilloso y lo que pasaría si yo les gustase también.
Me va a gustar volver a escuchar esta canción otra vez. Espero que a vosotros os apetezca también.
Damas y caballeros, directamente desde mi salón, Supertramp:
Hubo un hombre que a los treinta y siete años recibió una llamada de un periodista. El periodista le advertía de que acababa de hacer un descubrimiento asombroso sobre él. La mujer que el hombre conocía como su hermana, era en realidad su madre, y la que conocía como madre, su abuela.
Al principio no dió crédito, pero después averiguó que el rumor era completamente cierto. En una entrevista más tarde dijo que se encontró en estado de shock.
Lo que había pasado era que su “hermana” June le había tenido con diecisiete años fuera del matrimonio. Acordaron entre las dos hacer una farsa para que la niña no tuviese problemas, y esa farsa era el cambio de papeles, que tanto la madre real como la abuela real mantuvieron hasta sus muertes.
Lo más curioso es que conocéis a este personaje perfectamente. Yo sé que os jode leeros el texto para tener que enteraros, pero más me joden a mí las avispas, y cuando las tengo cerca me quedo quietecito y me aguanto.
La persona a la que le ocurrió esto no es otro que:

¡Sí! Jack Nicholson se enteró de esto mientras estaba promocionando “Chinatown”.
Aparece en su biografía, habla de ello en esta entrevista para Rolling Stone, y en este artículo en español.
Guinefort era el perro de un caballero francés en el siglo siguiente al doce.
Un día, el caballero salió dejando a Guinefort y a su hijo (todavía un bebé) en casa solos. Al volver, vió que el salón estaba revuelto, la cuna volcada y vacía, y el perro tenía la boca llena de sangre. El caballeró aterrorizado por pensar que su perro había matado al niño, cogió en el momento una espada y mató a Guinefort con ella. Antes siquiera de que pudiese a ponerse a buscar al niño, éste lloró. Le encontraron en un rincón, perfectamente a salvo, junto a los restos de una vibora que el bueno de Guinefort había matado a dentelladas para proteger al niño.
El caballero comprendió su tremendo error, y podéis imaginar cómo se sentía al darse cuenta de que había matado al perro que había salvado a su hijo de la muerte. Por eso mandó enterrar con honores a Guinefort, y mandó contruir un pequeño altar con piedras dedicado a su figura. Otras fuentes afirman que en realidad el caballero, avergonzado, tiró el cadaver a cualquier parte, y fueron los campesinos que conocieron la historia quienes construyeron el altar.
Sea como fuere, la historia corrió como la pólvora, y la gente comenzó a venerarle como un santo protector de los niños, San Guinefort, y se le atribuyeron numerosos milagros. Su culto persistió hasta 1930, pero por supuesto la iglesia dejó claro que no era un santo, puesto que los perros, por maravillosos que sean, no pueden serlo. En algunos sitios este argumento lo usan para atacar a la iglesia católica, lo creáis o no.
Santo o no, fue un buen perro:
La historia la tenéis en español en éste artículo por ejemplo, y en inglés en la Wikipedia.
Aprovecho la ocasión para recomendaros el blog de mi amiga Natalia, “La pezuña es bella“, en la que podéis ver una chica que no solo está apasionada por sus perros, sino que los saca a concursos y competiciones llevándoselo todo. Es pequeña, pero ya es una enciclopedia andante sobre los perros, está haciéndose ya un nimbre en el mundillo de los concursos caninos, y entre ella y Nuria constituyen las mejores dueñas que un bicho de cuatro patas puede tener. Eso sí, como os podéis imaginar, la niña da miedo, aunque en el mejor de los sentidos.
Si no sabéis cómo va esto de los concursos caninos, vais a aprenderlo en el blog.
¡Guau!
Mi amiga Natalia estuvo obsesionada de pequeña con la imágen de la bruja mala de Blancanieves, en la forma que toma cuando va a regalarle la manzana, en sus ojos. No sólo le daba miedo pensar en ellos; apuesto que cuando algo crujía justo detrás de una pared, la imágen de la mueca de la vieja le venía a la mente. Para superarlo le sugirieron que vendría bien que los dibujase. Ella pasa por el blog de vez en cuando y si le apetece, nos contará si funcionó o no.
El caso es que me acordé de ella porque mi prima Patricia está obsesionada con la misma bruja. Tiene dos años, y desde que vió la película, sin venir a cuento nos advierte que nosotros somos buenos, pero que la bruja es mala. Hizo con mis tíos una ruta por castillos de Francia y Suiza, y supongo que por entretenerla le hicieron ver que eran castillos de cuento. Supongo también que le impresionaron mucho. Deberíais ver la cara que pone cuando habla de la bruja mala. Ella es adorable,y es riquísimo que le tenga miedo a algo tan inocente como un dibujo animado de cuento antiguo. Sin embargo hay una frase que dice “no te rías del llanto de un niño, porque todos los dolores son iguales”. Con el miedo pasa lo mismo.
El caso es que yo recuerdo la obsesión terrorífica que, cuando era niño, me venía a visitar de noche cuando cerraba los ojos. Por más adorable que sea ver a un niño asustado de un personaje inocuo y malo-sin-ser-malo, no hay que olvidar que un niño no tiene ninguna conciencia sobre qué es o no peligroso de verdad, y que entre tantos algodones y colores pastel que nos hacían tragar, los retazos de la maldad de algunos personajes, su instinto asesino, nos impresionaban mucho más. Creo que es por eso que nos dan miedo los niños, las ancianas, los payasos y las monjas.
Yo tengo mi propio combustible para pesadillas. Es el personaje de “el cazaniños” (childcatcher) de Chitty Chitty Bang Bang.
Mis padres cogieron para mí esa película cuando yo era niño. Lo recuerdo como si lo estuviese viendo ahora. Yo estaba en medio de ellos dos, disfrutando como un enano (porque además sale Dick Van Dyke, que por alguna razón me caía genial). La historia era de una familia que reconstruye un coche destartalado y consiguen que sea mágico y les lleve a islas perdidas. En el viaje llegan a un sitio donde están prohibidos los niños. El rey se entera de que hay niños, y para matarlos llaman al cazaniños:
El cazaniños se baja de una carroza negra y dice “Huele a niño”. Mi padre mi miró cuando el personaje dijo esa frase, y se daría cuenta de que yo más o menos tenía esta cara:
Yo estaba completamente aterrorizado, y él se rió. Me dijo algo así como que “no pasaba nada” y que “era sólo un actor, una película”. Yo le dije que vale. Mi padre entonces comenzó a rebobinar la cinta; yo le pedí que no la pusiese. Mi madre le hizo ver a mi padre que yo estaba acojonado y agarrado a ella como si me fuese a caer al vacío, y que no era buena idea dejarme ver otra vez a aquél hombre. Mi padre actuó como cualquier padre responsable y compasivo: poniéndome la misma escena cuatro veces mientras se partía el ojete comprobando que cada vez me asustaba más hasta que acabé llorando.
Durante mucho tiempo ese hombre personalizó todo lo que me aterrorizaba del mundo. Bueno, tenía unas cuantas papeletas, y lo puedo demostrar: él es un asesino de niños, y en esta escena, para hacerles salir del escondite les promete chucherías, chocolate, helados… Sus ojos sin embargo dejaban claro que el tipo es un psicópata. Observad la cara que pone al 1:55 min. del video, cuando piensa “por fin les encontré”:
Antes de acabar debo advertir que el argumento lo recuerdo así, pero no estoy seguro de cuál es. ¿Adivináis por qué? Pues sí: no he querido volver a ver nunca esta película.
No hablé con nadie sobre el tema, y acabé superándolo sin hablar nunca de este personaje. Años más tarde me hizo gracia darme cuenta de que no era el único que se había fijado en él: Marilyn Manson sacó un disco con la frase “Huele a niño” y un vestuario que hacía clara referencia al cazaniños:
¿A vosotros qué personaje os provocaba un terror irracional?
La chica que se hacía llamar “Co|DNeSS” y que ya hace mucho tiempo que no pasa por aquí, me enseñó esta canción. Nada más oirla le dije que era una puta mierda. Luego me di cuenta de que la canción se me había alojado en la cabeza y ya no podía hacer nada, así que empecé a escucharla una y otra vez. Pronto tuve que reconocer que, aunque no entendiese por qué, la canción me gusta mucho. ¡Hasta pedí consejo a mis amigos para ver qué opinaban de la canción!
Vosotros me diréis qué os parece:
Mi madre (Isabel) cumplió cincuenta tacos el pasado viernes. ¡Qué santa mujer!No sé qué haría sin mi madre. Cualquiera que me conozca un poco sabrá que soy uno de esos que, si les sale un agujero en el calcetín, le hago un nudo en la punta. Por eso también es evidente que sin mi santa madre estaría a estas alturas carcomido por cualquier cosa y famélico. Además de eso, si la conociéseis, os caería genial. ¡Hacedme caso! En eso he tenido una suerte que no le envidio a nadie.
Como modesto homenaje a una mujer tan genial, comparto con vosotros su canción favorita. “La casa del sol naciente”, una canción tradicional en su versión favorita, la de Los Animals. Cada vez que mi padre cogía la guitarra, mi madre siempre insistía para que tocase esta canción. Por eso fue la primera canción que yo aprendí a tocar a la guitarra, aunque en mi caso más que versión era masacre.
¡Felicidades, madre!
No os engaño: seguro que estáis de acuerdo.
Hoy he leído un curioso artículo en el NYTimes: un abogado ha recopialado las últimas frases que los condenados a muerte pronunciaron justo antes de su ejecución, cuando se les da la oportunidad de decir algo. No son grandilocuentes, y algunas son bastante absurdas.
En las películas el guionista habría roído un buen rato el boli para dar con las palabras justas. Los ajusticiados, sin embargo, no tienen ningún papel escrito. Lo que dicen lo hacen sabiendo que nunca más pronunciarán nada, que están corriendo los segundos del último minuto de su vida, y que, cuando éste acabe, sus seres queridos les verán morir desde el otro lado de un cristal. Debe ser difícil pensar con tanta adrenalina.
Me ha parecido curioso leer el artículo, y os lo traigo traducido:
“[Las últimas noticias sobre ejecuciones] me hicieron recordar un archivo sobre las últimas palabras de los prisioneros ejecutados que encontré en la web del Dpto. de Justicia Criminal de Texas mientras investigaba sobre libertades condicionales. La entrada más antigua del archivo es del 7 de diciembre de 1982; la más reciente se añadió después de que Stephen Moody fuese ejecutado el jueves por inyección letal como castigo por un asesinato.
Lo que sigue son las frases anotadas de las últimas frases de los presos en Texas. Las frases, pronunciadas antes miembros de su familia, familiares de las víctimas, amigos y prensa, se presentan en órden cronológico:
¿Adelante?
Nada que pueda decir puede cambiar el pasado.
Me he quedado sin voz.
Me gustaría decir adiós.
Mi corazón está haciendo ba bumb ba bump ba bump.
¿Está el micro encendido?
No tengo nada que decir. Simplemente siento lo que hice.
Estoy nervioso y me es difícil concentrarme. A veces no sabes qué decir.
Tío, hay un montón de gente ahí.
He venido aquí hoy a morir, no a hacer discursos.
¿Dónde está la madre del Sr. Marino? ¿Recibió mi carta?
Quiero preguntar si me perdonáis de corazón. No tenéis por qué.
Me gustaría poder morir más de una vez para decirlos cómo de arrepentido estoy.
¿Podrías decirle por favor a esa señorita de ahí…?¿puedo verla? No me está mirando. Quiero que entienda algo, no me guarde rencor. Quiero que lo entienda. Por favor, perdóneme.
No creo que el mundo sea un lugar más seguro sin mí.
Lo siento.
Quiero decirle a mi madre que la quiero. La he causado tanto dolor, y a mi familia y eso. Me duele el hecho de que a ellos les va a doler.
Me lo tomo como un hombre
Preparad las maletas y encended el motor. Me voy a casa.
Pueden ejecutarme pero no pueden castigarme, porque no pueden ejecutar a un hombre inocente.
No podría soportar la perpetua.
Dije que iba a contar un chiste. La muerte me ha liberado. Ese es el mayor chiste.
Para mi dulce Claudia: te quiero.
Cathi, sabes que nunca quise hacerte daño.
Te quiero, Irene.
Decidle a mi hijo que le quiero.
Decidle a todo el mundo que me harté de pollo y chuletas de cerdo.
Agradezco la hospitalidad que vosotros, chicos, me habéis mostrado, y el respeto, y la última cena estaba realmente buena.
La razón por la que tardaron tanto es porque no podían encontrar una vena.
Ya sabéis cuánto odio las agujas… decidle a los chicos del corredor de la muerte que no llevo pañales.
Señor, elevo tu nombre a las alturas.
De Alá venimos y a Alá debemos volver.
Para todos los encarcelados: mantened la cabeza alta.
El corredor de la muerte está lleno de corazones solitarios y mentes borradas.
Se cometen errores, pero con Dios todas las cosas son posibles.
Soy responsable de que hayan perdido a su madre, su padre y su abuela.
Nunca quise que se los arrebatasen. Perdonadme por lo que hice.
No puedo deshacerlo.
Señor Jesús perdona mis pecados. Por favor perdóname por los pecados que puedo recordar.
Toda mi vida he estado encerrado.
Dadme mis derechos. Dadme mis derechos. Dadme mis derechos. Devolvedme mi vida.
Estoy cansado.
Me merezco esto.
Una vida por una vida.
Es mi hora. Es mi hora.
Estoy preparado, guardia.”
” No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo. “
Truman Capote – Desayuno en Tiffany’s














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